Tú me dijiste quizá.
Y te envié poemas que leía en las paredes
y en las puertas de lavabos de los bares.
Sin respuesta.
Y te lloraba estando a solas
y te intentaba olvidar sin lograrlo,
y me seguía masturbando mientras pensaba en ti.
Tú me dijiste
quizá.
Y yo mantuve la esperanza cada hora
de mi vida, y aún la tengo
puesta en pie sobre un altar del opus dei.
Y te escribía con palabras tan bonitas
que yo mismo me creía que era así.
Y pensaba que ablandar tu corazón sería más fácil.
Ahora creo que arrancar tu corazón
será más fácil.
(Jorge Barco)