sábado, 31 de diciembre de 2011

Valores en alza

No sólo eres guapo,
fuerte y listo,
sino que además
de conciencia
ni una pizca.

Enhorabuena, 
amigo:
          este mundo
está hecho
a tu medida.

(Karmelo C. Iribarren)

jueves, 29 de diciembre de 2011

Lo difícil

Enamorarse es fácil.

Uno puede enamorarse 
-sin demasiado
esfuerzo-
varias veces al día, 
a nada
que se lo proponga 
y se mueva un poco por ahí,
y si es verano, 
ni te cuento.

Enamorarse no tiene
mayor mérito.
Lo realmente difícil
-no conozco
ningún caso-,
es salir entero
de una historia de amor.


(Karmelo C. Iribarren)

martes, 27 de diciembre de 2011

Tarde sobre negro

En octubre se van muriendo las tardes
arrastrando cadenas de cielo en gris.
No se columpian los zumbidos del aire.

En el patio hay avispas muertas.
Algunas agonizan, otras se mueven
obtusas, ya no saben volar.
Son frágiles cuerpecitos que otrora 
buscaron alimento, con boca voraz,
en el huerto voluptuoso de zumo y miel.

Tarde sobre negro.
A ráfagas llegan avisos de lluvia
y huyen las nubes tornasoladas.
Quietud antes del invierno.

(Nuria de la Arada)

En casa

Mi padre ha preparado esta noche mi mortaja,
la de un hombre joven con los ojos rojos,
envuelto en sábanas blancas,
el rostro y los pies al descubierto.
Mi padre, muerto, vela mi cuerpo.

(Nuria de la Arada)

lunes, 19 de diciembre de 2011

Final

Soy conducida por calles estrechas,
casas bajas de color miel.
En las azoteas veo hombres sentados,
son simios, mirándonos en silencio.

El camino de tierra se rompe tras un capitel
y dos columnas blancas.
La gente huye del autobús que derrapa
entre el vapor de humaredas.

Del maletín en mi maleta saco caramelos
que guardo en el bolsillo derecho.
El suelo quema.


Cuelgo unos zapatos a mi cuello.
No queda tiempo.
Solamente morir de pie.

(Nuria de la Arada)

domingo, 18 de diciembre de 2011

Entre los hombres

Me dignifican algunos ojos
entre los hombres.
Las bestias me ennoblecen
con sólo mirarlas.

(Nuria de la Arada)

lunes, 5 de diciembre de 2011

Huecos

Cuando estoy en su casa duermo solo.
No me he atrevido nunca a afrontar el pasillo
que velan los ronquidos frágiles de sus padres.

A veces, en la noche,
noto el hueco invisible que no ocupamos juntos.

Y entonces pienso siempre en el amor
que no hicimos en días
de intimidad pospuesta y acaso sin saberlo.

No en las húmedas noches ni en los prados borrosos
de calor ni en las playas soleadas:

en el vagón sin ella y en las tardes de clases
y en los libros leídos y olvidados
y en las peleas tontas y en esas dos semanas 
de necia calentura hasta que dijo sí.

Ah, las aguas paradas, el corazón inquieto.
Perder placer es triste y el deseo
irremplazable muere a cada instante
en un mundo de amantes silenciosos.

Pero por la mañana,
cuando se van sus padres -vermú dominical-,
ella viene a mi cama, soñolienta y desnuda.
Su ternura que es próspera llena un hueco en el mundo
y deja al corazón sin argumentos.

(José Luis Piquero)

Dos extraños

Cruzar cuatro palabras en un bar
y percibir al instante
que nada queda
de aquella vieja historia.
Que somos dos extraños, nada más.
Dos extraños
a los que la vida puso
en una esquina
el tiempo justo para engañarse un poco,
gozar también a veces,
e incluso prometerse irrealidades.
Dos extraños que esta noche se miran
con indiferencia,
o apenas si se miran.
Que tienen prisa,
ganas de despedirse,
de volver a su mundo.
Y que ya ni se molestan en fingir.

(Karmelo C. Iribarren)

viernes, 2 de diciembre de 2011

Historia de G.

"El amor es un miedo: una moneda,
un bien de cambio" -susurraba su voz
de borracho creíble, y sonriendo
añadía: "Cualquier amante es sólo
un chantajista".

Y en las noches aquellas, como extraños libertos,
dejábamos atrás mi trabajo y sus libros
para beber, beber.
                          Hicimos el amor
en calles y portales,
cuando hablábamos,
hablábamos los dos a cuchilladas.

De él sé decir que era un producto típico 
de su ciudad y de sus años: frío
y gregario. Su raza:
jóvenes ilustrados y poetas,
cansados de un dinero que no tienen
y una seguridad. Yo estaba sola,
iba de paso: una bala perdida. 
Él ya se castigaba -su costumbre-
haciendo daño a todos.

Tenía que dar con él.

Me dijo que las chicas como yo
tenemos el valor de una experiencia,
somos útiles. "Tú eres muy consciente
de estar representando el papel que te toca.
Pudiste estar con otro, ¿no es así?
Si eres lista puedes aprender algo,
pero recuerda siempre que yo te necesito".

¿Soy injusta? También me quiso un poco,
a su modo. Perdonó mis mentiras,
y no era culpa suya no saber del amor
sino lo que le habían enseñado
en su impreciso mundo de palabras a medias
y de fáciles gestos.
                                Admiraba
esa capacidad-para-encajar-los-golpes
que yo he llegado a ser,
ese estar siempre dispuesta.
Y me daba su tiempo a manos llenas.

Hoy sé perfectamente que me usó
para sembrar recelos en su grupo.
Yo le he visto humillar a alguien que le quería,
ignorarle y marcharse conmigo, y disfrutarlo.
O exhibirme como a una vaca sana
en su circo de locas, sin recato, triunfante.
                                                             Me empujó
en otros brazos, eso fue un pretexto
para nuevos reproches -"Puta, puta".

Cuando pude dejarle, 
tuvo el talento -y la complicidad de sus amigos-
para hacer de mí la única culpable.
"Nos ha engañado a todos" (y quizá
él tenía razón).

A menudo estoy sola y pienso en él,
ya sin rencor, pero escucho de nuevo
esa voz en mi oído, amable, lenta:
"Eres producto mío. Tú, ¿quién eres?
Un apellido y un trabajo triste
y unos padres lejanos. Sin talento
ni belleza, no eres inteligente...
No tienes perspectivas, bobita, saltarás
de un amante a otro amante. Como mucho
eres la novedad, tan sólo un coño. 
Yo te he querido siempre. Quédate.
Imagina que ahora te murieses:
el recuerdo romántico, tan frágil, de esos tontos
y quizá un mal poema -Aquella chica...-,
y nada más. Te quiero, no te marches,
qué voy a hacer sin ti, vuelve conmigo..."

Si alguna vez hemos sido inocentes
como mascotas, puros igual que las manzanas,
nosotros hemos visto pudrirse las manzanas.


(José Luis Piquero)


domingo, 27 de noviembre de 2011

Der, Die, Das

Tu torpe Ich komme aus salva la tarde
de un día atroz. Pronuncias 
encantadoramente 
mal todas las palabras. Te has dejado
el libro en casa y yo te lo agradezco 
sin decir nada. Llueve
tras el cristal oscuro que duplica
nuestras cabezas juntas. Soy feliz
y durante un instante son felices
la vida, los idiomas y las clases nocturnas,
la lluvia, las ventanas, los inviernos...

Mas, ¿qué será de mí mañana? Sigue
salvándome. No te marches a casa.
Durmamos en la Escuela. Yo te enseño
a pronunciar ich heiße y noch einmal.
De repente, una noche, nada importa.
Los gestos son los mismos tiernos gestos de siempre
y podemos jurarnos lo que quieras.

Pon tus ojos en mí, mira mis manos.
Repetiremos juntos un curso y luego otro.
Si es verdad que los hombres se mueren de sí mismos
yo no me moriré. Tú no te mueras.


Vamos a recorrer estos pasillos.
Nunca me dejes solo. No te vayas
a casa cuando el timbre suene y suene...

(José Luis Piquero)

sábado, 26 de noviembre de 2011

Eso era amor

Te veía
llegar, 
cruzar la puerta,
darme un besazo en el morro,
mirarme a los ojos
de esa manera única,
como sólo tú miras
a los ojos: rompiendo
el calendario.

                  Te veía
hacer esas cosas sencillas
que tú haces
para que el mundo
entre en razón;

y no sabía 
a quién
darle las gracias.

(Karmelo C. Iribarren)

viernes, 25 de noviembre de 2011

Noches a solas con los amigos de antes

Te juro que de noche vienen a verme todos
aquellos que he engañado a lo largo del tiempo.
Me miran con los ojos terribles de tristeza,
seguro que no saben que me alegro de verles.

Mis amigos y víctimas. No es tan malo en el fondo
estar aquí sentado recibiendo visitas.
Mis víctimas de cuándo y por qué. Si pudiera
yo les explicaría que no soy responsable.

Con la noche muy alta oigo lejos los trenes
y a menudo me pierdo en las luces del fondo.
Una ventana sola, con una luz muy triste,
me distrae un momento con preguntas absurdas.
Quién vela en ese cuarto y si vendrán a verle
fantasmas de los vivos que tratamos un día;
también éstos -me digo- le recordarán hechos
del pasado, secretos, graves conversaciones
de adolescentes, sombras de una tarde de sol
con adornos de fiesta y una banda tocando, 
o un café en una vieja cafetería del centro,
copas a medianoche, gente que dice cosas...

Darán otras versiones, cambiarán un detalle.

Él se esfuerza en hacerles comprender que no siempre
varios puntos de vista vienen a coincidir,
pero con un esfuerzo, de buena fe podríamos
situar el contexto y ponernos de acuerdo 
en lo más esencial.
                           Pero ellos me responden
que es demasiado tarde para pasar por alto
tantas malas jugadas como he hecho en mi vida,
las pequeñas traiciones, las infidelidades, 
y con razón me dicen que, si soy inocente,
por qué les dejo franco el paso de mi cuarto,
y preguntan si tengo la conciencia tranquila.

Y te juro que entonces ya no sé contestar
y aventuro tardías disculpas que no escuchan.
Empiezan a dar mueras para matarme poco
de esas muertes pequeñas que causan tanto daño,
y me quedo pequeño yo también y desnudo
y en mi rincón de siempre me abrazo a mis rodillas
sin encontrar tu mano para apretarla fuerte
mientras llueven los golpes, y te llamo, te llamo,
dónde estarás tú sola con tus propios fantasmas.

Algunas noches vienen a visitarme todas
las personas que he amado a lo largo del tiempo.
Ojalá que una noche me encontrasen dormido.
No querrían entonces que yo les visitase.

(José Luis Piquero)

jueves, 24 de noviembre de 2011

Género profesor (de Teoría Literaria-Lírica)

Nos enseñaba a odiar la poesía,
y estas fueron sus víctimas: tantísimos
tontos de facultad, muy licenciados
en cháchara semiótica.
   Los logros 
conseguidos (menos lectores, menos
competencia) aseguran el relevo
en la especie académica (o el pincho
de las 12 entre clase y seminario).

Suya no fue la culpa si le hicieron, 
en un rapto de olvido, indispensable.

(José Luis Piquero)

miércoles, 9 de noviembre de 2011

Para aquellos que, de vez en cuando, no pueden evitar recordar...

Como a veces
nos viene a la memoria
algo sin importancia
que dejamos
para el día siguiente
hace ya tiempo,

he recordado
viejo amor
cuánto te quise.

(Karmelo C. Iribarren)

lunes, 31 de octubre de 2011

Estas cosas siempre suceden de repente



No pasa nada. Ella está
en un expreso con dirección
a Barcelona, y yo aquí, en mi
mesa de trabajo, escribiendo
estos versos. Hace apenas 
dos horas que se ha ido.
Mañana charlaremos 
por teléfono. Sobre la tele,
su espléndida sonrisa.
No pasa nada, como digo.
Y de repente, no sé
qué hacer con tanta soledad.

(Karmelo C. Iribarren)

(Autor de la imagen: Johnny Monteiro)

domingo, 30 de octubre de 2011

Lágrimas de mujer

El rostro pesaroso 
de la virgen
intentando explicarle
al carpintero
la mediación divina
en el desaguisado,
resultaba
-sin duda-
mucho más convincente
que tus lágrimas.

(Karmelo C. Iribarren)

domingo, 23 de octubre de 2011

El visitante me abrazó, de nuevo
era la juventud que regresaba,
y se sentó conmigo. Un cansancio
venía de su boca, sus cabellos
traían polvo del camino, débil 
luz en los ojos. Se contaba a sí mismo
las tristes cosas de su vida, casi
se repetía en él mi pobre vida.
Arropado en las sombras lo miraba. 
La tarde abandonó la sala quieta
cuando partió. Me dije que fue grato
vivir con él (la juventud ya lejos),
que era una fiesta de alegría. Solo
volví a quedar cuando dejó la casa.

Vela el sillón la luna, y en la sala
se ven brillar los astros. Es un hombre 
cansado de esperar, que tiene viejo
su torpe corazón, y que a los ojos
no le suben las lágrimas que siente. 

(Francisco Brines)

lunes, 17 de octubre de 2011

En ocho años

En ocho años
he tenido cuatro parejas,
he vivido en tres lugares diferentes,
he tenido un accidente de tráfico,
he escrito cientos de poemas, 
me he tatuado dos veces,
he asistido a clases de diseño gráfico, 
he trabajado en DHL,
me he sacado el carnet de conducir, 
me he cambiado varias veces de pendientes,
me he comprado un acordeón,
he conocido a poetas, 
he cambiado de ciudad,
he visto las mejores películas de mi vida,
he viajado a Amsterdan,
he viajado a Lisboa,
he hecho el amor por primera vez,
he llorado,
he celebrado ocho cumpleaños, 
he tenido dos gatos,
me han regalado una bici, 
he visto la mayor nevada que recuerdo sobre Madrid,
he conocido lo que es la depresión cara a cara,
he leído muchos libros,
he intentado aprender magia,
he perdido varios amigos,
he roto varios pares de zapatillas, 
he aprendido a tocar el piano,

en ocho años
he intentado llevar a cabo 
lo único que aprendí aquel día,
que la vida hay que vivirla cada hora,
cada día, 
cada minuto,

en ocho años
no he podido compartir
nada de esto contigo,
y me da vértigo pensar
la lista que podré escribir
con todo el tiempo que me queda así.

(Javier Das)

lunes, 26 de septiembre de 2011

Divorcio

Para los niños el primer fin del mundo de su vida.
Para el gato un nuevo dueño.
Para el perro una dueña nueva.
Para los muebles escaleras, golpes, carga, descarga.
Para las paredes claros cuadrados tras los cuadros descolgados.
Para los vecinos de la planta baja un tema, una pausa en el hastío.
Para el coche mejor que fueran dos. 
Para las novelas, la poesía - de acuerdo, llévate lo que quieras.
Peor para la enciclopedia y el vídeo,
ah, y para el manual de ortografía,
donde tal vez se explique el tema de los dos nombres:
si todavía unirlos con la conjunción "y",
o ya separarlos con un punto.

(Wistawa Szymborska)

sábado, 27 de agosto de 2011

El pájaro de Minerva vuela al anochecer


No estar es tu enseñanza.
Allá donde te busco, sólo encuentro
palabras sin misterio, libros mudos
en su ansia de explicarse.
Sin embargo
un hueco, una silueta se dibuja
en esos textos de los que te ausentas.
No estás, pero has pasado,
acabas de pasar,
tan rápida que apenas
tuvo el aire conciencia de tu paso.
No estás, pero en tu huida
has dejado señales:
ramas rotas, pequeñas rasgaduras
en la frágil constancia de la hierba.
(Ana Isabel Conejo)

jueves, 18 de agosto de 2011

Irak (aunque se puede extrapolar a otros países)

Entre los nombres verdes y lentos de dos ríos
están ellos. Descienden
de los inventores de diluvios
y océanos de espigas,
de los que, lustro a lustro, esculpieron en los muros marinos
de la ciudad de todos los excesos
un friso innumerable de leones alados.
Ahora oigo llantos de manos por las noches,
sollozos de mujeres alcanzadas
por los sofisticados proyectiles de la Justicia con mayúsculas
lanzados al azar desde pulcros despachos,
y me pregunto si el hambre no es un arma biológica,
si son tan peligrosos los ojos indignados
de un puñado de hombres,
que haya que hacer bordados de sangre en sus camisas,
si fundar estrategias en los huesos
de los recién nacidos
no viola por azar algún artículo
de la muy respetada convención de Ginebra,
me pregunto qué bombas, qué misiles
nos darán la razón ante esos rostros
abrumados de males evitables,
del espanto
de no tener respuestas
que alimenten los ojos oscuros de los niños,
qué memoria, qué rito,
qué danza silenciosa
de guerreros antiguos
podrá justificarnos...
(Ana Isabel Conejo)

lunes, 15 de agosto de 2011

Quizá todo empezara mucho antes,
cuando los celofanes de colores
de las palabras nuevas
envolvieron el aire y los objetos
y los múltiples rostros de mi madre
una primera vez.
En el encantamiento de aquellos envoltorios
crujientes, transparentes, cada uno
con su promesa dura y afrutada,
debió de comenzar el desamparo
que había de crecer posteriormente
hasta volverse maleficio.
"Las palabras primero serán finas
como papel de seda,
luego se espesarán hasta adquirir
el grosor luminoso de una vidriera antigua,
y después seguirán cristalizando,
formando inflorescencias de mineral apenas
traslúcido,
capa tras capa irán depositándose
sus finos sedimentos oceánicos,
te enterrarán, ya no será posible
seguir sintiendo el mundo detrás de ellas."
El tiempo se disfraza de hada oscura
y sobre la ventana de la infancia
la escarcha vierte un resplandor helado.
Yo seguiré soñando que despierto.
(Ana Isabel Conejo)

martes, 12 de julio de 2011

Proyecto de epitafio

De ti no quedan más
que estos fragmentos rotos.

Que alguien los recoja con amor, te deseo,
los tenga junto a sí y no los deje
totalmente morir en esta noche
de voraces sombras, donde tú ya indefenso
todavía palpitas.

(José Ángel Valente)

sábado, 25 de junio de 2011

(Ausencia)

Este sueño, que acabo de soñar y en cuyo tenue borde te hiciste no visible, limita con la nada.
(José Ángel Valente)

martes, 10 de mayo de 2011

Algo ha pasado en mí

Algo ha pasado en mí
que se parte la voz
y no alcanzo a llamar a Dios en la distancia.
Si el junco se dobló
y después de tanto sol no está partido
si me pesan las manos
algo ha pasado en mí.
Estoy herido de lanza en el costado.
Pero
que siga la rueda dando vueltas
a ver si sin harina hacemos pan.
Pues algo hay que comer.
¿Qué voy a dar al hijo cuando venga hasta mí?
¡Ojalá que cantase algún búho en el árbol!

Pipa calada,
tierra ruin es la esperanza que me cubre,
lista aún para la siembra...
Se ríe la razón. No tengo semilla. No conozco ninguna
que pueda florecer siquiera medio palmo.
Sin embargo, tierra soy,
soledad.
Pueden venir vecinos de la niñez lejana
a examinar la antigua primavera.
Pueden pasar muchachas por el puente,
bañarse, hacer castillos en la arena,
sonreír.

Todo le da lo mismo a mi canción.
Todo es igual.
Todo
tiene la mancha.
Solamente si muere una muchacha me levantaré
para llamarla.
Y pediré a mi madre las tijeras.
Y entonces,
si alguien pregunta
decidle que no estoy para nadie.
Ya me conocen. Decidles
que me he hecho como todos.

Soñé
hasta desollar las nubes.
Lo podéis ver:
algo ha pasado en mí.
Creía que la muerte era otra cosa.
Tenía la esperanza en la noche y la niebla,
pero hay luz. No merece abrir los ojos.
Algo ha pasado en mí. Sigo siendo yo mismo
y otro yo que no conozco.
Pero prometo que gritaré cuando tú duermas
hombre común, odiado, terco,
sinvergüenza de todos los días,
migaja de pan,
gabardina,
hombre,
yo,
a quien ahora odio.

(José Antonio Llamas)

viernes, 6 de mayo de 2011

Dormidos en la mina

Nos despierta la mañana
cuando aún no sabe mirar
su piel de plomo. Y abrimos
nuestros ojos negros soñando
en esta inquieta galería.

Hemos dormido toda una
noche de tierra, al calor
de estas entrañas mudas.

Respiramos su pesada bruma
de carbón reluciente, su aroma
tosco desenterrado a nuestra luz
tan pobre.

¡Qué sueño tan profundo
alumbrado al cariño de los
candiles pálidos! Extraño sueño
donde las sombras son de tierra
y aplastan los pulmones abrasados.

Al despertar vuela un zumbido
en nuestra frente, la llamada que
lejos nos reclama suyos.

Y no sabemos si aún dura la
noche entre los nuestros. O si
la tierra nos tiene aquí plantados
a madurar el fruto que recogen...

(Luis Mateo Díez)

martes, 3 de mayo de 2011

Andadura

Ya ni fuerzas te quedan,
ni el tesón que antes traías
te levanta.

Algo muere aquí
dentro.

Tanto camino has absorbido
con tus pasos, tantas palabras
preguntan al silencio, responden
al silencio bien caídas.

Se sufre el polvo supurado
en la andadura. Los perros muerden
estas llagas nuevas.

Quema el cansancio
sin dolor, atropellando las razones
que antes izaban el mástil
a lo alto...

Y ya sin fuerzas,
turbados de un amor insuficiente,
¿qué hacemos caminante,
a estas alturas...?

Alguien dice: seguir
con la renuncia a cuestas.

Y aún nos mantenemos.

(Luis Mateo Díez)

domingo, 1 de mayo de 2011

Mi Palabra

Mi palabra no tiene sitio
en tu eterno firmamento de estrellas.
Por eso, la llevo siempre conmigo
y cuando paso delante de tu puerta
me quedo pensando,
me quedo diciendo entre los dientes:
¡Si la dejara, aquí, en el suelo!
¡Si tú la vieras desde lo alto de tu cielo!
Y cuando el viento sopla
cuando pasa delante de mis ojos
como un caballo ardiendo, pienso:
¡Si la echara a volar, como una hoja!
Pero al estar tú tan lejos
seguramente no te llegaría
el eco de mi voz.
Seguramente hay otra forma de amor
que no sea la palabra, y, entonces...
¡Cómo me vas a amar si no me ves!
¡Cómo vas a saber que yo te amo
si mi palabra no tiene forma
en tu cielo de estrellas!
Tal vez la culpa es de mi voz
que no sabe más que palabras pequeñitas.

(José Antonio Llamas)

domingo, 27 de marzo de 2011

El juicio del mundo

Thomas Stearns Eliot dijo,
"elióticamente", que este mundo
acabará en un suspiro, pero
demasiado romántico parece.
Es una farsa y una feria el mundo,
y, después de éstas.
sólo habrá un gran bostezo.
Y después nada.

(José Jiménez Lozano)

martes, 22 de marzo de 2011

Revelación

Sol vencido te regala,
en la tarde de otoño,
el poder y la gloria.
Mira tu alargada sombra:
nunca serás más grande.

José Jiménez Lozano

domingo, 20 de marzo de 2011

Coraza

Manso e inocente es el erizo
y, gracias a la coraza de sus púas,
puede salir al mundo
y preservarse.

(José Jiménez Lozano)

viernes, 18 de marzo de 2011

Divorcio

Para los niños el primer fin del mundo de su vida.
Para el gato un nuevo dueño.
Para el perro una dueña nueva.
Para los muebles escaleras, golpes, carga, descarga.
Para las paredes claros cuadrados tras los cuadros descolgados.
Para los vecinos de la planta baja un tema, una pausa en el hastío.
Para el coche mejor que fueran dos.
Para las novelas, la poesía -de acuerdo, llévate lo que quieras.-
Peor para la enciclopedia y el vídeo,
ah, y para el manual de ortografía,
donde tal vez se explique el tema de los dos nombres:
si todavía unirlos con la conjunción "y",
o ya separarlos con un punto.

(Wislawa Szymborska)

domingo, 13 de marzo de 2011

Pero sin mí te irás,
como el padre sin el hijo,
como la esposa joven sin el esposo anciano.
Nuestro noviazgo terminará
y en su término comprenderé
todas las uvas amargas
que pusiste en mi boca.

En su término tendrás de mí
todas las sonrisas que antes te negué.
En lugar de estos ojos asustados
tendrás sonrisas.

(Luisa Castro)
Yo no quise ser mendigo,
pero ¿adónde van a parar
las preguntas que no se contestan?,
me pregunto yo.

Preguntar es pedir asilo,
preguntar es franquear la puerta
de un país aterido.

Los locos son esos que vagan
buscando respuestas.

(Luisa Castro)
Yo voy haciendo preguntas
que al salir de mi boca
son como flores oscuras.

Tú no contestas ninguna.

Quedan prendidas al aire
como banderas suicidas
de esta lucha desigual,
preguntas que son ropa suelta
en el tendal de mi boca
que agita este temporal.

Allí quedan destrozadas,
banderas
de la derrota.

(Luisa Castro)

sábado, 12 de marzo de 2011

La fortaleza


Para que tú lo destrozaras
yo levanté este castillo.
Mis centinelas dormían
pagados por un dueño borracho.
Ahora ya nada puedes hacer,
te encuentras en el centro del laberinto
y tu única meta posible
es el extravío
o la conquista del tesoro.
Afuera el campo abierto
aún brama por ti,
pero tú ya perteneces
a este lado de la ruina.

(Luisa Castro)

Y así te paseas por la ciudad
con tu bello niño de la mano,
transformada,
monstruosa,
de tu mano la belleza dando saltos,
aprendiendo.


(Luisa Castro)

12 de marzo de 2011

Ahí está el despojo de mí,

una careta arrugada
sobre la que alguien se ha sentado,
y el dedo de la resurrección
borrando con saliva
el trazo indeleble,
ya nunca extinguible,
de lo que jamás sucedió,
de lo que nunca llegué a ser.

Yo hablo a despojos
como a trozos de personas
tiradas en la esquina,
como cuadros de Bacon
con su carne usurpada
y su alma en generoso
despliegue de colores,
como una mariposa
que se transmuta en gusano
después de un exhausto
reparto de belleza.

Ahí está el despojo.


(Luisa Castro)