domingo, 31 de enero de 2010

Ven a verme llorar,
no lloro con los ojos ni con el pensamiento;
lloro con las entrañas, con los dedos quemados,
con la frente rajada por cuchillos
y con la llaga en llamas que yo todo soy.

Desciende del palacio, ven
a verme llorar.

Verás un monasterio cuando se despedaza
y verás dos mil años en sólo unos momentos,
o en un tiempo tan largo que la historia del mundo
no llena su interior.

(Juan Eduardo Cirlot)

domingo, 24 de enero de 2010

Así acontece ya con cada instante.
El sonido es la muerte que todavía resiste
y levanta, sin manos, un gesto hacia lo vivo.

Oye mi corazón; se está moviendo.
Y esta música horrenda que no te conmueve
soy yo.

(Juan Eduardo Cirlot)

viernes, 22 de enero de 2010

Encontré una gran piedra gris
y le dije:

Tenemos que resucitar.

(Juan Eduardo Cirlot)

sábado, 16 de enero de 2010

viernes, 15 de enero de 2010

Los restos de mi escudo, los restos
de mis guantes azules,
los restos de la bandera deshecha...

Mis restos me esperan bajo la lluvia.

(Juan Eduardo Cirlot)
Mis enemigos me combaten,
mis amigos no son mis amigos;
hay trozos de mi corazón por los campos
que aún lloran.

Pero las grandes torres negras
todavía se elevan
bajo un cielo purísimo.

(Juan Eduardo Cirlot)

miércoles, 13 de enero de 2010

Gritos y voces
contra un silencio inmenso.

La espada está naciendo en la pared.

(Juan Eduardo Cirlot)
El origen del hierro, el origen
del vidrio
habla en mi corazón.

(Juan Eduardo Cirlot)
El verdadero mar es negro con plantas grises y está lleno de sombras oscilantes. Su fondo perforado es un plomo que ha perdido los signos. El verdadero mar es negro.

(Juan Eduardo Cirlot)
Me paro ante los altos muros góticos;
maldigo las ortigas y la hiedra.

Miro mis cicatrices.

Un caballo de hielo duerme bajo la niebla.

(Juan Eduardo Cirlot)

martes, 12 de enero de 2010

Pasaban dos zapatos por el valle,
la tierra los oía temblando.

(Juan Eduardo Cirlot)

miércoles, 6 de enero de 2010

Memoria de la nieve

La nieve está en mi corazón como el silencio en las habitaciones de los balnearios: densa y profunda, indestructible.

La nieve está en mi corazón como la hiedra de la muerte en las habitaciones donde nacimos.

Y el tiempo huye de mí con un crujido dulce de zarzales.

Nieva implacablemente sobre los páramos de mi memoria. Es ya de noche entre los blancos cercados.

Cuando amanezca, será ya siempre invierno.

(Julio Llamazares)