domingo, 4 de junio de 2006

4 de junio

No pude abrir los ojos.
Sentí el ligero roce de una mano sobre mi brazo derecho, y una voz que me susurraba:
¿Quieres ver el trigo ardiendo
mientras la voz de la tarde derriba las montañas?


Abrí la boca para negarme, me agité en el suelo,
todo fue inútil: Había decidido por mí.

2 comentarios:

Silvia dijo...

Hola Drenched:
qué bien que hayas vuelto a escribir, se te echaba de menos.
Un abrazo

FMOP dijo...

Quién decide el destino del azar.