miércoles, 12 de abril de 2006

Sola ante el teclado

Sola ante el teclado. Todo el mundo dice que sea sincera con ellos, que prefieren una verdad dolorosa a una mentira que evite el sufrimiento (suele ser por breves períodos de tiempo), y ahora yo os pregunto: ¿Realmente es eso lo que deseais? ¿Queréis oir la verdad?, ¿Mi verdad?
Bien, entonces: ¿por qué una vez pronunciadas las palabras os desplomáis como torres de naipes? No entiendo, creo que todos decimos lo mismo de forma automática, sin asumir las consecuencias. ¿Estamos preparados para escuchar esa verdad? Sinceramente, creo que en la mayoría de los casos no, y no es muy difícil darse cuenta de ello, sólo hay que echar un vistazo a las pequeñas cosas cotidianas. Vivimos en un mundo adornado hasta límites insospechados, hemos asumido que esa es la verdad, ¿Lo es?. Todos sabemos la respuesta, pero el temor nos hace engañarnos.
Bien, ante todo una cosa más, seas quien seas, lector, no me mientas: Quiero escuchar tu verdad.

jueves, 6 de abril de 2006


De nuevo he visto las palabras huyendo calle abajo.
Me encantaría ser una imagen en blanco y negro, con una mirada brillante pero lejana, casi inalcanzable. Apoyar los codos sobre la mesa y observar todo lo que me rodea, sin preocuparme por nada más.
No trato de detener el tiempo, he asumido que no puede ser, me limito a aceptarlo y sentir cómo pasa, sin dejar escapar un sólo instante entre los dedos. Quiero verlo, ver cómo se desliza sobre los rostros de la gente que comparte asiento conmigo en este bar, abrir los ojos y que la luz no me ciegue. Adelante, hoy puedes mirarme, no voy a apartar la vista.

lunes, 3 de abril de 2006

Ahora

Te obedezco
porque me gustaría ser buena

Yo

Ellos pueden darme todo lo que quieran, yo puedo tomar todo lo que ellos me den, pero también puedo desaparecer, envuelta en una niebla, en un arcoiris de pastillas, y flotar, y flotar...
A veces me gustaría volver a perder pie, encerrarme en los abismos de mi mente, tapiados por ese mundo de psicoterapias... Necesito un pico y una pala, quiero cavar, cavar, cavar, hundirme en mis escombros, volver a ser yo.

Pensar, Sentir

Si pudiera escribir la millonésima parte de lo que pienso...

Loch Ness

Adoro pasar las horas con él sentada en aquel bar, medio en penumbra, adivinando su gesto. La cerveza se consume ligeramente en su copa, las palabras se suceden, las miradas se cruzan, aparto la vista, me miro los zapatos, me sonrojo, hago una mueca extraña.
La música suena de fondo, no muy alta, le confiere un ambiente cercano y tierno, te sientes protegida en ese lugar, como en tu casa, allí todo es diferente, no te miran, no hablan de ti, no existe el tiempo.
Las mesas son perfectas para sentarse durante horas a leer o escribir un libro, pero eso se reserva para los momentos de soledad. Esa luz sin luz...
Ni siquiera la gente se comporta igual en ese lugar, el tono de voz nunca se eleva demasiado, la gente parece conocer ese pacto con el silencio...
Cuando se despista le miro de reojo, creo que lo sabe: últimamente está más despistado de lo normal.

domingo, 2 de abril de 2006

El comienzo

Sola ante el piano. Al principio mis dedos tiemblan.
La voz va surgiendo, rota, insegura, perfecta. Si alguien me escuchara en ese mismo instante, se fragmentaría en un llanto eterno, pero sin que la ternura abandone jamás su mirada...