martes, 14 de agosto de 2012

En la estación

Un hombre aguarda en la estación
un tren cuyo destino desconoce.
Vuelve todos los días. Se fuma un cigarrillo
contemplando impasible
la avalancha de niños, maletas y paraguas,
el pitido que anuncia la salida,
cómo gime el acero cuando se despereza.
El hombre en la estación fuma tranquilo:
cree que el tiempo corre a su favor.
No sabe que su tren vendrá para llevarle
al silencio de un túnel
en donde los relojes
                            detienen
                                       su latido.

Mientras tanto,
calada tras calada se mira en las cenizas.
Comienza a sospechar
que ver pasar los trenes es ya un poco
deslizarse en su tren hacia ese túnel.

Eduardo García  

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