viernes, 31 de octubre de 2014

Dame una mano que tiemble...

Dame una mano que tiemble,
un misterio desvelado,
unos ojos muy abiertos
frente a mi espejo de plata.
Y un otoño de hoja verde,
un beso fugaz y eterno,
el viento como un susurro
y un río de sueños lleno.
Dame cristales y plumas,
lunas pálidas y mares,
perlas y suaves aromas
y abejas en primavera.
Dámelo todo muy pronto
y yo me iré para siempre.

(Ana María Navales)


jueves, 30 de octubre de 2014

Cuando me ves quemar...

Cuando me ves quemar
barritas de incienso
por la casa,
encender linternas
por oscuros pasillos
o avivar el fuego
junto a las paredes desnudas,
te pones en guardia.
Crees que mi corazón anda
revuelto en primaveras
de sorpresa, que acaso
se ha aventurado por un secreto
pasadizo donde quiere morir
en su última batalla,
lentamente, sobre las ruinas
de aquel edificio junto al mar
que alguna vez fue la vida.


(Ana María Navales)

martes, 28 de octubre de 2014

Ahora el horizonte es sólo lágrima...

Ahora el horizonte es sólo lágrima
y el barco busca su muerte entre las rocas.
Saltan puñales en el agua
como un temblor de noche en la memoria,
pero aún retienes en tu mano abierta
un abanico de luz, una alondra,
audaces canciones que del tiempo escapan.
Una lluvia de espinas más allá de tus ojos,
nada que anuncie la orilla de otros mares,
ríos secretos, los peces que un instante brillan
y dejan caer su luz entre las olas.
Hasta el arrabal de tu sueño de jazmines,
hasta tu torre desnuda de rosas y de labios,
llegan la edad y el frío de tu cuerpo ausente.
Acaso ya para tu viaje no hay camino.

(Ana María Navales)


lunes, 27 de octubre de 2014

La imagen que refleja el agua...

La imagen que refleja el agua
pertenece a un lejano espejo
de otra vida.
No es una nube o una sombra
con la boca abierta al otoño,
a la caricia que el aire arranca de los buitres.
Una palabra puede iluminar la noche
o caer sobre el miedo de un niño
como una piedra en el fondo del estanque
que bajo la luna sueña con ser pájaro.
Otra mujer brilla en el recuerdo,
tiene mis ojos y mis labios,
pero el rostro de agua y el rostro de tierra
no son el mismo
y alguien alza murallas,
separa el sol de ese cuerpo desnudo
sobre el látigo que palpita en las horas.
Nadie oye el grito del animal salvaje
perdido en la decepción del bosque
cuando el camino se convierte en frontera
y el día envejece como un invierno largo
y silencioso.
No hay espejo más frágil que el agua;
imposible colocar este rostro sobre el mío.


(Ana María Navales)

miércoles, 22 de octubre de 2014

Gime la tarde de grises y geranios...

Gime la tarde de grises y geranios
las palomas están quietas y oscuras,
y alguien se adueña de mi vida
y la arrastra más allá del horizonte.
La página es arena
que el aire levanta hacia las nubes
donde se entrelazan las siluetas de los ángeles
cubriendo el vacío con sus alas.
Mi espacio es la huella de un violín callado,
de una mano inmóvil y tendida
a la espera de que el verso la acaricie.
Y pasa el poema sin rozar la tarde
sin haberme mirado
como un niño que crece en la costumbre
de estar solo
y entre viejos juguetes se olvida del mundo.


(Ana María Navales)

martes, 21 de octubre de 2014

Suceden noches

Suceden noches de agonía plena,
en que el sueño es vigilia de ceniza,
latido donde rutas bendecidas
sin horizonte yacen, y te adviertes
ausente de equipaje, paralítica
de esperas, y persistes, y te palpas
muda alondra sin alas y sin nido.

Triste cosa es la noche si el soñar
se espanta, y, en el día,
todas las rosas duermen.


(Rosaura Álvarez)

lunes, 20 de octubre de 2014

Claroscuro

No soy testigo de la luz. Nunca lo he sido.

Inmensa luz nos ciega, si en sombra no te acoges.

En profundos templos de negrura evocas
paraísos de soles vesperales.

¡Hermosísimo sueño,
que concibiendo vibra y gestando abre
volcanes del sentido!
para presentir siempre, augurar.

Lo dulce es el temblor.

Más bella que el día es el alba.

Desengáñate:

La luz total no existe, si belleza;
mas necesario resplandor.

Lo idílico del bosque es la claridad
que las sombras filtran.


(Rosaura Álvarez)

domingo, 19 de octubre de 2014

En el periódico leemos...

En el periódico leemos:

-La poesía parnasiana...
-Se ha desbordado un río...
-Se estrelló otro avión...
-El prisma individual...

Bueno, que se termine el mundo,
dame el anzuelo de tus dedos,
que soy un pez.

(Carmen González Más)


sábado, 18 de octubre de 2014

Todo escapa al final...

Todo se escapa al final.
Hoy me avanzo con fiebre de olvido y de derrota,
con la imagen del humo que de mí fui tallando.
Nadie ha dicho mi nombre desde aquella niñez
fugaz como una sombra,
ni aún después nadie quiso, digámoslo despacio,
deletrear mi ser.
No, ni yo tampoco.
Me negué a pronunciarme
por miedo a que mi voz se extraviase.
Ni quise que mi nombre se pusiera
al alcance del público,
hacerlo mercancía.

Mi Yo se me confunde con mi imagen de ahora
en esta soledad que carcome el desierto.
Las distancias juntaron mis espacios
y me adherí a mi muerte sin saberlo.
El sol se fue ocultando oscuramente
y se fue haciendo tarde. Inmensamente tarde
para inventar de nuevo la que soy.

(María Teresa Cervantes)


jueves, 16 de octubre de 2014

Memoria

Tiempo atrás, vida atrás, me recogí en mi sangre
y aniñé mi esperanza para crear un fruto.
En el tierno silencio de aquellos largos meses
nos mecía a los dos el giro de la tierra.
Después, al alumbrarlo, la tierra se detuvo.

(María Victoria Atencia)


martes, 14 de octubre de 2014

Mujer de Lot

Se te iba haciendo el cuello de sal y la sonrisa
de piedra, y eran páramos los campos
y la ciudad azufre, y habías vuelto el rostro
fuera del orden propio natural (o invitada
por ese mismo orden), olvidando la antigua
dulzura consabida, y supiste de pronto
que era aquel gesto tuyo quien prendía las llamas.


(María Victoria Atencia)

lunes, 13 de octubre de 2014

En una esquina de la espalda

Sí, en una esquina de la espalda.
En una esquina de la espalda
está este nido triste, el sol de ahora
lo va palpando, Buscador; inútil:
no llega el rayo ni el temblor dorado,
hay algo entre cristales muy oculto.
Sí, en una esquina de mi espalda
hay un sol muerto hace miles de años.
Tú, Buscador, abres tu mano larga,
como una venda, como un presagio...
Y salen de tus ojos horizontes.


(Elena Andrés)

viernes, 10 de octubre de 2014

El secreto

Otros aman el agua y sus mentiras: los soñados abismos donde el coral esconde sus navajas y baila el tiburón su vals mortal y sonriente. Otros aman el agua: la engañosa nevada que promete un albo porvenir cuando lo cierto es que el futuro, inevitablemente, nos ahoga en fango. Y también, desde luego, están los visionarios, los que con desesperación buscan el espejismo de una deslumbradora cosecha de estalactitas, de translúcidas, duras y permanentes estalactitas. Son los eternos náufragos vivientes, los jardineros del profundo abismo, sonámbulos recolectores de medusas, cuidadores de légamos y cefalópodos. Desterrados del aire, han convertido su destino en vocación constante de bautismo, en rito permanente de limpieza.
En cambio tú, criatura de las sombras, amaste el fuego y sus liquidaciones. Amaste el resplandor de las entrañas, la pantera voraz de la lujuria. Delmira de la lava y la erupción, Delmira del rescoldo en fuga, del fuego calcinante. Amaste el terremoto de la carne candente que jamás perdona, que no consiente pausas ni abandonos. Amaste el fuego porque eras el fuego, adoraste el volcán porque eras lava. Y acabaste tu vida como las estrellas: una noche cualquiera, allá en los cielos, tu vida reventó como una nova. Te llevaste a los astros tu secreto. Tal vez en un tiempo futuro tu luz nos ilumine y entendamos, por fin, cómo vive una estrella en el oscuro reino de la muerte.

(Francisca Aguirre)


miércoles, 8 de octubre de 2014

Hace Tiempo

Recuerdo que una vez, cuando era niña,
me pareció que el mundo era un desierto.
Los pájaros nos habían abandonado para siempre:
las estrellas no tenían sentido,
y el mar no estaba ya en su sitio,
como si todo hubiera sido un sueño equivocado.

Sé que una vez, cuando era niña,
el mundo fue una tumba, un enorme agujero,
un socavón que se tragó a la vida,
un embudo por el que huyó el futuro.

Es cierto que una vez, allá, en la infancia,
oí el silencio como un grito de arena.
Se callaron las almas, los ríos, y mis sienes,
se me calló la sangre, como si de improviso,
sin entender por qué, me hubiesen apagado.

Y el mundo ya no estaba, sólo quedaba yo:
un asombro tan triste como la triste muerte,
una extrañeza rara, húmeda, pegajosa.
Y un odio lacerante, una rabia homicida
que, paciente, ascendía hasta el pecho,
llegaba hasta los dientes haciéndolos crujir.

Es verdad, fue hace tiempo, cuando todo empezaba,
cuando el mundo tenía la dimensión de un hombre,
y yo estaba segura de que un día mi padre volvería
y mientras él cantaba ante su caballete
se quedarían quietos los barcos en el puerto
y la luna saldría con su cara de nata.

Pero no volvió nunca.
Sólo quedaban sus cuadros,
sus paisajes, sus barcas,
la luz mediterránea que había en sus pinceles
y una niña que espera en un muelle lejano
y una mujer que sabe que los muertos no mueren.

(Francisca Aguirre)



martes, 7 de octubre de 2014

Paisajes de papel

Aquella infancia fue más bien triste.
Ser niño en el cuarenta y dos parecía imposible.
Nuestra niñez era una mezcla de comprensión y aburrimiento.
Éramos serios y aburridos.
Recuerdo aquellas tardes; eran como el mundo era entonces:
sin resquicios y tristes.
Veo a mis pocos años observar con ahínco,
tras el cristal opaco, la calle larga y gris:
el sol estaba lejos y era lo único barato,
lo único que traía alegría sin exigirnos nada.
Veo a mi niña, adulta y consecuente
con un programa bien trazado:
crecer, crecer muy pronto, darse prisa
-ser niño era una carga demasiado pesada
para nosotros y para los grandes-.
Sólo en verano el mundo parecía asequible,
durante tres o cuatro meses saltar, correr, era la vida.
Lo gris volvía siempre muy pronto.
Un día amanecimos lentas, crecidas,
llenas de miedo, de presente.
Buscábamos palabras en el diccionario
con el afán de comprenderlo todo:
necesitábamos hacer lenguaje.
Algunos nos miraron con asombro,
decían que éramos inteligentes.
Nosotras, durante los dolientes domingos
dibujábamos inseguros paisajes.
Durante mucho tiempo ésas fueron todas mis excursiones.
Salir a un campo que no fuera pintado
suponía gastar unos zapatos.
Salir, salir, ése era el sueño,
abolir a las trenzas, inaugurar la barra de labios:
¡mi reino por un trabajo!

¿Cómo rendir ahora un homenaje a aquellos días?
¿Cómo añorarlos sin desconfianza?
Se arrugaron, igual que los paisajes de papel,
mientras crecíamos hacia este desconsuelo que hoy nos puebla.

(Francisca Aguirre)

lunes, 6 de octubre de 2014

A golpe de remo


A golpe de remo,
a golpe de mar,
te alejas entre brumas.

Un día,
hermano mar,
me llevarás al fondo,
seré pastor de algas,
de peces y corales.

Cuando me esté extinguiendo
buscaré caracolas que te lleven mi eco,
que te acerquen mi ruego,
y si la espuma crece,
serán palabras mías,
telegramas de muerte.

(Carmen González Más)


Muñeca rota


¿Qué me intenta decir tu deterioro? Vente,
muñeca frágil y doliente y herida,
sin faldones que cubran tu cuerpo descompuesto,
sin un alma mecánica que te cubra, desastre
de los años y el trato.
No me aparté de ti; nos apartaron
convenciones y usos: no era propio quererte,
y hoy pienso que otras manos te han mecido en exceso.

(María Victoria Atencia)


domingo, 5 de octubre de 2014

Life-Boat

Hay siempre una galerna
en el rincón del lienzo por donde el mar se rompe,
que nos fuerza a adentrarnos
en busca de la vida,
aunque después las olas
devuelvan nuestros restos contra el embarcadero. 

(María Victoria Atencia)

El Conde D.

Cada noche te espero desde antes de acostarme,
y cuando sobrevienes, agregada presencia
a mi quehacer, pareja de topacios que rompe
contra la piedra azul serena de los míos, 
dócilmente interrumpo mi sueño y, pues prefieres
las sombras, me levanto y cierro las cortinas.
Ya puedes reclinar tu cabeza en mi hombro
y aposentar tus dientes con su sed en mi aorta,
boá de Transilvania que me cercase el cuello. 
El mosto de la muerte con su empacho te alienta.
Me voy quedando fría en tanto que amanece
y sorbes acremente mi paz a borbotones. 

(María Victoria Atencia)

sábado, 4 de octubre de 2014

Epílogo

¿Y qué pasa cuando un día te levantas y ves que todo ha desaparecido? Las cosas están en su sitio, pero no tienen existencia. Miras la cuchara y el plato y sabes que no sirven. Te acercas al balcón y el aire no te llega. Tal vez el mundo no ha sido más que una alucinación, o mejor todavía, un espejismo, puesto que lo que te rodea es el desierto. Miras, qué vas a hacer sino mirar. El cansancio te ha convertido en una fiera muda. Pero eres una fiera pacífica, domesticada por algo que debió formar parte de lo que se ha ido. Y con todo ello ha debido marcharse también algo de ti. Algo que ni siquiera echas de menos, porque el cansancio te ha horadado y ya sólo ocupan tu ser los agujeros. 
Miras en torno tuyo los enseres y sospechas que en un tiempo fueron tal vez tu reino. ¿Tu patria fueron estas desahuciadas materias? Los opacos cojines, los muebles deslustrados, el tiempo apacentándose entre manteles y cortinas.
Una lluvia desapacible te pega el pelo sobre el rostro. Arrastrando los pies llegas a la ventana; tal vez si consigues abrirla el agua fluirá hacia fuera. Pero te quedas con el rostro pegado a los cristales. Hoy todo está vacío, las ventanas no dan a ningún sitio. Cúbrete la cabeza con cualquier harapo y espera, espera entre tus pertenencias: la noche está cayendo y es posible que mañana las cosas vuelvan a su antigua historia y este páramo desolado sea, alguna vez, tu tierra prometida. 

(Francisca Aguirre)

jueves, 2 de octubre de 2014

Reserva natural



Con todo lo que hay dentro de mí
que araña, que se queja,
que duele y se resiste,
con todo eso voy a hacer mi invernadero,
mi parque, mi reserva natural. 
Así nadie podrá acusarme 
de atentar contra la continuidad de la especie.
En mi reserva
pastarán las fieras
y crecerán las plantas carnívoras;
allí estarán desde el insecto al cocodrilo
todas mis conocidas bestias,
y yo me encargaré de su alimento y su custodia.
Pero sabedlo,
la entrada está prohibida. 
Mis animales y mi selva
no son para turistas o estudiantes,
mis animales pueden matar:
extranjeros,
no rocéis la puerta.
Pasad, pasad de largo,
es peligrosa esta reserva.

(Francisca Aguirre)