domingo, 10 de diciembre de 2006

10 de diciembre de 2006





El visitante me abrazó, de nuevo
era la juventud que regresaba,
y se sentó conmigo. Un cansancio
venía de su boca, sus cabellos
traían polvo del camino, débil
luz en los ojos. Se contaba a sí mismo
las tristes cosas de su vida, casi
se repetía en él mi pobre vida.
Arropado en las sombras lo miraba.
La tarde abandonó la sala quieta
cuando partió. Me dije que fue grato
vivir con él (la juventud ya lejos),
que era una fiesta de alegría. Solo
volví a quedar cuando dejó la casa.

Vela el sillón la luna, y en la sala
se ven brillar los astros. Es un hombre
cansado de esperar, que tiene viejo
su torpe corazón, y que a los ojos
no le suben las lágrimas que siente.


(F. Brines)

2 comentarios:

Silvia dijo...

Todos en algún momento nos hemos cansado de esperar. Decía Neruda que: ¿Sufre más aquél que espera siempre que aquél que nunca esperó a nadie?.
Pero lo que más me gusta de la poesía de Francisco Brines es que escribe con "ojos de juventud".
Gracias por compartir con nosotros este precioso poema.

gonzalovillar dijo...

eres un ángel?