lunes, 10 de noviembre de 2014

Esperando mi vuelta

A dónde vas, jugando a ser eterna,
pisando sin cuidado el mar,
sin el menor pudor,
con la misma certeza de quien anda por casa.
Eres un ser alado, sin células apenas,
el pelo largo como tu osadía,
y esas manos a tientas
llevándote a destiempo la luz de la mañana.
El cuerpo, con los miedos que te quedan,
lo dejas en la arena.
Te agarro por los hombros del espejo;
no me engañes
ni me vuelvas la cara:
buscas el paso firme de la dicha
en un plato final
definitivo,
sin una carga de sombras a su espalda.
Tú sabes que no existe,
chíllalo,
estrújate de rabia.
Luego sigue buscándolo,
cuélate sin entrada en el palco de la vida,
no me bajes la guardia.
Y no vuelvas sin él,
que yo estaré en el muelle de mis vértigos,
vestida de tu cuerpo
esperándote,
para llevarte a casa.

(Blanca Sarasua)


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