Una virgen llora en algún rincón del recuerdo;
se lleva de mi cuerpo los gorriones muertos
que mecía en las clavículas.
Al dejar atrás los campos de girasoles,
crece un cadáver azul en mis entrañas;
suicidas y amantes, lo nombramos tristeza.
(Silvia Abad Montoliú)