domingo, 7 de septiembre de 2008

La infanta anatomista


Escuché a una niña de voz negra
nombrando sus huesos:
los describía y los ubicaba en su cuerpo.
Un animal hablado
La miraba y se complacía.

Por qué les enseñan estas cosas a los niños.
Voy a retirarme de esas muertes
cuando descanse
y una aureola tumultuosa
diga ser mi obra completa.
Vi a la niña que sabía de huesos
soplando sus manos que eran todo cenizas
mientras otros cortejaban su erudición
y la aplaudían.
La oí decir que los pájaros no tienen esqueleto.
Fue su último exabrupto de inocencia.
(Cecilia Borio)


lunes, 25 de agosto de 2008

Nada ha bastado aún para destruirme aunque
tengo la sensación de haber sido destruido.


(Bruno Marcos)

jueves, 31 de julio de 2008

A veces, cuando la luz

A veces, cuando la luz incide en extraños ángulos
y te devuelve a la infancia

deambulando por una mansión desvencijada
totalmente oculta bajo viejos sauces

o un convento abandonado que guardan la cicuta
y abetos gigantescos erguidos flanco a flanco,

de nuevo sabes que allende ese muro,
bajo la indómita cabellera de los sauces

persiste algo secreto,
tan maravilloso y peligroso

que si te adentraras y contemplaras
morirías, o serías feliz por siempre.

(Lisel Mueller)

lunes, 23 de junio de 2008

Deseos

Un chal para mis hombros,
cubrídmelos
con algo inútil y reconfortante.

Ojalá cada noche
tuviese dentro
una campana o una lamparita,

no sé qué soledad de niña enferma,
qué desamparo de ángel me estremece,

cómo desearía
un cuento,
una muñeca,
una sopa de lluvia con su yema amarilla,

un dibujo animado de elefantes
o una buena película de barcos,

felicidad concreta
por una sola vez...

(Ana Isabel Conejo)

sábado, 14 de junio de 2008

Volveré

Volveré luminosa y perdida.
Me quitaré los terciopelos negros
del modo en que me miras,
y sabré que esta noche es todo lo que tengo.

(Ana Isabel Conejo)

miércoles, 11 de junio de 2008

Estrellas

Vivo en un mundo torpe de ladrillos mojados por la lluvia
donde cerrar los ojos ya no basta;
porque ahora viven también dentro los ladrillos,
forman paredes sucias, que dividen mi intimidad en cuartos
y pensamientos y tristezas.
Escapar.
Puedo cerrar los ojos y las manos y pensar en la nada;
recorro con el alma todas las ciudades del mundo.
Pero invariablemente tengo que volver
al patio en obras, a la vulgaridad de las comidas;
todo porque ellos renunciaron, se conformaron
siempre,
decidieron
dejar de lado las estrellas.
Y yo delante de ellos nunca menciono las estrellas.
Luego, cuando estoy sola, repito las palabras que me gustan:
Estrellas, estrellas, estrellas;
y después las escribo.
No hay mundos ideales, pero existen espíritus
que no se conformaron,
que hicieron sus paredes de luceros vespertinos,
y viven siempre en las alturas, y nunca tienen miedo.


(Ana Isabel Conejo)

miércoles, 16 de abril de 2008

16 de abril de 2008

La soledad se desnuda en tus ojos,
muchacha interminable, extensa en la amargura;
quizá un muerto fugitivo te anida
y te cruza la sangre y, en la sangre, anochece.

(Antonio Gamoneda)
Te beberé el cabello
y cerraré los ojos.

Tú seguirás manando
tu cabello
turbio de besos.

(Antonio Gamoneda)

martes, 15 de enero de 2008

15 de enero de 2008

Un silogismo concluye la muerte de Dios
pero también la muerte del hombre
que razona el silogismo.

Un silogismo queda entonces bailando solo
con el trabajo de ser
un nuevo Dios
que invente al hombre.

(E. F. Iancilevich)

lunes, 14 de enero de 2008

Hoy, por tu culpa

I

Y sobre todo mirar con inocencia. Como si no pasara nada, lo cual es cierto.


II
Pero a ti quiero mirarte hasta que tu rostro se aleje de mi miedo como un pájaro del borde filoso de la noche.


III

Como una niña de tiza rosada en un muro muy viejo súbitamente borrada por la lluvia.


IV
Como cuando se abre una flor y revela el corazón que no tiene.


V

Todos los gestos de mi cuerpo y de mi voz para hacer de mí la ofrenda, el ramo que abandona el viento en el umbral.


VI
Cubre la memoria de tu cara con la máscara de la que serás y asusta a la niña que fuiste.


VII
La noche de los dos se dispersó con la niebla. Es la estación de los alimentos fríos.


VIII

Y la sed, mi memoria es de la sed, yo abajo, en el fondo, en el pozo, yo bebía, recuerdo.


IX

Caer como un animal herido en el lugar que iba a ser de revelaciones.


X
Como quien no quiere la cosa. Ninguna cosa. Boca cosida. Párpados cosidos. Me olvidé. Adentro el viento. Todo cerrado y el viento adentro.


XI

Al negro sol del silencio las palabras se doraban.


XII
Pero el silencio es cierto. Por eso escribo. Estoy sola y escribo. No, no estoy sola. Hay alguien aquí que tiembla.


XIII

Aun si digo sol y luna y estrella me refiero a cosas que me suceden. ¿Y qué deseaba yo?
Deseaba un silencio perfecto.
Por eso hablo.


XIV

La noche tiene la forma de un grito de lobo.


XV
Delicia de perderse en la imagen presentida. Yo me levanté de mi cadáver, yo fui en busca de quien soy. Peregrina de mí, he ido hacia la que duerme en un país al viento.


XVI
Mi caída sin fin a mi caída sin fin en donde nadie me aguardó pues al mirar quién me aguardaba no vi otra cosa que a mí misma.


XVII

Algo caía en el silencio. Mi última palabra fue yo pero me refería al alba luminosa.


XVIII

Flores amarillas constelan un círculo de tierra azul. El agua tiembla llena de viento.


XIX
Deslumbramiento del día, pájaros amarillos en la mañana. Una mano desata tinieblas, una mano arrastra la cabellera de una ahogada que no cesa de pasar por el espejo. Volver a la memoria del cuerpo, he de volver a mis huesos en duelo, he de comprender lo que dice mi voz.

(Alejandra Pizarnik)

Ofrenda

Alguna vez,
cuando llegue a estar vacío
cerraré la puerta y arrojaré
la llave;

sí,
hay que arrojarse afuera
como una ofrenda sin retorno,
como un regalo que nadie acoja.

(Hugo Mujica)