martes, 10 de mayo de 2011

Algo ha pasado en mí

Algo ha pasado en mí
que se parte la voz
y no alcanzo a llamar a Dios en la distancia.
Si el junco se dobló
y después de tanto sol no está partido
si me pesan las manos
algo ha pasado en mí.
Estoy herido de lanza en el costado.
Pero
que siga la rueda dando vueltas
a ver si sin harina hacemos pan.
Pues algo hay que comer.
¿Qué voy a dar al hijo cuando venga hasta mí?
¡Ojalá que cantase algún búho en el árbol!

Pipa calada,
tierra ruin es la esperanza que me cubre,
lista aún para la siembra...
Se ríe la razón. No tengo semilla. No conozco ninguna
que pueda florecer siquiera medio palmo.
Sin embargo, tierra soy,
soledad.
Pueden venir vecinos de la niñez lejana
a examinar la antigua primavera.
Pueden pasar muchachas por el puente,
bañarse, hacer castillos en la arena,
sonreír.

Todo le da lo mismo a mi canción.
Todo es igual.
Todo
tiene la mancha.
Solamente si muere una muchacha me levantaré
para llamarla.
Y pediré a mi madre las tijeras.
Y entonces,
si alguien pregunta
decidle que no estoy para nadie.
Ya me conocen. Decidles
que me he hecho como todos.

Soñé
hasta desollar las nubes.
Lo podéis ver:
algo ha pasado en mí.
Creía que la muerte era otra cosa.
Tenía la esperanza en la noche y la niebla,
pero hay luz. No merece abrir los ojos.
Algo ha pasado en mí. Sigo siendo yo mismo
y otro yo que no conozco.
Pero prometo que gritaré cuando tú duermas
hombre común, odiado, terco,
sinvergüenza de todos los días,
migaja de pan,
gabardina,
hombre,
yo,
a quien ahora odio.

(José Antonio Llamas)

viernes, 6 de mayo de 2011

Dormidos en la mina

Nos despierta la mañana
cuando aún no sabe mirar
su piel de plomo. Y abrimos
nuestros ojos negros soñando
en esta inquieta galería.

Hemos dormido toda una
noche de tierra, al calor
de estas entrañas mudas.

Respiramos su pesada bruma
de carbón reluciente, su aroma
tosco desenterrado a nuestra luz
tan pobre.

¡Qué sueño tan profundo
alumbrado al cariño de los
candiles pálidos! Extraño sueño
donde las sombras son de tierra
y aplastan los pulmones abrasados.

Al despertar vuela un zumbido
en nuestra frente, la llamada que
lejos nos reclama suyos.

Y no sabemos si aún dura la
noche entre los nuestros. O si
la tierra nos tiene aquí plantados
a madurar el fruto que recogen...

(Luis Mateo Díez)

martes, 3 de mayo de 2011

Andadura

Ya ni fuerzas te quedan,
ni el tesón que antes traías
te levanta.

Algo muere aquí
dentro.

Tanto camino has absorbido
con tus pasos, tantas palabras
preguntan al silencio, responden
al silencio bien caídas.

Se sufre el polvo supurado
en la andadura. Los perros muerden
estas llagas nuevas.

Quema el cansancio
sin dolor, atropellando las razones
que antes izaban el mástil
a lo alto...

Y ya sin fuerzas,
turbados de un amor insuficiente,
¿qué hacemos caminante,
a estas alturas...?

Alguien dice: seguir
con la renuncia a cuestas.

Y aún nos mantenemos.

(Luis Mateo Díez)

domingo, 1 de mayo de 2011

Mi Palabra

Mi palabra no tiene sitio
en tu eterno firmamento de estrellas.
Por eso, la llevo siempre conmigo
y cuando paso delante de tu puerta
me quedo pensando,
me quedo diciendo entre los dientes:
¡Si la dejara, aquí, en el suelo!
¡Si tú la vieras desde lo alto de tu cielo!
Y cuando el viento sopla
cuando pasa delante de mis ojos
como un caballo ardiendo, pienso:
¡Si la echara a volar, como una hoja!
Pero al estar tú tan lejos
seguramente no te llegaría
el eco de mi voz.
Seguramente hay otra forma de amor
que no sea la palabra, y, entonces...
¡Cómo me vas a amar si no me ves!
¡Cómo vas a saber que yo te amo
si mi palabra no tiene forma
en tu cielo de estrellas!
Tal vez la culpa es de mi voz
que no sabe más que palabras pequeñitas.

(José Antonio Llamas)