miércoles, 22 de octubre de 2014

Gime la tarde de grises y geranios...

Gime la tarde de grises y geranios
las palomas están quietas y oscuras,
y alguien se adueña de mi vida
y la arrastra más allá del horizonte.
La página es arena
que el aire levanta hacia las nubes
donde se entrelazan las siluetas de los ángeles
cubriendo el vacío con sus alas.
Mi espacio es la huella de un violín callado,
de una mano inmóvil y tendida
a la espera de que el verso la acaricie.
Y pasa el poema sin rozar la tarde
sin haberme mirado
como un niño que crece en la costumbre
de estar solo
y entre viejos juguetes se olvida del mundo.


(Ana María Navales)

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