sábado, 21 de junio de 2014

Estabas apoyada contra la puerta.
Te pedí un cigarrillo
y me pasaste un paquete arrugado.
Miré dentro. Sólo hay uno, te dije.
Y qué, me dijiste, ¿te da pena?
Nos reímos un rato.
Luego cayeron unas cuantas cervezas.
Después las cosas siguieron su curso:
igual de perdidos los dos,
por qué no perdernos juntos.

(Karmelo C. Iribarren)

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