lunes, 27 de agosto de 2012

Frágil

No es nada:sombras.
Debes haber soñado.

No eres la niña desaparecida,
las ondas en el agua.

Tus células, lamidas por el dios, de pronto ignoran
su idioma: la sinapsis. ¿Qué es ese balbuceo?
¡No lo escuches!

Flotabas mansamente en tu sopa nutricia
y tu fragilidad hacía llorar.
¿Quién hubiera previsto esta sed de venenos? No hay antídoto
que pueda devolverte la inocencia. 
En ti se están cebando los insectos,
sucia de hojas, enterrada viva.

Y aquí estoy yo diciéndote que no te pasa nada, conteniendo
tu vagido de niña que acaba de nacer.
Oh, enemigo: 
podría ser el ángel que te salvara si supiera cómo.

Poco a poco el sosiego: la mudez
y este cansancio atónito como si hubieras muerto de un orgasmo de pánico.
En tu cuerpo, donde el lorazepam
ha dejado su rastro con dulces lametones,
la vida sigue ahora su curso inexorable.

Has estado muy lejos. Vuelve a ti.

(José Luis Piquero)

martes, 14 de agosto de 2012

En la estación

Un hombre aguarda en la estación
un tren cuyo destino desconoce.
Vuelve todos los días. Se fuma un cigarrillo
contemplando impasible
la avalancha de niños, maletas y paraguas,
el pitido que anuncia la salida,
cómo gime el acero cuando se despereza.
El hombre en la estación fuma tranquilo:
cree que el tiempo corre a su favor.
No sabe que su tren vendrá para llevarle
al silencio de un túnel
en donde los relojes
                            detienen
                                       su latido.

Mientras tanto,
calada tras calada se mira en las cenizas.
Comienza a sospechar
que ver pasar los trenes es ya un poco
deslizarse en su tren hacia ese túnel.

Eduardo García