martes, 10 de mayo de 2011

Algo ha pasado en mí

Algo ha pasado en mí
que se parte la voz
y no alcanzo a llamar a Dios en la distancia.
Si el junco se dobló
y después de tanto sol no está partido
si me pesan las manos
algo ha pasado en mí.
Estoy herido de lanza en el costado.
Pero
que siga la rueda dando vueltas
a ver si sin harina hacemos pan.
Pues algo hay que comer.
¿Qué voy a dar al hijo cuando venga hasta mí?
¡Ojalá que cantase algún búho en el árbol!

Pipa calada,
tierra ruin es la esperanza que me cubre,
lista aún para la siembra...
Se ríe la razón. No tengo semilla. No conozco ninguna
que pueda florecer siquiera medio palmo.
Sin embargo, tierra soy,
soledad.
Pueden venir vecinos de la niñez lejana
a examinar la antigua primavera.
Pueden pasar muchachas por el puente,
bañarse, hacer castillos en la arena,
sonreír.

Todo le da lo mismo a mi canción.
Todo es igual.
Todo
tiene la mancha.
Solamente si muere una muchacha me levantaré
para llamarla.
Y pediré a mi madre las tijeras.
Y entonces,
si alguien pregunta
decidle que no estoy para nadie.
Ya me conocen. Decidles
que me he hecho como todos.

Soñé
hasta desollar las nubes.
Lo podéis ver:
algo ha pasado en mí.
Creía que la muerte era otra cosa.
Tenía la esperanza en la noche y la niebla,
pero hay luz. No merece abrir los ojos.
Algo ha pasado en mí. Sigo siendo yo mismo
y otro yo que no conozco.
Pero prometo que gritaré cuando tú duermas
hombre común, odiado, terco,
sinvergüenza de todos los días,
migaja de pan,
gabardina,
hombre,
yo,
a quien ahora odio.

(José Antonio Llamas)

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