martes, 27 de mayo de 2014

Así en el tiempo como en tu boca


Soy una casa abandonada.

Pero una vez hubo muebles, y cartas en sus cajones,
copas en las vitrinas... La belleza iba y venía
por el pasillo con una jarra de limonada.

Afuera se oye el frío y dentro, una hoguera
donde arden mis libros calienta esta nada,
ennegrece las paredes, y el humo espera denso
que abra la boca para asfixiarme.

Una casa abandonada en el barrio de los ausentes,
donde nadie se queda a pasar la noche,
como un lugar equivocado donde un lenguaje único,
sin eco y amarillo, para las despedidas, rebota en las paredes.

Un patio muerto donde se disputan mi desvelo 
las ratas en su desvarío, habitaciones llenas de cicatrices,
ventanas que no saben llorar
porque si supieran, lo harían.

Donde colgaban cuadros, ahora hay preguntas, 
la bañera está repleta de palabras sin paladar
y latas que envejecen, y nuestra cama está llena ya
de enredaderas, desde que tú y yo allí
no nos enredamos.

No provoca al timbre el afilador de cuchillos,
ni vendedores de esperanza, 
ni el que se equivoca a media siesta,
las visitas han encontrado otro refugio
para las tardes de domingo.

Y es que soy una casa abandonada, 
se me oxidó con esta última lluvia tuya,
el corazón, el ánimo,
por eso no abren las cerraduras
para que entre nadie.

(Rubén Tejerina)

No hay comentarios: