domingo, 9 de junio de 2013

Algo llama a la puerta

Una gran luz blanca alborea por todo el
continente 
mientras ensalzamos nuestras fallidas tradiciones,
matamos a menudo por preservarlas
o a veces matamos sólo por matar. 
No parece que importe: las respuestas gravitan
fuera de nuestro alcance,
fuera de control, fuera de sí. 

Los líderes del pasado eran insuficientes,
los líderes del presente son incapaces.
Nos acurrucamos en la cama por las noches y esperamos.
Es una espera sin fe, más bien
una oración por la gracia inmerecida.

Todo se parece cada vez más a la misma película 
de siempre. 
Los actores son distintos pero el argumento es el mismo:
absurdo.

Era de esperar, viendo a nuestros padres.
Era de esperar, viendo a nuestras madres.
Y es que no sabían, tampoco ellos estaban capacitados para 
enseñar.
Fuimos demasiado inocentes para desoír sus
consejos
y ahora hemos hecho nuestra
su propia
ignorancia.
Somos ellos, multiplicados.
Somos sus deudas impagadas.
Estamos en bancarrota 
monetaria y
espiritual.

Hay algunas excepciones, por supuesto,
pero están al borde del
precipicio
y
en cualquier momento
se desplomarán para unirse al resto
de nosotros,
los locos de atar, los maltrechos, los ciegos y los tristemente
corruptos.

Una gran luz blanca alborea por todo el
continente,
las flores se abren ciegas al viento apestoso,
mientras grotesco y a la larga
inhabitable
nuestro siglo XXI
lucha por
nacer.

(Charles Bukowski)

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