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miércoles, 5 de noviembre de 2014

Más cerca del mañana...

Más cerca del mañana
que del ayer, el tiempo
como un espejo limpio
tiembla ante la infancia.
La puerta aún no se cierra
y adivinan los ojos
el peligro, la sombra
de lo que ya no existe.
La palabra se agota
y la voz se adelgaza
en un largo silencio.
Ya descansan los sueños
al borde del camino
y quedan pocas preguntas
que me atreva a responder.


(Ana María Navales)

viernes, 31 de octubre de 2014

Dame una mano que tiemble...

Dame una mano que tiemble,
un misterio desvelado,
unos ojos muy abiertos
frente a mi espejo de plata.
Y un otoño de hoja verde,
un beso fugaz y eterno,
el viento como un susurro
y un río de sueños lleno.
Dame cristales y plumas,
lunas pálidas y mares,
perlas y suaves aromas
y abejas en primavera.
Dámelo todo muy pronto
y yo me iré para siempre.

(Ana María Navales)


jueves, 30 de octubre de 2014

Cuando me ves quemar...

Cuando me ves quemar
barritas de incienso
por la casa,
encender linternas
por oscuros pasillos
o avivar el fuego
junto a las paredes desnudas,
te pones en guardia.
Crees que mi corazón anda
revuelto en primaveras
de sorpresa, que acaso
se ha aventurado por un secreto
pasadizo donde quiere morir
en su última batalla,
lentamente, sobre las ruinas
de aquel edificio junto al mar
que alguna vez fue la vida.


(Ana María Navales)

martes, 28 de octubre de 2014

Ahora el horizonte es sólo lágrima...

Ahora el horizonte es sólo lágrima
y el barco busca su muerte entre las rocas.
Saltan puñales en el agua
como un temblor de noche en la memoria,
pero aún retienes en tu mano abierta
un abanico de luz, una alondra,
audaces canciones que del tiempo escapan.
Una lluvia de espinas más allá de tus ojos,
nada que anuncie la orilla de otros mares,
ríos secretos, los peces que un instante brillan
y dejan caer su luz entre las olas.
Hasta el arrabal de tu sueño de jazmines,
hasta tu torre desnuda de rosas y de labios,
llegan la edad y el frío de tu cuerpo ausente.
Acaso ya para tu viaje no hay camino.

(Ana María Navales)


lunes, 27 de octubre de 2014

La imagen que refleja el agua...

La imagen que refleja el agua
pertenece a un lejano espejo
de otra vida.
No es una nube o una sombra
con la boca abierta al otoño,
a la caricia que el aire arranca de los buitres.
Una palabra puede iluminar la noche
o caer sobre el miedo de un niño
como una piedra en el fondo del estanque
que bajo la luna sueña con ser pájaro.
Otra mujer brilla en el recuerdo,
tiene mis ojos y mis labios,
pero el rostro de agua y el rostro de tierra
no son el mismo
y alguien alza murallas,
separa el sol de ese cuerpo desnudo
sobre el látigo que palpita en las horas.
Nadie oye el grito del animal salvaje
perdido en la decepción del bosque
cuando el camino se convierte en frontera
y el día envejece como un invierno largo
y silencioso.
No hay espejo más frágil que el agua;
imposible colocar este rostro sobre el mío.


(Ana María Navales)

miércoles, 22 de octubre de 2014

Gime la tarde de grises y geranios...

Gime la tarde de grises y geranios
las palomas están quietas y oscuras,
y alguien se adueña de mi vida
y la arrastra más allá del horizonte.
La página es arena
que el aire levanta hacia las nubes
donde se entrelazan las siluetas de los ángeles
cubriendo el vacío con sus alas.
Mi espacio es la huella de un violín callado,
de una mano inmóvil y tendida
a la espera de que el verso la acaricie.
Y pasa el poema sin rozar la tarde
sin haberme mirado
como un niño que crece en la costumbre
de estar solo
y entre viejos juguetes se olvida del mundo.


(Ana María Navales)