miércoles, 12 de abril de 2006

Sola ante el teclado

Sola ante el teclado. Todo el mundo dice que sea sincera con ellos, que prefieren una verdad dolorosa a una mentira que evite el sufrimiento (suele ser por breves períodos de tiempo), y ahora yo os pregunto: ¿Realmente es eso lo que deseais? ¿Queréis oir la verdad?, ¿Mi verdad?
Bien, entonces: ¿por qué una vez pronunciadas las palabras os desplomáis como torres de naipes? No entiendo, creo que todos decimos lo mismo de forma automática, sin asumir las consecuencias. ¿Estamos preparados para escuchar esa verdad? Sinceramente, creo que en la mayoría de los casos no, y no es muy difícil darse cuenta de ello, sólo hay que echar un vistazo a las pequeñas cosas cotidianas. Vivimos en un mundo adornado hasta límites insospechados, hemos asumido que esa es la verdad, ¿Lo es?. Todos sabemos la respuesta, pero el temor nos hace engañarnos.
Bien, ante todo una cosa más, seas quien seas, lector, no me mientas: Quiero escuchar tu verdad.

6 comentarios:

Nendili dijo...

intentemos seguir aquello de que la verdad nos hará libres... aunque la verdad duela, duele más vivir engañado

¿El secreto para ir con la verdad por delante aunque duela? Pues, que no hay secreto :-)

(http://duna.blogia.com/)

R.Chao dijo...

Verdad sólo hay una en el Universo. Según nuestros parámetros mentales, es cruel. Es doloroso aceptarla, pero una vez que lo haces, y si no te quedas anonadado por el dolor, todo es más fácil...

Silvia dijo...

Es cierto. La verdad es que nos hemos acostumbrado a mentir, a interpretar un papel en este gran teatro que es la vida.
Ciertamente somos cobardes. Muchas veces mentimos por miedo (a no ser aceptados,a mostrarnos como somos, a que nos conozcan, a que nos dejen... en una palabra; miedo a sufrir). Muchas veces nos creemos nuestra propia farsa y por ello, como tú dices, nos derrumbamos como castillos de naipes.
La sinceridad es un valor que está en peligro de extinción hoy en día, pues esta sociedad crea mentirosos.
Yo, que trabajo con niños pequeños, me doy cuenta de lo puros y sinceros que son y de como cuando avanzan su andadura en primaria van cambiando y se convierten en mentirosos.
Reconozco, siendo totalmente sincera, que alguna vez, por mi timidez o inseguridad, me he escondido debajo de un disfraz que no me correspondía. Analizándolo me doy cuenta de que tengo un miedo terrible a ser herida o no aceptada.
Pero me ha resultado muchísimo más dificil ser sincera con la gente, porque como tú dices o se derrumban o se enfadan cuando les dices la verdad, por ello me he convertido en una persona tremendamente diplomática con la gente que no conozco bien.
Los niños me han cambiado para bien; de ellos he aprendido a ser más sincera y natural. Todavía nos queda mucho que aprender de los peques a los mayores.
Te felicito por este post que ha logrado sincerarme conmigo misma y recapacitar.
Un abrazo.

Luismi dijo...

¿Realmente quieres escuchar mi verdad? Podría mentirte, ciertamente, pues juego con ventaja.

Podría decirte que amo a la vida más que a nada, que vivo feliz y sonrío al amanecer cada mañana. Que creo en lo que vivo y vivo lo que creo.

Podría hacerlo pero, ¿para qué mentir? No creo en nada...

Para qué sincerarse cuando lo que tu cabeza esconde no tiene forma definida...

TEE7H1NG dijo...

Hola "Epica"!!! :D

He visto en una de las actualizaciones de tu esflog que también tenías un blog, y aquí estoy! ;)

Y... bueno, yo siempre he sido de los que prefieren la verdad, por cruda que sea. Sí es cierto que con algunas verdades puedes llegar a desplomarte, pueden atravesarte el alma de lado a lado, pero te sientes mejor al recibir una verdad así que al conocer una mentira... la mentira provoca un dolor más ácido, más irónico, te deja sensación de ridículo, de rabia e injusticia... la verdad, siempre la verdad... la verdad o la ignorancia, pero nunca la mentira! ;)


Besos!*

FMOP dijo...

La verdad siempre está oculta porque nadie la conoce.

http://elsexodelasmoscas.bitacoras.com