Querida mía:
Las noches, sus bandadas
de cuervos y de sueños
aleteando negros y graznantes;
el infierno que es sordo, la locura
ocupando mi frente y la garganta;
las horas como hilos
de arena en un reloj inacabable,
y yo estoy dentro.
Un agujero negro, la razón.
La marioneta de mi cuerpo;
el mundo inalcanzable,
tras un cristal blindado;
las palabras que surgen
como dentro del agua,
o las palabras que retumban;
el guiñapo que está
flotando dentro de ese agua;
el aire que se vuelve
un cañonazo, sólido en el pecho;
y ese derrumbe incontrolado
que el esqueleto oculta.
Este dolor sin sitio.
Querida mía:
Nunca nadie más bello y más ausente.
Ahora sé
que durante toda mi vida
me ha acompañado el miedo
a que ya nunca más
estuvieras.
(16 de abril de 2011)
(Inmaculada Moreno)
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miércoles, 22 de febrero de 2012
El dolor
¿Adónde nos levanta esta miseria?
Esta marginación ¿de qué nos salva?
Porque el dolor aísla: él defiende
los límites donde gobierna
con su desolación estéril
y ya todo es dolor,
todo es el rayo,
todo desolación y terremoto,
cuando esperas un crack
definitivo
y aún no llega.
(Inmaculada Moreno)
Esta marginación ¿de qué nos salva?
Porque el dolor aísla: él defiende
los límites donde gobierna
con su desolación estéril
y ya todo es dolor,
todo es el rayo,
todo desolación y terremoto,
cuando esperas un crack
definitivo
y aún no llega.
(Inmaculada Moreno)
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