Dame
una mano que tiemble,
un
misterio desvelado,
unos
ojos muy abiertos
frente
a mi espejo de plata.
Y un
otoño de hoja verde,
un
beso fugaz y eterno,
el
viento como un susurro
y un
río de sueños lleno.
Dame
cristales y plumas,
lunas
pálidas y mares,
perlas
y suaves aromas
y
abejas en primavera.
Dámelo
todo muy pronto
y yo
me iré para siempre.
(Ana
María Navales)
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