martes, 26 de diciembre de 2006

Impresión Repetida




La última mañana en la ciudad
amanece con luz marchita. Vengo
de habitar en la noche, voy al día
con sueño, con los ojos muy cansados.
Estas horas terribles en extrañas
cuidades aconsejan al viajero
que retorne al hogar, en donde el tiempo
no estraga tan temprano el corazón.


(F. Brines)

lunes, 25 de diciembre de 2006

25 diciembre 2006

(Tarde de verano en Elca)

Yo no era el mejor
para mirar la tarde,
pero me fue ofrecida;
y en mis ojos
se despertó el amor
sin gran merecimiento.
Y no fue necesaria una conciencia lúcida
ni una más clara inteligencia:
tú, que me lees
con un mayor espíritu.
Pero tampoco nadie
pudo estimar tanto
algún pequeño corazón
con un corazón tan pequeño.
Tú me comprendes con dificultad,
pero sabes también
que es suficiente mi dolor,
y por eso me lees.

(F. Brines)

domingo, 10 de diciembre de 2006

10 de diciembre de 2006





El visitante me abrazó, de nuevo
era la juventud que regresaba,
y se sentó conmigo. Un cansancio
venía de su boca, sus cabellos
traían polvo del camino, débil
luz en los ojos. Se contaba a sí mismo
las tristes cosas de su vida, casi
se repetía en él mi pobre vida.
Arropado en las sombras lo miraba.
La tarde abandonó la sala quieta
cuando partió. Me dije que fue grato
vivir con él (la juventud ya lejos),
que era una fiesta de alegría. Solo
volví a quedar cuando dejó la casa.

Vela el sillón la luna, y en la sala
se ven brillar los astros. Es un hombre
cansado de esperar, que tiene viejo
su torpe corazón, y que a los ojos
no le suben las lágrimas que siente.


(F. Brines)

viernes, 1 de diciembre de 2006

Narciso




Narciso no era bello ni hermoso.
Lo embriagó su propia pequeñez,
su rostro en el otro rostro.
No halló la paradoja,
la secreta lámpara,
los jaspes,
el centro de luz entre sus cejas.

No tuvo por dentro un auriga,
ni la espada para vencer al tigre,
ni bebió de la tórrida, altiva respiración de los dragones.

Lo hallé muerto,
como las flores remotas que desconocen su origen
y su aroma

El eco no lo pudo salvar
de la muerte
de la embriaguez,
de su oscura bastardía.


(Mía Gallegos)

jueves, 30 de noviembre de 2006

MI REBELIÓN


















Un día partí lejos.
Cuando mi padre se olvidó
que yo tenía senos.
Callé de golpe y dije adiós.
-Decir adiós es tener
pájaros feroces en las manos-.

Me fui hacia allá
donde todo es azul
y es torrencial y fresco:
la montaña.

Iba con mi arado silencioso
y un alto sueño de tambores
en las manos.

Inmensa,
conjugada con el viento,
recorriendo la cordillera
de mi vientre,
fresca como la santalucía
que nace libre
en los parajes.

Después ya nadie
me pronuncio en las clases,
ni en mi barrio
ni en mi casa.
Solo la leyenda
de mi valija al hombro,
con mi mochila de luz
creciendo arriba
de mi espalda.

Después,
ya nunca pregunto mi padre
si yo tenía lápida,
cruz
o alguna azucena dormida
entre los dedos.


(Mía Gallegos)

sábado, 25 de noviembre de 2006

HIJA DE LA TIERRA SOY




Hija la tierra soy. Amante de la muerte.
A menudo en mis sueños la verdad se revela por
completo.
Crecen mis manos y mis pies hasta enroscarse
en un enorme tronco.

Deja que sea yo quien te penetre. Aunque
sea por una sola vez.

Soy dueña tan solo de mis lágrimas.
No sé llorar por dentro.


(Mía Gallegos) 

EN MI HABITACIÓN TEJO EL VIENTO...





En mi habitación tejo el viento.
Ignoro si son remotas mis lágrimas
o si están guardadas al lado de amarillas
fotografías,
junto a dedales y agujas que sollozaron.

Cavilo uniendo las puntas de la aguja
con la lana.
Desatiendo la espera.
Tejo y olvido.

De pronto pierdo el punto
y un agujero se deshace sobre el sillón
y mis manos.
Quedo entrelazada toda
en un ovillo de amor y lumbre.

No sé
si tejo para esperarte
o si trazo en círculos
el viento
y mi mortaja.


(Mía Gallegos)

martes, 21 de noviembre de 2006

EL OJO DE LA AGUJA (21 de noviembre)

Al amor llegué con un grito de seda
y puse las dos mejillas,
el cuerpo y la conciencia.

Nada quedó de mí,
ni siquiera una carta,
ni siquiera un espejo en donde reconocerme.
Mas aprendí a pasar
por el ojo de la aguja,
es decir a perdonar sinceramente.
A dejar la piel en el alambre,
a dolerme desde los pies
a la cabeza.

Lo perdí todo.
Y cuando entendí que no sabía defenderme de la gente,
respondí con una bofetada de ternura,
porque yo sé
que sólo los dulces heredarán la tierra.


(Mía Gallegos)

viernes, 17 de noviembre de 2006

MERE ROAD



Todos los días pasan,
y yo los reconozco. Cuando la tarde se hace oscura,
con su calzado y ropa deportivos,
yo ya conozco a cada uno de ellos, mientras suben en grupos
o aislados,
en el ligero esfuerzo de la bicicleta.
y yo los reconozco, detrás de los cristales de mi cuarto.
Y nunca han vuelto su mirada a mí,
y soy como algún hombre que viviera perdido en una casa de
una extraña ciudad,
una ciudad lejana que nunca han conocido,
o alguien que, de existir, ya hubiera muerto
o todavía ha de nacer;
quiero decir, alguien que en realidad no existe.
Y ellos llenan mis ojos con su fugacidad,
y un día y otro día cavan en mi memoria este recuerdo
de ver cómo ellos llegan con esfuerzos, voces, risas, o
pensamientos silenciosos,
o amor acaso.
Y los miro cruzar delante de la casa que ahora enfrente
construyen
y hacia allí miran ellos,
comprobando cómo los muros crecen,
y adivinan la forma, y alzan sus comentarios cada vez,
y se les llena la mirada, por un solo momento, de la fugacidad de
la madera y de la piedra.

Cuando la vida, un día, derribe en el olvido sus jóvenes edades,
podrá alguno volver a recordar, con emoción, este suceso mínimo
de pasar por la calle montado en bicicleta, con esfuerzo ligero
y fresca voz.
Y de nuevo la casa se estará construyendo, y esperará el jardín a
que se acaban estos muros
para poder ser flor, aroma, primavera,
(y es posible que sienta ese misterio del peso de mis ojos,
de un ser que no existió,
que le mira, con el cansancio ardiente de quien vive,
pasar hacia los muros del colegio),
y al recordar el cuerpo que ahora sube
solo bajo la tarde,
feliz porque la brisa le mueve los cabellos,
ha cerrado los ojos
para verse pasar, con el cansancio ardiente de quien sabe
que aquella juventud
fue vida suya.
Y ahora lo mira, ajeno, cómo sube
feliz, encendiendo la brisa,
y ha sentido tan fría soledad
que ha llevado la mano hasta su pecho,
hacia el hueco profundo de una sombra.

(Francisco Brines)

jueves, 16 de noviembre de 2006

Aceptación



Saliste a la terraza
pensando que la brisa de la noche
podría devolverte al que eres siempre.
Mas la tibieza que en tu cuarto había
era un ámbito ,allí, bajo la calma
de alejadas estrellas.
Olvidar pretendías unas horas
todavía recientes, la penumbra
que acercaba el latido de los dos,
y tus palabras qué serenas eran
como si a nadie las dijeses. Viste
la emoción de su rostro, su contorno
quemarse de belleza;
y esas mismas palabras te llenaban
de dolor y de sombra.
De nada te sirvió, cuando quedaste
solo, cegar la luz,
hacer brotar desde un rincón la música,
fortalecer tu fe con su joven pureza.
Sobre tu frente se rompían olas
gigantes: el calor
detenido del día,
el naufragio de un hombre que entregaba
la pasión de su vida en el espectro
doliente de la música (aún
como si la esperanza le alentase),
y te ardía el espíritu
porque sentías declinar tu vida.
Para ser el que fuiste
sales a la terraza, para ver
si un frío súbito derriba pronto
la plenitud del corazón. Tocas
el aire oscuro con los labios, oyes
los gritos fatigados de la calle,
la luminosa altura te estremece.
El tiempo va pasando, no retorna
nada de lo vivido;
el dolor, la alegría, se confunden
con la débil memoria,
después en el olvido son cegados.
y al dolor agradeces
que se desborde de tu frágil pecho
la firme aceptación de la existencia.

(Francisco Brines)

lunes, 13 de noviembre de 2006

SOCIEDAD DE CONSUMO

Caminamos de la mano por el supermercado
entre las filas de cereales y detergentes

Avanzamos de estante en estante
hasta llegar a los tarros de conserva

Examinamos el nuevo producto
anunciado por la televisión

Y de pronto nos miramos a los ojos
y nos sumimos uno en el otro

y nos consumimos

(Oscar Hahn)


jueves, 9 de noviembre de 2006




Hoy he descubierto la belleza
de ser yo misma.
-no,
no fue así;
me lo enseñaste-

Pero al hacerme mujer
al mostrarme que los seres
son tan libres

Comprendí
que libre-yo
y libre-tú
podamos tomarnos de la mano
y realizar la unión sin anularnos.

Por eso me apretujo dentro de mí misma
hasta salir las lágrimas
y en el pelo
se me prende
el sabor salado del olvido.

Algún imbécil dijo
que el poeta es la clave del mundo.

¡Mentira!
A mi sólo me queda encogerme hacia dentro
y esperar
ciegamente
un sonido, una expresión cualquiera
y que alguien
donde quiera que esté


(Ana María Rodas)emita una señal diciéndome que existo.

miércoles, 13 de septiembre de 2006

...

Hasta las narices de que mi vida dependa de lo que los demás quieran o tengan que hacer...
Pero esto se va a acabar

sábado, 19 de agosto de 2006

19 de agosto de 2006

Es triste ver que no le importas en absoluto a las personas que se supone más deberían quererte, pero es aún más triste ver que tampoco les importan tus hijos, que son sus respectivos nietos, sobrinos, primos, etc...
¿qué hacer ante algo así?
Si conocéis la respuesta os agradecería que la compartierais conmigo, porque lo único que se me ocurre es echarme en la cama a dormir para no pensar, desgraciadamente no puedo dormir 24 horas al día, y pienso, y me deprimo, y siento angustia...

Ayudadme si es que a vosotros todavía os importo un poco.

miércoles, 16 de agosto de 2006

16 de agosto

Ha amanecido otoño en los cristales,
y yo te echo de menos.

El cielo, presintiéndolo, se ha desbordado en millones de lágrimas que bañan el asfalto,
Adoro estos días grises que huelen a infancia en la calle.

domingo, 4 de junio de 2006

4 de junio

No pude abrir los ojos.
Sentí el ligero roce de una mano sobre mi brazo derecho, y una voz que me susurraba:
¿Quieres ver el trigo ardiendo
mientras la voz de la tarde derriba las montañas?


Abrí la boca para negarme, me agité en el suelo,
todo fue inútil: Había decidido por mí.

miércoles, 12 de abril de 2006

Sola ante el teclado

Sola ante el teclado. Todo el mundo dice que sea sincera con ellos, que prefieren una verdad dolorosa a una mentira que evite el sufrimiento (suele ser por breves períodos de tiempo), y ahora yo os pregunto: ¿Realmente es eso lo que deseais? ¿Queréis oir la verdad?, ¿Mi verdad?
Bien, entonces: ¿por qué una vez pronunciadas las palabras os desplomáis como torres de naipes? No entiendo, creo que todos decimos lo mismo de forma automática, sin asumir las consecuencias. ¿Estamos preparados para escuchar esa verdad? Sinceramente, creo que en la mayoría de los casos no, y no es muy difícil darse cuenta de ello, sólo hay que echar un vistazo a las pequeñas cosas cotidianas. Vivimos en un mundo adornado hasta límites insospechados, hemos asumido que esa es la verdad, ¿Lo es?. Todos sabemos la respuesta, pero el temor nos hace engañarnos.
Bien, ante todo una cosa más, seas quien seas, lector, no me mientas: Quiero escuchar tu verdad.

jueves, 6 de abril de 2006


De nuevo he visto las palabras huyendo calle abajo.
Me encantaría ser una imagen en blanco y negro, con una mirada brillante pero lejana, casi inalcanzable. Apoyar los codos sobre la mesa y observar todo lo que me rodea, sin preocuparme por nada más.
No trato de detener el tiempo, he asumido que no puede ser, me limito a aceptarlo y sentir cómo pasa, sin dejar escapar un sólo instante entre los dedos. Quiero verlo, ver cómo se desliza sobre los rostros de la gente que comparte asiento conmigo en este bar, abrir los ojos y que la luz no me ciegue. Adelante, hoy puedes mirarme, no voy a apartar la vista.

lunes, 3 de abril de 2006

Ahora

Te obedezco
porque me gustaría ser buena

Yo

Ellos pueden darme todo lo que quieran, yo puedo tomar todo lo que ellos me den, pero también puedo desaparecer, envuelta en una niebla, en un arcoiris de pastillas, y flotar, y flotar...
A veces me gustaría volver a perder pie, encerrarme en los abismos de mi mente, tapiados por ese mundo de psicoterapias... Necesito un pico y una pala, quiero cavar, cavar, cavar, hundirme en mis escombros, volver a ser yo.

Pensar, Sentir

Si pudiera escribir la millonésima parte de lo que pienso...

Loch Ness

Adoro pasar las horas con él sentada en aquel bar, medio en penumbra, adivinando su gesto. La cerveza se consume ligeramente en su copa, las palabras se suceden, las miradas se cruzan, aparto la vista, me miro los zapatos, me sonrojo, hago una mueca extraña.
La música suena de fondo, no muy alta, le confiere un ambiente cercano y tierno, te sientes protegida en ese lugar, como en tu casa, allí todo es diferente, no te miran, no hablan de ti, no existe el tiempo.
Las mesas son perfectas para sentarse durante horas a leer o escribir un libro, pero eso se reserva para los momentos de soledad. Esa luz sin luz...
Ni siquiera la gente se comporta igual en ese lugar, el tono de voz nunca se eleva demasiado, la gente parece conocer ese pacto con el silencio...
Cuando se despista le miro de reojo, creo que lo sabe: últimamente está más despistado de lo normal.

domingo, 2 de abril de 2006

El comienzo

Sola ante el piano. Al principio mis dedos tiemblan.
La voz va surgiendo, rota, insegura, perfecta. Si alguien me escuchara en ese mismo instante, se fragmentaría en un llanto eterno, pero sin que la ternura abandone jamás su mirada...