domingo, 7 de septiembre de 2008

La infanta anatomista


Escuché a una niña de voz negra
nombrando sus huesos:
los describía y los ubicaba en su cuerpo.
Un animal hablado
La miraba y se complacía.

Por qué les enseñan estas cosas a los niños.
Voy a retirarme de esas muertes
cuando descanse
y una aureola tumultuosa
diga ser mi obra completa.
Vi a la niña que sabía de huesos
soplando sus manos que eran todo cenizas
mientras otros cortejaban su erudición
y la aplaudían.
La oí decir que los pájaros no tienen esqueleto.
Fue su último exabrupto de inocencia.
(Cecilia Borio)