lunes, 3 de abril de 2006

Loch Ness

Adoro pasar las horas con él sentada en aquel bar, medio en penumbra, adivinando su gesto. La cerveza se consume ligeramente en su copa, las palabras se suceden, las miradas se cruzan, aparto la vista, me miro los zapatos, me sonrojo, hago una mueca extraña.
La música suena de fondo, no muy alta, le confiere un ambiente cercano y tierno, te sientes protegida en ese lugar, como en tu casa, allí todo es diferente, no te miran, no hablan de ti, no existe el tiempo.
Las mesas son perfectas para sentarse durante horas a leer o escribir un libro, pero eso se reserva para los momentos de soledad. Esa luz sin luz...
Ni siquiera la gente se comporta igual en ese lugar, el tono de voz nunca se eleva demasiado, la gente parece conocer ese pacto con el silencio...
Cuando se despista le miro de reojo, creo que lo sabe: últimamente está más despistado de lo normal.

1 comentario:

luneracascabelera dijo...

Me gusta ver que hay más personas embrujadas por ese bar, no voy a decir porqué pero para mi es un lugar muy especial...