miércoles, 21 de noviembre de 2012

Canción de cuna

                                                             (A mi hermano César)

Voy a dejarte escrito este poema
antes de que se enfríe;
que te enfríes. 

                               Hace viento
y a estas horas ya todo parece una plegaria
pero,
         ¿qué podemos perder?

Mamá ha llorado mucho
aunque tal vez podamos recoger lo derramado
cuando vuelvas. 

                                   Sí, tal vez.

Hoy le he hablado de ti a una hippie quiromante
con novio y besos lentos como un jueves de marzo.
He dicho algunas cosas entrañables y rojas
pero la ingravidez no está de moda.

Venga, vuelve
que es demasiado pronto.
                                         Da otro sorbo
de aire como quien pide otra copa.
Gin con labios cremosos y no hace falta hielo,
ya me entiendes.
Sé que insiste el invierno
pero no estarás solo.

¿Sabes? Te escribo raudo
en esta habitación color memoria
que tú mismo pintaste hace algún tiempo.
Ahora miro mis manos
y me río de los libros.

De pequeños yo te leía historias
sobre piratas, magos o amores mitológicos
pero hoy de qué sirve el sudor de la tinta
en la cárcel del sueño.

El médico nos habla de tiempos de gangrena
y el paro me da igual desde que no respiras. 
Hace varias semanas crujientes que ese lecho
te sabe de memoria. 

                ¡Yo protesto!

La rebeldía no cura
                              pero ahora
qué podemos perder.

Papá dice que voy muy poco a verte
pero ese box de urgencias huele igual que La Antártida
y desde ahí yo miro al mar con empatía.
Aún soy mayor que tú
y conozco los nombres de todas tus heridas
(al pegar mi oído en tierra
mido tus taquicardias).

Venga, que todo pasa
y si no estás de acuerdo
vuelve y lo discutimos.

Sí, sonámbulo,
gritándole a la vida hasta quedarte ciego,
sorprendido,
gastado de viajar sin equipaje o rumbo,
en tren, a nado
guiado por sirenas y el goteo del suero,
deslizándote...
Como tú quieras vuelve.

Guardo para ese instante 
algunas lunas llenas dentro de tu petaca
de plata
            y un abrazo
intenso y de juguete;
de mentira.

Lo escribió Jeannete Winterson:
"Te quiero
siempre es un cita".

Por no hacerle preguntas a esta casa con fiebre
ahora que los letreros de la noche están locos
voy a dejarte escrito este poema
                                                  en tu almohada materna
antes de que te enfríes;
que se enfríe.

(Luis Artigue - poeta leonés)

1 comentario:

Anónimo dijo...

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