lunes, 23 de junio de 2008

Deseos

Un chal para mis hombros,
cubrídmelos
con algo inútil y reconfortante.

Ojalá cada noche
tuviese dentro
una campana o una lamparita,

no sé qué soledad de niña enferma,
qué desamparo de ángel me estremece,

cómo desearía
un cuento,
una muñeca,
una sopa de lluvia con su yema amarilla,

un dibujo animado de elefantes
o una buena película de barcos,

felicidad concreta
por una sola vez...

(Ana Isabel Conejo)

1 comentario:

Silvia dijo...

Cierto, que de pequeños cualquier cosa nos hacía felices. Por eso adoro a los niños y esa capacidad que tienen para reirse y ser felices.
Eso es algo que perdemos los mayores. Pero todos llevamos un niño dentro, sólo hay que buscarlo.

Un abrazo