miércoles, 18 de noviembre de 2015

La jaula

Afuera hay sol.
No es más que un sol
pero los hombres lo miran
y después cantan.

Yo no sé del sol.
Yo sé la melodía del ángel
y el sermón caliente
del último viento.
Sé gritar hasta el alba
cuando la muerte se posa desnuda
en mi sombra.

Yo lloro debajo de mi nombre.
Yo agito pañuelos en la noche
y barcos sedientos de realidad
bailan conmigo.
Yo oculto clavos
para escarnecer a mis sueños enfermos.

Afuera hay sol.
Yo me visto de cenizas.

(Alejandra Pizarnik)

viernes, 13 de noviembre de 2015

señor, ¿qué jaula?

Señor, la jaula se ha vuelto pájaro. Qué haré con el miedo.
Alejandra Pizarnik                               

       Tengo una habitación con vistas a la misma habitación. Cada vez que la desordeno encuentro algo. Todas las cosas que aparecen siempre habían estado allí.

¿Cuántos años de mala suerte trae un espejo que ya estaba roto cuando llegué?

Cada vez que la desordeno tiro todo lo que creo no saber cuál es su lugar.
Cuando quiero guardar algo y no encuentro espacio, duermo todas las horas que hagan falta para estirarme lo suficiente por la mañana; pero nunca es suficiente. Y siempre despierto estirándome y rodeada de cosas sin guardar.
Estoy llena y los mortales presumen de vacío.

Estaba escribiendo "saturación existencial" en un cuaderno cuando dejó de sonar el teléfono.
Siempre cojo los números ocultos porque nada me parece más inteligente que esconder una cifra. Sé que eres tú.
El silencio es tan absoluto...

Te he dicho sí tantas veces...
-¿Sí?
-¿Sí?
-¿Sí...?

Al tercero siempre me cuelgas. Por eso también he tirado todas las banquetas.
No quiero morir observada, pero nunca se rompe del todo el espejo.
Allí, un montón de yos apuñalan a la enferma confundiendo a ésta con la enfermedad; mientras la enferma, cada vez más pequeña, desaparece. Y un montón de yos se apuñalan.

Por la ventana de mi habitación veo mi habitación. Los mismos cuadros para evitar el círculo, los mismos libros. Sólo quise leer cien años que no fueran de soledad.
El poema número veinte se escribió mucho después que los versos más tristes y eso que todavía están por escribir.
Alguien está haciendo una canción feliz, desesperada. Los muertos están donde tengo que estar y si es orden no puede ser correcto.

Soy un 60% hielo,
el resto de mi cuerpo: un barco.

Alejandra, la jaula siempre fue un pájaro que enterraste vivo.

Yo me quedaré con el miedo.

(Irene X)

                                    
En vista de que la Junta de Castilla y León nos la ha vuelto a jugar, esta vez cancelando las oposiciones 10 días antes del examen, retomo la actividad del blog. 


jueves, 21 de mayo de 2015

Pausa

Este blog permanecerá en "Stand-by" por preparación de oposiciones. 
Un saludo

lunes, 20 de abril de 2015

Día de limpieza

De qué sirve que limpie el polvo
de las estanterías.
De qué sirve recoger las pelusas
de los rincones.
Para qué sacudir las sábanas
barrer bajo la cama
pasar la aspiradora.

Hay un polvo que viene de afuera
que la ciudad expulsa con sus toses.
Y hay otro desprendiéndose de mí
que cae como terrones de barro
cada vez que abro el puño
y suelto una certeza.

(Ana Pérez Cañamares)

lunes, 23 de febrero de 2015

Cuarto de la costura 42

-Casi primavera-

Así, sin tapujos, dime: ¿cuánto tiempo de vida me quedas?
¿tú quién te has mentido que eres para creerme a mí?
He pasado la noche comiendo pipas por si mañana apareces
para decirme que me saben los labios a arrecife desde el desierto.

Me invade una curiosidad en serie
y de tu pelo nacen gatos cazando mariposas
quiero ser el cuervo que te bese los párpados antes de dormir
mientras no finges tranquilidad.

Sólo Dios sabe, pero yo intuyo
que en otra vida fui dos mujeres
y tuve que matar a esa parte de mí
a la que le dijiste te quiero
antes de volver a decírmelo.

No soy celosa, soy empática.

Y así,
empática perdida,
pienso en quién necesita un motivo
cuando se tienen dos hoyuelos,
el cuarto de costura de las heridas,
la innecesidad de saber qué vomitan hoy en la tele
y el mando de los estados de ánimo esperándome en el sofá.

Tú ganas
vas en contra del resto,
pero juegas conmigo.

Hazme daño,
"la poesía no será televisada"

(Irene X)

martes, 10 de febrero de 2015

Madre

Corta la madre el cordón umbilical,
mas no renuncia al vínculo.
Te empuja a la otredad
pero desesperadamente bebe en tu vida
pues en ella
terrible
y mutilada
su entraña
aún palpita.
¡Qué deuda irreparable la del hijo!

Y sin embargo, a veces, al pasar
la página del libro de los días,
se rasga, fiera, el vientre,
y te envuelve una vez más en su carne
para que no te pierdas,
para que no te mueras
solo,
como un náufrago abandonado al pánico
en el inmenso océano.


(Clara Janés)

viernes, 6 de febrero de 2015

tres mil latidos y doscientos litros de sangre

Si pudiera multiplicarme
pasearía contigo
dándote las dos manos.

Quiero decir,
si pudiera ser dos yo,
yo dos veces
-entiéndeme-
un alma repetida
como el rizo que se enreda entre dos dedos
y pareciera un meñique
o los labios
que abrieran paso a una lengua
que precediera a un beso
que se duplicara buscando la eternidad,
colonizaría tu hoy y tu mañana,
te esperaría donde estarías
y donde querrías estar,
te extrañaría
viendo cómo tus besos crean goteras en mis pestañas
y al mismo tiempo te dibujaría labios
llenos de saliva
en el centro de tu dedo corazón.

Si pudiera redoblarme
nos observaría desde fuera
como quien mira a los ojos de la muerte
con envidia.

Si pudiera estar aquí y allí
estaría en ti y en ti,
prendería fuego a Troya
mientras te regalo París,
te miraría dormir
y al mismo tiempo soñaría contigo.

Ya sabes a lo que me refiero,
si pudiera engañar a las coordenadas
crearía un mapa donde solo cupieran
tus dedos de los pies
y esta necesidad mía de seguirte a todas partes.

Si pudiera ser la misma en dos mitades,
amor,
te vestiría con el mismo nerviosismo
con el que me dejas desnudarte,
limaría mis errores
para que el tropiezo fuera suave
y sería a la vez precipicio e impulso
de todos tus miedos.

Si pudiera,
mi amor,
convertiría todo lo que ahora es singular
en plural.

Pero no puedo,
así que has de conformarte
con lo único que puedo hacer:
quererte
-no el doble, ni por dos, ni al cuadrado,
sino con la fuerza de un ejército 
de tres mil latidos y doscientos litros de sangre
que queriéndote dar más de lo que tiene
te da todo lo que es-.

(Elvira Sastre)

jueves, 5 de febrero de 2015

-Casi nieve-


Ojalá eso aquí.
Aquí casinieva.
Y las terrazas bonitas parecen neveras cubiertas de escarcha
repletas de mí
Mi medio limón está podrido y solo.
No me envidia.
Ella lo llama "Laponias ficticias"
pero el frío es tan cierto
que no podría tocarla con los dedos.

Es bonito ese lugar.
Ojalá estuviese aquí otro.
Aquí casiduele
Aquí casi todo son limpialágrimas en los cristales
Tu nombre en las lunas de los coches rojos parece mi sangre
Y en el cielo ninguna se atreve a quedarse esta noche
Aquí casi nunca se preludian unicornios o
se proclaman ganadores,
Aquí casi siempre desafina victoria
y ni paz
ni Gloria
ni yo
usamos nuestros verdaderos nombres.

Aquí las estaciones
son bolas de helado en mis manos quemadas
que pegajosas,
dejan soñar a los insectos que sobrevivieron al fuego.
Aquí casi 24 horas
jugando con hielo
metiéndome en el saco,
de aquel hombre sucio
que asusta a las niñas buenas que no pueden dormir.

Aquí casi desaparezco
en una fotografía en blanco y blanco.
Muestro una sonrisa humillada,
tan desconocida de mis conocidos
que parezco casifeliz
aquí casi triste.

Aquí casi siempre
El tesoro te señala a ti en el mapa
Las monedas salen de la fuente a pedirte un deseo
Y yo me quedo con las ganas.

Ojalá un sólo aleteo de tus pestañas allí
provoque un huracán a este lado del mundo
y no te dé tiempo a darme la vuelta en ochenta noches.

Ojalá eso aquí
aquí casinieva,
aquí casi nada.


(Irene X)


domingo, 1 de febrero de 2015

Impuntualidad

Habíamos quedado a las dos
de todos los días del año
en el que no apareciste.

Tú siempre tan puntual
en algún lugar del mundo
en el que yo ya no te espero 

(Irene X)

miércoles, 14 de enero de 2015

Sobre la competencia

Cuanto más alto llegas
mayor es la presión.

Quienes consiguen
soportarla
aprenden
que la distancia
entre la
cumbre y el
fondo
es
obscenamente 
grande.

Y quienes
triunfan
conocen
el secreto:
que no hay
ninguno.

(Charles Bukowski)

lunes, 12 de enero de 2015

La capa de todos los superhéroes

Hagamos un trato:
tú levántate de la cama
como si quisieras salir antes que el sol
y yo haré como que no miro
mientras decides
qué color combina hoy más con tu sonrisa.

Despéinate,
mientras yo me froto el sueño de los ojos
solo para ver si sigues ahí
o te has quedado en mi insomnio,
y déjame decirte
que eres la chica más guapa que he visto hoy
-sí, el día acaba de empezar
y ya sé que serás la más bonita-.

Levántate
cinco minutos antes
solo para tumbarte conmigo diez minutos más,
murmura que llegas tarde a trabajar
sin soltar mi mano,
bésame
como si acabaras de verme
y déjame besarte
como si fueras mi desayuno,
que algo tengo que hacer
con este hambre de sueños
y de ti
con el que me levanto
cuando duermo contigo.

Haz la cama conmigo dentro
y vuélveme a decir eso
de que durmiendo conmigo
aprendiste a soñar.

Déjame
darte los buenos días
metiéndote mano antes de irte
para que lluevas
y pueda salir el arcoíris
-por si no te lo había dicho nunca:
los días son preciosos
cuando los pintan tus piernas-.

Escríbeme 
nada más irte,
échame de menos
y llena la carretera de suspiros, 
déjame un mensaje
en el espejo del baño
y dime que vas a volver
porque tienes que terminar
todos los besos a medias
que se han quedado en mi boca.

Y por favor,
sonrójate,
nunca dejes de hacerlo,
que tus mejillas dan color al precipicio gris que nos espera
al borde de la cama,
y vienes siendo necesaria
para sobrevivir:
ya lo sabes,
debajo de tu uniforme del trabajo,
en algún lugar entre el tacto de tu camisa
y la piel que te envuelve,
escondes la capa
de todos los superhéroes

(Elvira Sastre)

A la espalda

Sigues teniendo la misma mirada
que tienen
los que lloran a escondidas
y a gritos.

Tu rostro es
un trozo de pena arrancado
de algún domingo, 
un cúmulo de ruidos
que sólo son silencio,
una senda de cicatrices
que empiezan en tus manos
y se agrandan en tus aristas,
que son tantas como bemoles
colman tu vida.

Sé que te sigues acordando de mí
las tardes de otoño,
que se te empequeñece el corazón 
cuando llueve
porque has olvidado 
cómo te ardió el pecho
cuando te cogí con mis dos manos
y te hiciste un ovillo herido,
que miras al suelo
cuando caminas
porque ahora prefieres pisar el presente
y dejar de vislumbrar futuros.

También sé
que sigues guardando secretos
para quien venga
-guárdate bien,
sigues siendo el mejor que tengo-.
Que tu felicidad consiste en el descanso
y que sólo bailas cuando estás despeinada.
Que encuentras placer
al lamerte las heridas,
que te cuesta decir adiós para siempre
porque en tu espalda está toda tu historia.

Claro que lo sé, 
amor.

Me bastó mirarte una vez
a través de todos tus cortes, 
de tus excusas y de tus huidas,
de la velocidad de tu acento,
de tus palabras puestas porque sí,
de las frases escritas a media voz,
de los mensajes a destiempo,
de tus ojos rearmados hasta los dientes.

Me bastó mirarte una vez,
la primera,
para llevarme toda tu tristeza a mis ojos
y no poder mirarte de otro modo,
y no poder ser de otra manera,
y que no pudieras ser de otra forma.

Pero yo te quise así
y tú quisiste que te quisiera así.

Eres mi tristeza más pesada,
una losa de pena a la espalda.

Pero en ocasiones, 
amor, 
a veces,
me recuerdo feliz a tu lado,
te rememoro feliz a mi lado.

Y entonces lo entiendo todo.


(Elvira Sastre) 

jueves, 1 de enero de 2015

Licor de ausencia (90º)

Me bebí lo nuestro de un trago.
Me bebí lo nuestro y no quedó una gota.
Traté de correr cuando los cuervos del después
me dieron a probar el licor de la despedida
y no pude escapar.
En el bar de los despojos ingerí una mezcla alegre
para corazones pisoteados
pero me quedé aún más torcido.
Borracho en medio de la soledad te maldije
y grité mala puta al cielo
-pero me refería a ti-.
No es que te siga odiando en realidad,
nunca llegué a hacerlo.
Es sólo que hace varios años 
que ya acabó la fiesta de tu cuerpo
y aún me dura la resaca. 

(Marwan)

Envíame una carta



Envíame una carta, aunque se pierda.
Envíame unas velas encendidas, no sé,
un monte por ejemplo, que me mire desde arriba.
Envíame sonatas, pergaminos,
capiteles corintios que apuntalen
esta luz de la tarde
que resbala.
Algo de Brahms, el mar y su epicentro.
Banderas, sin mancharse de colores,
que se puedan pintar como se quiera.
Y sobre todo aire, sin cauces, aire suelto.

De momento la carta, aunque se pierda.


(Blanca Sarausa)