sábado, 27 de agosto de 2011

El pájaro de Minerva vuela al anochecer


No estar es tu enseñanza.
Allá donde te busco, sólo encuentro
palabras sin misterio, libros mudos
en su ansia de explicarse.
Sin embargo
un hueco, una silueta se dibuja
en esos textos de los que te ausentas.
No estás, pero has pasado,
acabas de pasar,
tan rápida que apenas
tuvo el aire conciencia de tu paso.
No estás, pero en tu huida
has dejado señales:
ramas rotas, pequeñas rasgaduras
en la frágil constancia de la hierba.
(Ana Isabel Conejo)

jueves, 18 de agosto de 2011

Irak (aunque se puede extrapolar a otros países)

Entre los nombres verdes y lentos de dos ríos
están ellos. Descienden
de los inventores de diluvios
y océanos de espigas,
de los que, lustro a lustro, esculpieron en los muros marinos
de la ciudad de todos los excesos
un friso innumerable de leones alados.
Ahora oigo llantos de manos por las noches,
sollozos de mujeres alcanzadas
por los sofisticados proyectiles de la Justicia con mayúsculas
lanzados al azar desde pulcros despachos,
y me pregunto si el hambre no es un arma biológica,
si son tan peligrosos los ojos indignados
de un puñado de hombres,
que haya que hacer bordados de sangre en sus camisas,
si fundar estrategias en los huesos
de los recién nacidos
no viola por azar algún artículo
de la muy respetada convención de Ginebra,
me pregunto qué bombas, qué misiles
nos darán la razón ante esos rostros
abrumados de males evitables,
del espanto
de no tener respuestas
que alimenten los ojos oscuros de los niños,
qué memoria, qué rito,
qué danza silenciosa
de guerreros antiguos
podrá justificarnos...
(Ana Isabel Conejo)

lunes, 15 de agosto de 2011

Quizá todo empezara mucho antes,
cuando los celofanes de colores
de las palabras nuevas
envolvieron el aire y los objetos
y los múltiples rostros de mi madre
una primera vez.
En el encantamiento de aquellos envoltorios
crujientes, transparentes, cada uno
con su promesa dura y afrutada,
debió de comenzar el desamparo
que había de crecer posteriormente
hasta volverse maleficio.
"Las palabras primero serán finas
como papel de seda,
luego se espesarán hasta adquirir
el grosor luminoso de una vidriera antigua,
y después seguirán cristalizando,
formando inflorescencias de mineral apenas
traslúcido,
capa tras capa irán depositándose
sus finos sedimentos oceánicos,
te enterrarán, ya no será posible
seguir sintiendo el mundo detrás de ellas."
El tiempo se disfraza de hada oscura
y sobre la ventana de la infancia
la escarcha vierte un resplandor helado.
Yo seguiré soñando que despierto.
(Ana Isabel Conejo)