No fue sino alucinación.
De madrugada, entumecido
por el insomnio, huí del lecho con un abrigo
sobre el pijama, con mis treinta años
tras de mí pidiendo socorro,
y el paso suave, clandestino,
para que no despierten los seres que amo.
Una alucinación.
Empecé a intentar rescatarme
en mis objetos y en mis hábitos:
puse Beethoven, encendí un cigarrillo,
despacio consumí un vaso de leche;
acaricié los libros;
contemplé las fotografías
de los muertos que no olvido nunca:
Antonio Machado, en la época de Guiomar;
Dostoyevski, consumido por su epilepsia,
su época, su fiebre, su amor;
Pavese, limpiando unas gafas
hacia mil novecientos cincuenta;
César Vallejo, escamoteando
su atroz ternura en un gesto increíble,
indispuesto de ojeras, agraz;
Kafka y sus pupilas de negro mercurio,
y Chopin sorprendido por Delacroix.
Reunidos.
Miré, toqué; caminé mi despacho;
escuché; buscando sosiego.
Miré de nuevo, fumé más aprisa,
no acababa de encontrar el calor.
Me fui a contemplar el sueño
de mi mujer y de mi hija.
Regresé. Todo esto es mío.
Yo soy de todo esto.
Que no se rompa.
Iba y venía, tocaba, miraba, para sobrevivir.
Mas por debajo de mi conciencia
algo buscaba una rendija,
algo pugnaba contra las paredes
de mi equilibrio y de mi libertad.
Fue una alucinación.
Con el vaso en la mano,
el torpe abrigo, las zapatillas,
miré mi vaso, miré esta casa,
miré estos años, miré aquella música,
y alguien al fondo pronunció
con mi voz y mi historia:
"qué hago yo aquí".
(¿Qué era "aquí"? ¿mi despacho?
¿mi profesión? ¿la tierra? ¿mi existencia?
Extrañado y sereno,
con el vaso en la mano. Otro.
Era horrible: fui otro.)
Fue una alucinación. Pasó.
Pasó. Las fotos, los objetos, la música,
la respiración confiada
de los que amo, sus bienaventurados
cuerpos dormidos, la penumbra,
todo inició un lento regreso,
todo eso me lamía las manos,
me entregaba las manos
para que las lamiera. Cayó el otro
a las profundidades. De nuevo
mi conciencia conmigo,
los míos conmigo. Mis vivos y mis muertos.
(Fue una alucinación y tengo miedo.
temo volver a ser, otra vez, ese hombre)
(Félix Grande)
lunes, 12 de diciembre de 2016
viernes, 2 de diciembre de 2016
Inicios del invierno
por la facha destartalada
de estos días
con más hambre de luz que de reposo
tiene un perseguido. Ha de verse
a lo lejos en montón, en manada que baja
a derrocharse a la ciudad,
la ciudad donde se escucha otro latido
que no es aquella bronca,
aquel vértigo de aves que ni huyen
ni acaban de matarse con las tardes
de julio.
Ahora trae un fragor la madrugada
de ramas escocidas
por el viento en las que no nos conforta
ni la saliva ahorcada del rocío,
temblando entre sus nudos.
Y mira sin embargo con qué gozo
me incluyo en este manto lechal, en esta
limpia camisa luminosa. No cejo ya,
no cejo hasta que aprenda
que esta neblina es honda
sepultura, ciego
pozo del todo donde arrojar la vida,
depositar los meses,
vivir quieto
sin otro combate que respirar
una nieve que turba más que suena.
Parece que durmieran las pasiones
y que bajo las piedras
no se escondiese nada levantisco. Las aves,
las alimañas pardas han cruzado
a saber de otros modos más tibios de vivir
que esta pureza: les esperan
helados escondites,
escondites de piedras olorosas, lejanas
oquedades en lo oscuro, perdidas
arquitecturas templadas donde el silencio
es música veloz, ardiente compostura
que sólo el paso de la lluvia calla,
mientras aquí de nuevo
se previenen con prisa las miradas,
los cachorros,
los quicios crecen lentos a una voz
no sabida en los seres (más bien cosa de sombras
que de súbito abren en resplandor
lo que antes fueron cenizas volcadas),
los patios suenan mucho a agua que llega
y enfunda las paredes
de borrones helados como íntimas heridas
que en la noche rezuman;
y los niños, cuitados,
se alborozan del todo: "¡El invierno!
¡El invierno!",
y no saben que va a caer esta blancura
encima de sus cuerpos,
como una blanca venda
que descubre un desgarro.
(Tomás Sánchez Santiago)
domingo, 13 de noviembre de 2016
Tu recuerdo,
empecinado pájaro que me despierta en la noche.
Culebra que desova sobre el azúcar y el llanto.
No hay manzanas en el sacrificio
Ni joyeros de nácar girando en la ignorancia.
Sólo el regurgitar de la memoria,
el acopio de años,
tu madeja infinita,
itinerante,
alrededor del corazón.
Qué se esconde al otro lado
de esa mujer que era mi madre
y enloquecía más con cada internamiento.
Tu ojo se entreabre con la insolencia de lo insomne,
de la vigilia ciega y la esperanza.
Tu ojo, madre,
eternamente abierto
como una gran pregunta.
Tu ojo centinela iluminándome,
tus palabras formando un avispero
en mitad de la infancia.
(Rosana Acquaroni)
empecinado pájaro que me despierta en la noche.
Culebra que desova sobre el azúcar y el llanto.
No hay manzanas en el sacrificio
Ni joyeros de nácar girando en la ignorancia.
Sólo el regurgitar de la memoria,
el acopio de años,
tu madeja infinita,
itinerante,
alrededor del corazón.
Qué se esconde al otro lado
de esa mujer que era mi madre
y enloquecía más con cada internamiento.
Tu ojo se entreabre con la insolencia de lo insomne,
de la vigilia ciega y la esperanza.
Tu ojo, madre,
eternamente abierto
como una gran pregunta.
Tu ojo centinela iluminándome,
tus palabras formando un avispero
en mitad de la infancia.
(Rosana Acquaroni)
jueves, 10 de noviembre de 2016
La muerte al otro lado de la cámara
Acodada en la barra o la terraza
me miro desde lejos como dicen
que se miran los que han estado muertos:
un fulgor en el vaso
me resume lo helado de los años.
Vértigo de un rodaje discontinuo,
fotogramas vacíos que huyen.
Eso sí,
gastó el maquillador tiempo y pericia.
Desde esta muerte actriz y fingidora,
la vida es un depósito en penumbra
de máscaras usadas hacia dentro.
(Aurora Luque)
domingo, 3 de julio de 2016
viernes, 1 de julio de 2016
Ruptura
Dije que la amaría siempre.
Ella me contestó:
¿Y ahora?
Un segundo de duda.
Y luego el estupor
de quedarme mirando
la sombra de los árboles
quebrada ante sus pasos
que lentos me alejaban.
(Antonio Manilla)
Ella me contestó:
¿Y ahora?
Un segundo de duda.
Y luego el estupor
de quedarme mirando
la sombra de los árboles
quebrada ante sus pasos
que lentos me alejaban.
(Antonio Manilla)
domingo, 19 de junio de 2016
Final del cuento
Te transformé en un príncipe. Ni tú
te lo creías. Asombrado mirabas
tu rostro en el espejo,
tus cabellos de seda,
la mandíbula fuerte,
la elegancia del cuello.
Feliz y satisfecha, coloqué
la varita en su caja.
Y fuimos muy felices. Bien es cierto
que seguiste croando
al pasar por las charcas.
(Irene Sánchez Carrón)
jueves, 16 de junio de 2016
Como una inundación
Hoy buscarás en vano...
(Antonio Machado)
Hoy buscarás en vano
a tu dolor consuelo.
(De pronto has recordado
aquellos magos versos
y adviertes que han venido como llega un desastre;
excavando en el pecho,
excavando en el alma
para acostarse sobre el agujero.)
Hoy buscarás en vano
a tu dolor consuelo.
(Palabras que se acercan a tus calamidades
y con piedad sombría las cubren de silencio;
palabras que te cantan una nana muy quieta,
palabras que te suben el embozo hasta el cuello;
palabras que te invitan a dormir las dos sienes
y mamar, como un niño, de la teta del sueño.)
Hoy buscarás en vano
a tu dolor consuelo.
(Te ha rodeado la vida,
o la muerte, o el tiempo
como una inundación o como un terremoto,
como una asfixia vasta o como un vasto ejército,
como una oscura cárcel,
como un oscuro invierno;
y estás inerme, estás perdido, estás sumado;
encanecido; viejo.)
Hoy buscarás en vano
a tu dolor consuelo.
(Te queda la vergüenza de saber que te quieren,
que algunos seres raros, fraternales y tercos
miran tu calavera con ilusión y alarma;
las cuencas de tus ojos, con paciencia y con miedo.
Miran a tu vivir como mira un disparo.
-Te hiere ya el amor como te hiere el tiempo-.
Pero estás rodeado de anochecer y nieve,
todos tus poros sorben el frío del universo,
ya el labio inferior tienes sumergido en la nada,
ya el olvido se acerca descomunal y lento
como una densa niebla
o un megaterio ciego.)
Hoy buscarás en vano
a tu dolor consuelo.
(Nada les das a quienes te miran sin pedirte,
nada les puedes dar más que vejez y sueño.
Hoy buscarás en vano consuelo a tu dolor
y a tu vergüenza. Hoy tienes cerrado ya el silencio,
con una suave angustia deambulando por fuera,
con una angustia horrible deambulando por dentro.)
(Félix Grande)
lunes, 13 de junio de 2016
Los insectos son los besos del sol
Yo, que arriesgando mi propia vida
salvé insectos diminutos de morir ahogados
capaz de escuchar el temblor de sus antenas
bajo mi seco aliento
capaz de insuflar vida
capaz de detener la lluvia
con sólo desearlo
capaz de hacer girar el sol
alrededor de tu boca
porque tu boca
siempre será el centro del universo
yo, que tenía superpoderes
que era inmortal y lo sabía
ahora no sé nada
ha llegado junio
y no sé nada
(Isabel Bono)
salvé insectos diminutos de morir ahogados
capaz de escuchar el temblor de sus antenas
bajo mi seco aliento
capaz de insuflar vida
capaz de detener la lluvia
con sólo desearlo
capaz de hacer girar el sol
alrededor de tu boca
porque tu boca
siempre será el centro del universo
yo, que tenía superpoderes
que era inmortal y lo sabía
ahora no sé nada
ha llegado junio
y no sé nada
(Isabel Bono)
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