lunes, 12 de diciembre de 2016

Nocturno

No fue sino alucinación.

De madrugada, entumecido
por el insomnio, huí del lecho con un abrigo
sobre el pijama, con mis treinta años
tras de mí pidiendo socorro,
y el paso suave, clandestino,
para que no despierten los seres que amo.

Una alucinación.

Empecé a intentar rescatarme
en mis objetos y en mis hábitos:
puse Beethoven, encendí un cigarrillo,
despacio consumí un vaso de leche;
acaricié los libros;
contemplé las fotografías
de los muertos que no olvido nunca:
Antonio Machado, en la época de Guiomar;
Dostoyevski, consumido por su epilepsia,
su época, su fiebre, su amor;
Pavese, limpiando unas gafas
hacia mil novecientos cincuenta;
César Vallejo, escamoteando
su atroz ternura en un gesto increíble,
indispuesto de ojeras, agraz;
Kafka y sus pupilas de negro mercurio,
y Chopin sorprendido por Delacroix.
Reunidos.

Miré, toqué; caminé mi despacho;
escuché; buscando sosiego.
Miré de nuevo, fumé más aprisa,
no acababa de encontrar el calor.
Me fui a contemplar el sueño
de mi mujer y de mi hija.
Regresé. Todo esto es mío.
Yo soy de todo esto.
Que no se rompa.

Iba y venía, tocaba, miraba, para sobrevivir.
Mas por debajo de mi conciencia
algo buscaba una rendija,
algo pugnaba contra las paredes
de mi equilibrio y de mi libertad.
Fue una alucinación.
Con el vaso en la mano,
el torpe abrigo, las zapatillas,
miré mi vaso, miré esta casa,
miré estos años, miré aquella música,
y alguien al fondo pronunció
con mi voz y mi historia:
"qué hago yo aquí".

(¿Qué era "aquí"? ¿mi despacho?
¿mi profesión? ¿la tierra? ¿mi existencia?
Extrañado y sereno,
con el vaso en la mano. Otro.
Era horrible: fui otro.)

Fue una alucinación. Pasó.

Pasó. Las fotos, los objetos, la música,
la respiración confiada
de los que amo, sus bienaventurados
cuerpos dormidos, la penumbra,
todo inició un lento regreso,
todo eso me lamía las manos,
me entregaba las manos
para que las lamiera. Cayó el otro
a las profundidades. De nuevo
mi conciencia conmigo,
los míos conmigo. Mis vivos y mis muertos.

(Fue una alucinación y tengo miedo.
temo volver a ser, otra vez, ese hombre)

(Félix Grande)

No hay comentarios: