lunes, 16 de enero de 2017

Recuerdo que llegaste del mismo modo que a una despedida;
igual que el día pugna por abrirle
un minuto a la noche.
Como un encuentro en primeras nupcias
la memoria descansó
la inquietante extensión de sus abriles. 
Tuve que invocar oscuras razones,
recordarte, por ejemplo,
que tal vez nos miramos en la infancia
y que acaso pudimos olvidarlo.

(Juan Gracia Armendáriz)

domingo, 1 de enero de 2017

La loba



A veces contigo, hija,
la piel se me eriza de loba
y de repente veo nuestra casa
bajo la luz hueca de una madriguera.

Quizá es por el calor húmedo
que guardas en los pliegues del cuello
y que convierte tu pelo en raíces desnudas;
o porque cuando duermes a mi lado
tu espalda se dobla alomada
y se acopla como el feto que fuiste a mi vientre.

Todo es intemperie a nuestro alrededor.
Solas, animales entre animales y tanto árbol
tantas sombras a las que les busco parecidos
para disimular mi miedo.

El bosque me persigue hasta los sueños
y a veces te gruño porque entre tú y yo
se interponen los peligros que no puedo ahorrarte.
Son necesarios los espectros, los hijos que nunca tuve;
suyo es el idioma de las hojas
suya la voluntad para escarbar en lo podrido
en lo oscuro aprenden a ralentizar el tiempo
y tener la edad de lo que no muere.
Gracias a ellos tú y yo disfrutamos
de los claros de luna y las mariposas.
Mi niña, mi cachorro, enseñarte a morder
es procurarme nuevas heridas.
En tu piel tienes el recuerdo de mis cicatrices
y no te confunde el pelo que ha crecido sobre ellas.

Te enseño a cazar y no te cuento de mi hambre.
Descanso siempre atenta a la respiración del bosque
mientras me duelen mis cachorros
el que hiberna dentro de mí
y tú ovillada sobre tu propio aliento.

Al final de la noche
-cuando con precisión la luna ilumina
los gestos que nos hermanan-
no soy la loba que crees
ni la que yo te quisiera.
Sólo soy la que aúllo a través de los huecos
del paisaje que quise dejarte talado
mientras me distraían mi propia hambre
los rastros de cazadores
o el olor profundo de algún macho.
Al final de la noche
sólo me conformo con esconder las uñas en cada caricia.

(Ana Pérez Cañamares)