Mostrando entradas con la etiqueta Ana Pérez Cañamares. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Ana Pérez Cañamares. Mostrar todas las entradas

domingo, 24 de octubre de 2021

 En los partos todo es túnel:
las palabras no sirven de nada
para atravesar umbrales.

Del mío puedo contar
que lo anuncié como si fuera
el concierto de un grupo punki.
Duró lo que poco antes
habría durado yo de marcha
-dos días con sus noches-.
Acompañantes y matronas
se impacientaron conmigo
porque yo olvidaba mi tarea:
ser toda cueva abierta
instigar el deseo de aire.
La bañera parecía cómoda
para parir en los documentales
pero en el agua yo no era etérea
sino pesada como un fardo de hachís.

No fui pez, sino mamífera
al dar a luz a cuatro patas.
Y aunque escupí tantas palabrotas
que parecía que expulsaba un demonio
mi hija al salir solo gimió:
cachorro molestado en su descanso.
La mayor sorpresa fue ver
que estaba acabada y pulida
como si la hubiera encargado
en una tienda de juguetes. 
Y la mayor alegría
-y el primer sacrilegio-:
que el dolor cesara.

Una colección de anécdotas
que no podrían ayudar a nadie
porque no hay parto ejemplar
en ninguna tradición.
En el parto -como en la agonía-
nosotras, las madres, estamos solas.
Padres, matronas, todos
quedan al otro lado de un cristal.
Y hasta que el llanto o el gemido 
del bebé lo rompe, en el reflejo
solo vemos nuestra cara desnuda.

Después vendrán las máscaras. 


(Ana Pérez Cañamares)

jueves, 1 de abril de 2021



Todas las perras que en el mundo han sido
venimos esta noche a tu ventana. 
Sin collares, con pulgas, cicatrices
barro en las patas, sangre en pezuñas
de cada sombra una perra emerge.

Nos quitaron camadas, nos pusieron cadenas. 
Nos dejaron sin linaje ni genealogía.
Para poblar sus fincas les parimos esclavos. 
Pensaron que abandono sería igual a muerte
pero de las cunetas aprendimos memoria.

Sé fiel a los ladridos: alimenta a tu loba.
Obedece la brújula en tu hocico. 
Apunta las orejas siempre al cielo.
No disputes la caza con tu hermana.
No des a luz cómplices: enséñales colmillos.

Y así hallarás en ti lo que tienes de manada. 

(Ana Pérez Cañamares)




domingo, 1 de enero de 2017

La loba



A veces contigo, hija,
la piel se me eriza de loba
y de repente veo nuestra casa
bajo la luz hueca de una madriguera.

Quizá es por el calor húmedo
que guardas en los pliegues del cuello
y que convierte tu pelo en raíces desnudas;
o porque cuando duermes a mi lado
tu espalda se dobla alomada
y se acopla como el feto que fuiste a mi vientre.

Todo es intemperie a nuestro alrededor.
Solas, animales entre animales y tanto árbol
tantas sombras a las que les busco parecidos
para disimular mi miedo.

El bosque me persigue hasta los sueños
y a veces te gruño porque entre tú y yo
se interponen los peligros que no puedo ahorrarte.
Son necesarios los espectros, los hijos que nunca tuve;
suyo es el idioma de las hojas
suya la voluntad para escarbar en lo podrido
en lo oscuro aprenden a ralentizar el tiempo
y tener la edad de lo que no muere.
Gracias a ellos tú y yo disfrutamos
de los claros de luna y las mariposas.
Mi niña, mi cachorro, enseñarte a morder
es procurarme nuevas heridas.
En tu piel tienes el recuerdo de mis cicatrices
y no te confunde el pelo que ha crecido sobre ellas.

Te enseño a cazar y no te cuento de mi hambre.
Descanso siempre atenta a la respiración del bosque
mientras me duelen mis cachorros
el que hiberna dentro de mí
y tú ovillada sobre tu propio aliento.

Al final de la noche
-cuando con precisión la luna ilumina
los gestos que nos hermanan-
no soy la loba que crees
ni la que yo te quisiera.
Sólo soy la que aúllo a través de los huecos
del paisaje que quise dejarte talado
mientras me distraían mi propia hambre
los rastros de cazadores
o el olor profundo de algún macho.
Al final de la noche
sólo me conformo con esconder las uñas en cada caricia.

(Ana Pérez Cañamares)

lunes, 20 de abril de 2015

Día de limpieza

De qué sirve que limpie el polvo
de las estanterías.
De qué sirve recoger las pelusas
de los rincones.
Para qué sacudir las sábanas
barrer bajo la cama
pasar la aspiradora.

Hay un polvo que viene de afuera
que la ciudad expulsa con sus toses.
Y hay otro desprendiéndose de mí
que cae como terrones de barro
cada vez que abro el puño
y suelto una certeza.

(Ana Pérez Cañamares)

viernes, 6 de junio de 2014

Lanzamos mensajes de texto
correos electrónicos
entradas en bitácoras

igual que los náufragos 
lanzaban al mar sus botellas.
Pedimos que nos rescaten

de nuestras islas sin playas.
Como siempre, hay mareas
turistas y mirones numerosos

y sólo de vez en cuando
uno entre la multitud
entiende nuestra letra.

(Ana Pérez Cañamares)