jueves, 29 de noviembre de 2007

Reflexiones de Ícaro

Son de cera mis alas
pero vuelo
y seguiré volando
aunque el sol las derrita
y me desplome.
No quisiera ser rey
de tierras desoladas
sin árboles
sin ríos
sin manos que abran puertas.
A través de sus lágrimas
me contempla mi padre
quizá me llamen loco
temerario
poeta
mas seguiré volando
alzándome hacia el sol
estoy llorando ahora
no quiero ver más cuervos
ni escuchar sus graznidos
se está encogiendo el mar
se borra el horizonte
me acerca
estoy llegando
las nubes son mi tumba.


(Claribel Alegría)

sábado, 24 de noviembre de 2007

Hermes

Te llevo prisionero
en mi anillo
tus sandalias aladas
me arrebatan
eres lira en mis manos
luz de sombra
buceo en mis abismos
con tu luz
y encuentro desiertos
sirenas extraviadas
que sollozan
pero hay también infancia
crepúsculos con playas.
Vas marcando mis pasos
escribo enfebrecida
buceo en el pasado
en el presente
y pierdo el equilibrio
y caigo
y caigo.
No me hagas profecías
no las quiero
no quiero que se anclen
mis sentidos.
Necesito tu hoz
para cortar instantes
para talar cosas imposibles:
alfabetos
y músicas
y sueños
y hacerlos brillar
en mi penumbra.
Te llevo prisionero
en un anillo
pero eres tú
quien me fustiga.

(Claribel Alegría)

domingo, 18 de noviembre de 2007

En este caso: A mi padre

Dicen que la muerte es solitaria
que nos morimos solos
aunque estemos rodeados de aquellos que nos aman
pero tú me llamaste
y yo no estuve:
no te cerré los ojos
no te besé la frente
no te ayudé a pasar
al otro lado
estuve lejos
lejos de ti que me alumbraste
me nutriste
educaste mis alas.
No cumplí con el rito
estuve lejos
lejos
y ese es el sollozo que me arrebata en olas
en cúpulas
en grutas
y no puede salir
y me persigue en sueños
y me ahoga.
Perdóname, libérame
necesito aullar
batir tambores
un golpe en la cerviz
un estallido
para arrancar de cuajo este sollozo
y no invocarte más
en desolados
versos.

(Claribel Alegría)

viernes, 16 de noviembre de 2007

Artemisa

Eres la triple diosa
la triple diosa luna
que engendra en mí
visiones.
Disparas desde lejos
y asciendo
y desciendo
me llevas de la luz
a las tinieblas
y otra vez a la luz
y al terror.
Eres la madre buena
la de múltiples pechos
que nutre todo lo que vive
la virgen cazadora
queriendo atravesar el horizonte
la voraz taladora
la fuerza que me arrastra
y me transforma.
Nuestro vuelo es nocturno
y volamos
volamos
Artemisa
y yo bebo tu leche
y cruzamos galaxias
y amamanto serpientes
en mi vuelo
y acuno a la muerte
entre mis pechos
y la muerte está viva
resplandece
y sigo el vuelo de tu flecha
y te pierdo
Artemisa
y desciendo al abismo
y en la muerte se encoge
y se me vuelve momia
y estoy aquí de nuevo
con los ojos abiertos
vieron su oscuridad
en las estrellas
y no quieren cerrarse
y hay en ellos tierra
y hay polvo estelar.
Ayúdame
Artemisa
los párpados me pesan:
una canción de cuna
o tu certera flecha.

(Claribel Alegría)

miércoles, 14 de noviembre de 2007

Aferrada

Aferrada a tu luz
atravieso mi tiempo
ha habido y habrá
inesperados vientos
huracanes
tormentas
y sequías,
pero sé desde siempre
que tú me sostendrás.


(Claribel Alegría)

domingo, 11 de noviembre de 2007

No estoy sola



No estoy sola
ni lo estaré jamás
me acompaña tu ausencia.


(Claribel Alegría)

miércoles, 7 de noviembre de 2007

Hoy que estoy triste como tantos otros días (7 de noviembre de 2007)

Estás vivo en mi pecho
y sólo yo te siento.
Eres el alquimista
que transforma en poesía
nuestro llanto.

(Claribel Alegría)

martes, 30 de octubre de 2007

Salí a buscarte

Salí a buscarte
atravesé valles
y montañas
surqué mares lejanos
le pregunté a las nubes
y al viento
inútil todo
inútil
dentro de mí estabas.

(Claribel Alegría)

domingo, 7 de octubre de 2007

Silencio

"En un tiempo deseé saber hablar cosas triviales como hacían los demás en las conversaciones y no quedarme al margen de ellas. Ahora que aprendí tantas cuestiones banales prefiero guardar silencio."
(Francisco M. Ortega Palomares)

jueves, 4 de octubre de 2007

4 de octubre de 2007


Mi padre enfermo de sueños
en el asfalto incandescente de cien mil mediodías caminados
bajo el sol en vertical
perdió sus pies
y apoyado en sus rodillas sigue buscando
el camino de vuelta a casa.
Mi padre sueña,
rendido por el cansancio,
que vuelve a su tierra y planta sus piernas y le crecen pies jóvenes
y la savia de su tierra negra le alivia el dolor de las arrugas
y resucita sus cabellos muertos.
Luego despierta en un piso alquilado a la ciudad de los huracanes de la miseria
y blasfema y maldice y no tiene amigos.

Escondido en la noche
papá llora por las certezas que lo defraudaron.
Del otro lado de su piel
mamá llora por mamá
mamá llora por su casa que ya no habita
y por paz y reposo y risa.

Papá y mamá lloran
cada uno a espaldas del otro en la cama
en el más crudo estruendoso hermoso silencio
que modula en frecuencias infrahumanas
sonidos que se articulan como palabras:
"Si aquí no están mis sueños
cómo puedo dormir aquí"
Y que sólo yo escucho
con la cabeza enterrada en la almohada.

Concebida de la nostalgia
nací con lágrimas en el sexo, con tierra en los ojos, con sangre en la cabeza.
No soy lo que soñaron
como tampoco lo son sus vidas.

(Miriam Reyes)

martes, 28 de agosto de 2007

Lluevo

(28 de agosto de 2007: Te echo de menos cielo)

Lluevo en esta ciudad
envuelto en frío, en aguacero, en noche,
y cuanto toco queda convertido
en una calle solitaria y triste
hecha de casas muertas, y en farolas
de cuyo resplandor nacieran ruinas
y a millones las cruces.
Lluevo sin tregua en todos los rincones,
sobre puertas cerradas y en abiertas
alcantarillas ciegas que se llevan
hasta el mar las estrellas.
Mi corazón es charco y cuando anclan
en él las negras nubes
no pueden ser más náufragas,
y con sólo morirme me confundo
en un luto de pájaros.
Lluevo sobre las ramas
desnudas de los árboles y lluevo
dormido sobre el banco de ese parque
constelado de sueños que mendigan
a las sombras que pasan,
por la mucha tristeza de las cosas
que se acaban.
Y a manos llenas lluevo en el cristal
de la fosca ventana de mi estudio,
y las gotas que lluvian
mi corazón por dentro
son las mismas que bajan y resbalan
trazando bellos signos
que podría leer, si no tuviera
en los ojos mi lluvia tantas lágrimas.

(Andrés Trapiello)

lunes, 27 de agosto de 2007

GORRIÓN

Nadie pudo escribir con mejor letra
que el pájaro en la nieve esta mañana.
Yo me llamo gorrión y te lo digo
en trazos cuneiformes sin temor
a que lo lean otros. Sólo el sol,
y nada más que el sol, podrá borrarlo.

Andrés Trapiello

domingo, 12 de agosto de 2007

[1]

Tú vives siempre en tus actos.
Con la punta de tus dedos
pulsas el mundo, le arrancas
auroras, triunfos, colores,
alegrías: es tu música.
La vida es lo que tú tocas.

De tus ojos, sólo de ellos,
sale la luz que te guía
los pasos. Andas
por lo que ves. Nada más.

Y si una duda te hace
señas a diez mil kilómetros,
lo dejas todo, te arrojas
sobre proas, sobre alas,
estás ya allí; con los besos,
con los dientes la desgarras:
ya no es duda.
Tú nunca puedes dudar.

Porque has vuelto los misterios
del revés. Y tus enigmas,
lo que nunca entenderás ,
son esas cosas tan claras:
la arena donde te tiendes,
la marcha de tu reloj
y el tierno cuerpo rosado
que te encuentras en tu espejo
cada día al despertar,
y es el tuyo. Los prodigios
que están descifrados ya.

Y nunca te equivocaste,
más que una vez, una noche
que te encaprichó una sombra
- la única que te ha gustado-.
Una sombra parecía.
Y la quisiste abrazar.
Y era yo.
(Pedro Salinas)

sábado, 4 de agosto de 2007

El Río


Para mí qué encanto tiene un río
con barcas en la orilla.
Estarse junto al agua y ver correr
voluptuosas nubes en su ancho caudal.
Hacerse un sitio allí, en la maleza
azulada, un hueco donde ver
cómo es cosa de poco nuestra vida
y no ser vistos. Y mirar las barcas
tensando y destensando
un cuerda de esparto en la verde
corriente, con el agua de la lluvia
pudriéndose en sus tablas. Esperar
la tormenta y contemplar el cielo
vagabundo y morado. Oír el ruido
de gotas en el río, sus castillos
como timbales delicados.
Y pensar, si se puede,
en quien amamos mucho
o si entonces no amamos, no pensar,
no pensar, no pensar.
Y volver nuestros ojos
a ese mudo transcurso, y vacíos
quedar sin que sepamos
cuánto tiene de sueño
el frío y el dolor
y esas barcas sin gente
chocando unas con otras
o si podremos despertar un día.

(Andrés Trapiello)

miércoles, 25 de julio de 2007

La carta




He encontrado la casa
donde te llevaré a vivir. Es grande,

como las casas viejas. Tiene altos

los techos y en el suelo,

de tarima de enebro, duerme siempre

un rumor de hojas secas

que los pasos avivan. A los ocres

de las paredes nada ya parece
retenerles aquí. Igual que frágiles

pétalos, largo tiempo olvidados

en un libro, amarillean todos.

Entre rejas, trenzado,

un rosal sin podar.
En el jardín pequeño, una fuente

y un fauno. Y me dicen

que también unos mirlos.

Cuando en los meses fríos del otoño,

al escuchar sus silbos

cobren la vida tus ojos, en el verde

del agua miraré contigo

cómo mueren los días.

Cómo se vuelve polvo en esos muebles

oscuros tu silencio

que azotará la lluvia

allí donde te encuentres.

(Andrés Trapiello)

miércoles, 11 de julio de 2007

Fragmento


...Cuando volvía,
los versos se estrellaron contra el suelo,
y la sangre brotó de cada letra;
me llamaste asesino,¿cómo no serlo?
Los poetas, decía mi sabio Amigo,
no servimos para enamorarnos.
Y sin embargo nadie es poeta sin haberlo estado alguna vez.

(Enar Marie Fianna)

martes, 3 de julio de 2007

Mi presencia ausente

Me miro en un espejo que no refleja nada porque hace tiempo se lo llevaron. Ahora tengo la pared frente a mí y pienso en todos mis rostros reflejados que se fueron con él, impresos en su memoria, tras el cristal y sobre la emulsión de estaño.

Por lo menos quedé yo, y mi sombra.

(Pablo Paniagua)

viernes, 29 de junio de 2007

Fragmento

"Sin duda, esta opinión no contará con la aquiescencia ni de los estudiosos conservadores ni de los que se consideran revolucionarios. Ambos grupos están afectados por igual de un temible fervor y un engreimiento relamido que les impide ver que el mundo no está pendiente de sus palabras."

Nigel Barley "El antropólogo inocente"

miércoles, 13 de junio de 2007

Número Seis





Me besa, me desnuda, hace de mí lo que quiere
estoy borracha, todo me da vueltas, tengo que ir
al baño dos veces para no vomitarle encima

se marcha temprano a toda prisa, no hay despedida
nota justificativa o teléfono de contacto, sólo dudas
todos los hombres son príncipes a las cinco de la mañana

todas las putas son tú cuando despiertas y no hay nadie.


( Pablo. G. Casado)

martes, 12 de junio de 2007

Ecos de una sombra




“Él marcha solo, infatigable,
encarcelado en su infinito, como un fantasma que buscara un cuerpo”

lunes, 11 de junio de 2007

febrero de 1974


-“Nick, estás teniendo problemas con las palabras...” –“Si, no puedo pensar en palabras. No siento ninguna emoción respecto de nada. No quiero reír ni llorar. Estoy insensible, muerto por dentro”.


martes, 5 de junio de 2007

Dificultades

"Debes saber que esto también pasará"




Ayer volví a bloquearme, no sé qué me ha pasado. No era capaz de hacer que mis músculos obedecieran a mi cerebro. Espero no enfermar otra vez.

miércoles, 30 de mayo de 2007

5 de junio de 2004

Papá, no te olvido.
No olvido la tarde en que subí a tu casa a verte, era viernes, te llevábamos la compra: naranjas para hacer el zumo que tanto te gustaba, jamón, cecina... Estabas alegre, o al menos lo parecías. Recuerdo que ese día te dije: papá, voy a estudiar enfermería para cuidarte. Tú te medio reíste con un aire de incredulidad. Nos fuimos, seguimos con nuestras vidas.
5 horas más tarde estabas muerto. Sigo sin entenderlo papá. Nunca te dije Te quiero.




Una noche mis padres
se hicieron de pronto viejos.
En un abrir de amanecer
todo el tiempo del mundo
se les vino de golpe
y sólo el viento negro
irrumpió en aquel templo
que era el cuerpo menudo de mi padre;
desordenó su corazón,
desbarató el altar sencillo de su rostro
y fue desordenándolo todo
tan despacio,
con una crueldad innecesaria.

En sus últimos días
tendía con angustia
la mano al infinito,
a quién sabe qué ángel
que le aguardaba dónde
mientras la muerte,
sin prisa,
lo iba poseyendo.

(Andrés Aberasturi)

viernes, 23 de febrero de 2007

BRINDIS

Pongamos por ejemplo
que hoy es jueves.
Que un sol de plomo
cae tras los cristales
y recuerdo
tu mano en día de lluvia.
Digamos que estoy sola
y te deseo.
Que no hallo el escenario
donde acoplar tu imagen
con mi aliento.

Bebamos y brindemos
por la triste ironía
de estar vivos
y no poder amarnos.


(María Rosal)

domingo, 11 de febrero de 2007

A mano armada

Supón que me presento
cualquier día en tu casa.
Que digo: "Hasta aquí hemos llegado"
que cierro las ventanas,
apago las cortinas,
los libros, los periódicos.

Supón que me presento
cuando menos lo esperas.
Ya puedo disfrutar
tu mirada de asombro,
el lecho abandonado,
los sentidos alerta.

Supón que te desnudo
con besos y sonrisas,
conjuro tus fantasmas,
asalto tu desvelo,
amanezco en tu sombra,
y me marcho,
y me juras
-dentro de un orden, claro-
fidelidad eterna.


(María Rosal)

sábado, 10 de febrero de 2007

10 febrero de 2007

Hay un camino anónimo, trivial, en las mañanas laborales, y de esa rutina se llenan las huellas que nos rescatan del sueño, como si en las primeras horas de cada día fuese más imposible que nunca el desvío que pudiera trastocar nuestra existencia, por mucho que en ese camino se acumulen las primeras fantasías o se sienta con mayor intensidad el vacío que promueven las secretas frustaciones.

Alguien dijo que es a esa primera hora cuando viajamos de la nada a la pobreza de lo que de veras somos, cuando se emprende el esfuerzo de salir a flote en la más extrema soledad.

Un camino tan anodino como crucial, que es el que nos recobra para que poco a poco podamos adueñarnos de nosotros mismos...

(Luis Mateo Díez)

10 febrero de 2007

Dejó el portafolio, se quitó la corbata, refrescó la cara y todavía en la imagen del espejo, la nariz más afilada y la oscuridad de la barba que adelgazaba el rostro como si en el crecimiento se lo contrajera, observó lo que es un mirada socavaba la angustia: la arandela de los ojos cansados y el contraste del brillo diminuto de una lágrima que no había brotado, una esquirla de cristal en el iris.

(Luis Mateo Díez)

TUS OJOS QUE ANTAÑO NUNCA SE CANSARON

«Tus ojos que antaño nunca se cansaron de los míos,
se inclinan hoy con pesar bajo tus párpados oscilantes
porque nuestro amor declina».

Y responde ella:
«Aunque nuestro amor se desvanezca,
permanezcamos junto al borde solitario de este lago,
juntos en este momento especial
en el que la pasión, pobre criatura cansada, cae dormida.
¡Qué lejanas parecen las estrellas,
y qué lejano nuestro primer beso,
y qué viejo parece mi corazón!».

Pensativos caminan por entre marchitas hojas,
mientras él, lentamente, sosteniendo la mano de ella, replica:
«La Pasión ha consumido con frecuencia
nuestros errantes corazones».

Los bosques les rodeaban, y las hojas ya amarillas
caían en la penumbra como desvaídos meteoros,
entonces un animalillo viejo y cojo renqueó camino abajo.
Sobre él, cae el otoño; y ahora ambos se detienen
a la orilla del solitario lago una vez más.
Volviéndose, vio que ella había arrojado unas hojas muertas,
húmedas como sus ojos y en silencio recogidas
sobre su pecho y su pelo.

«No te lamentes», dijo él, «que estamos cansados
Porque otros amores nos esperan,
odiemos y amemos a través del tiempo imperturbable,
ante nosotros yace la eternidad,
nuestras almas son amor y un continuo adiós».


Versión de Luis Zalamea

jueves, 25 de enero de 2007

25 de enero de 2007 (Primera noche sin ti)

Y está triste
como una silla abandonada
en la mitad del patio azul
Los pájaros la rodean
Cae una aguja
Las hojas resbalan
sin tocarla
Y está triste
en mitad del patio
con la mirada baja
los pechos alicaídos
dos palomas tardas
Y un collar
sin perro
en la mano

Como una silla vacía.

(Cristina Peri Rossi)

lunes, 15 de enero de 2007

En una crisis

¿Recuerdas una tarde que estuvimos en ese bar que no me gusta, en Foncalada, entre viejos que leían periódicos temblones y una mujer absurda merendando?.
Y tú firmabas sobre una servilleta, una vez y otra vez, una vez y otra vez, como una autómata, silenciosa y mecánica.

Era cualquier enfado. No recuerdo ni cuándo sucedió. Pero mi miedo y yo fingíamos mirar algo muy importante, un cartel, nada, más allá de la barra o en la puerta, para no ver el signo multiplicado de tu soledad, esa oscura manera en que tú te afirmabas sobre un mundo inseguro que te daba la espalda.

Hoy confundo esa imagen y esa tarde con estos otros días, hostiles, en la crisis de lo nuestro;
tu soledad de entonces, mi impotencia con otra confusión de los dos juntos y a solas, como extraños, sin nada que decir.
Y ya no sé ordenar los trozos que componen el mapa de tú y yo queriéndonos en días que preserva el recuerdo, yendo a sitios, charlando, o en la cama, desnudos, conociéndonos bien.
Sólo somos pareja: el vínculo por el que nos asocian los demás.

Toda unión alimenta algún monstruo pequeño e invisible que formula preguntas. Será porque creamos una identidad nueva, postiza y de los dos, y no somos nosotros sino ese monstruo insomne a cuyo ritmo nos acomodamos.

¿Qué dice el monstruo de esto?

Querernos ignorándolo todo, sin intrusos, la naturalidad de las cosas sencillas que hacemos tan bien, parece formar parte de todo lo que escapa muy despacio, como un barco se aleja de la rada o como se acumulan días indiferentes tras un aniversario.
Como una edad o un sueño desprendido, olvidado en soledad.

Y de qué sirve el mundo demasiado real al que nos sujetamos por sistema.
Las cifras y los libros, la gente que discute en alta voz sobre todas las cosas que en la vida no son nunca casuales; compromisos, las leyes que son nada en el reino ruidoso del amor.
Todo grave, explicado civilizadamente, con la noción exacta de lo que puede hacerse y lo que no, de lo que hay que decir y no decir.
¿Nos hizo más felices?
¿Es más digno hablar tanto, tener gustos complejos y gastar el dinero con prudencia según dónde y con quién?
¿Dónde estamos aquellos que pudieron amarse con palabras sencillas?

El final de un amor es un nuevo reparto de papeles.
Por eso me he acordado de esa tarde en un bar, entre desconocidos (como nosotros), solos, con nuestra cobardía y nuestro miedo, mientras tú te buscabas a ciegas, confundiéndote, en la foto borrosa de ese grupo de tres que hemos sido tú y yo, y yo buscaba y busco todavía un culpable -una excusa- más allá de nosotros, por si ya no nos salvan ni razones ni besos y hay que enterrar al monstruo y dar explicaciones a parientes y amigos.


(José Luis Piquero)

domingo, 14 de enero de 2007

Palabras de Caín adolescente

Me he pasado la vida malgastando favores en personas que nunca me quisieron.
Yo sólo deseaba ser del grupo.

Tratado como un corruptor de sueños,
mantenido a distancia de niños y mascotas,
como a quien por extraño
no se recibe en casa,
he tenido que oír ya demasiadas veces que soy un impostor.

Tarde para los besos, para estrechar las manos,
tarde para las lágrimas y el arrepentimiento,
tarde para cualquiera palabra.
Tarde:
por lo visto yo siempre llego tarde.


Y de noche, en la casa donde todos duermen,
mientras fumo asomado a la ventana,
o en la mañana sórdida de cafés y cristales empañados, a solas con el mundo,
o en la blancura estéril de una página,
he comprendido -tarde- que es inútil querer ser otra cosa que el fantasma embustero que habéis hecho de mí,
un no-muerto cortado a la medida de todo lo que nunca quise ser,
alguien a quien sin duda me parezco, como un hombre a su máscara:
el hipócrita, el sucio y el que no es de fiar,
a un paso del ridículo (el cantante de moda o el bachiller con granos),
a un paso del horror (el buen chico que sale en los sucesos).

Soy el que traicionó tus confidencias.
El que maltrató al tonto de la clase.
El que lo enredó todo cuando los dos amigos disputaban la misma chica idiota.
El que habló mal de ti cuando no estabas y trató de poner en contra tuya al grupo.
El que usó el chantaje sentimental (fácil entre amigos) para ahuyentar del grupo a los extraños,
vuestros otros amigos, que eran más ocurrentes, más experimentados y,
qué pena, más incautos.
El que juró y juró, "podéis creerme..." y "no sabía...", y sí sabía y consiguió que le creyeran.

Soy el que habló al oído de una chica asustada
y -aún me acuerdo-
le imaginó un futuro más honorable, una salida digna, "hazlo, mujer",
y durante un momento era todo posible, matar con una frase, aquel
horror...

Mi máscara lo ha dicho, que soy ese:
agazapado, sórdido,
al que puedes tumbar con un buen puñetazo y zumba en torno tuyo,
pero nadie es al fin tan peligroso -piensas- cuando puedes tumbarlo con un buen puñetazo,
y luego es tarde, mira, ya te tengo.
Todos llegamos tarde alguna vez.

¿Y nada más? ¿Acaso os preguntasteis un instante qué oculta la máscara de un monstruo?
Me acuerdo de esa infancia interminable,
a caballo en la rama más valiente del árbol de los juegos.
Eso era algo, no el paraíso exactamente, pero
-ternura pronta, cándido heroísmo y la avidez legítima del cachorro intocado-
allí existía el orden. Y es curioso
que a la luz de una infancia ideal los enemigos sean menos enemigos.
También ellos tuvieron ese miedo indefenso que redime
y una conmovedora propensión al llanto.

¿Sabéis quién soy a solas? El que escucha canciones tristes.

He soñado a menudo redimir mi egoísmo con un gesto, dar mi vida a cambio de otra vida,
ser el súbito héroe que muere en el incendio.

Pensad en mí lejano, la cabeza inclinada.
Toda esa gente afuera, tanto frío, las calles se bifurcan y el camino que lleva a la casa segura no se termina nunca.

Yo he pensado en la muerte y a menudo he ensayado una muerte inofensiva, de poca sangre y mucho, mucho miedo, sólo para ahuyentar de mí todo el ridículo y el asco de mí mismo,
cuchilla en las muñecas, quemadura en los brazos para seguir viviendo,
porque al fin el dolor es la consciencia, es el ruido del mundo que a tu alrededor chilla y te agita los hombros.

Te aferras a esa vida con desesperación y , sin embargo, eres adolescente:
nunca sabes qué hacer ni qué decir, dónde poner las manos y los ojos.
Tu cuerpo ya es grotesco y esas chicas se ríen. No te gusta tu cara.
Estás enamorado. Más allá de las fórmulas,
los libros te insinúan una vida más fácil en cualquier otra parte.
Los libros te consuelan en todo lo esencial.

Y tú en tu jaula estéril te revuelves, inútil, sudoroso, como en la noche insomne cuando el calor te ahoga.
Dando palos de ciego. La novia de tu amigo.
Matarías con gusto cualquier signo de amor.
Usa de ese poder, usa los libros,
porque luego el perdón de Dios es una fórmula y tú eres el no-muerto que debe defenderse, el hipócrita, el sucio y el corruptor de sueños.

Dolorosa esta edad en que siempre estás solo
y a tu alrededor nace
la flor limpia de un mundo que nunca es para ti.


(José Luis Piquero)

Paisaje Ocular

Si tus miradas
salen a vagar por las noches
las mariposas negras huyen despavoridas
tales son los terrores
que tu belleza disemina en sus alas



(Oscar Hahn)

sábado, 13 de enero de 2007

13 de enero de 2007 (2)






En la orilla de un mar inmóvil
liso como un espejo,
recogí caracolas vacías,
restos de un amor que no fue
sino naufragio,
cristal huidizo del corazón
malgastado en inútiles mareas.


(Amparo Carballo Blanco)

13 de enero de 2007

Este poema nace de medir
el volumen,
la profundidad y anchura
de un mar cerrado,
nebuloso,
que se oculta en tu mirada.

Este poema tiene un regusto
romántico,
copia de corazón hecho luna,
flotando como batel
sobre un mar en bonanza,
en tu mirada.

Este poema termina en un cielo
indefinido
donde se pierden preguntas
y gaviotas,
donde tu nombre queda abierto
como nube tardía.

Y llueve...
está lloviendo...

sobre un mar batiente
en tu mirada.


(Amparo Carballo Blanco)

viernes, 12 de enero de 2007

12 de enero de 2007

Vientos favorables impulsan
el velero del verso
en dirección tú: único puerto,
única isla habitable
en el gélido mar cotidiano.


(Amparo Carballo Blanco)

martes, 9 de enero de 2007

Hoy no salgo de compras




Hoy no salgo de compras
ni de sueños.

Estoy unida a una piedra
de sustancia solitaria,
y se me nota mucho la luna
maltratada.

No voy a ninguna parte,
ni pongo a secar lágrimas
al viento,
ni le discuto razones
de espinas a la rosa.

Prefiero ver pasar el tiempo
en nubes ligeras,
y desmontar el péndulo
del amor
que oscila entre siempre
y nunca.

Hoy no salgo de compras
ni de sueños.

Me quedo aquí,
y comparto nueces amargas
con pan de versos.



(Amparo Carballo Blanco)

lunes, 8 de enero de 2007

8 de enero de 2007

Olvidadas del viento
se marchitan las alas.

No palpitan versos
en el alma,
ni son sensibles al tacto
las estrellas,
ni perfume de magnolias
corona los sueños.

Todo es otoño ya.

El sol sale al revés
y esclaviza mariposas
en los espejos.
La noche cerró el piano
y la lluvia desafina...


(Amparo Carballo Blanco)

miércoles, 3 de enero de 2007

3 de enero de 2007

Caminaste por tierras sin nombre.

Todas las miradas
Evocan una tristeza
Que me gustaría recuperar.

El camino era niebla, humedad, polvo...
Quise soltarte la mano,
La espesura del aire lo impidió.

No he vuelto a la ciudad escondida.
El camino, ha cambiado de estación.