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sábado, 15 de septiembre de 2012

Fundamentos de la dulce ciclotimia

                                                         Así pues ¡desgarramiento!
                                                Y nada de mitades.
                                                Carlos Edmundo De Ory

Lo sé: eres brontofóbica y frágil,
una conquistadora neta pero, en el fondo,
brontofóbica y frágil, un ser de deseo.
Tienes la costumbre estúpida e insana
de, cuando no crees en el amor (siempre en verano),
burlarte cruelmente de esa ex-creencia;
de, cuando crees en el amor, compadecerte
de los días del sí: dices tú fuera, placebo emético:
tú fuera
de mi cuerpo:  fuera
a tu valle de carótidas y ojitos de chantaje psicológico.

Así -lo sé muy bien- pasas la vida
desde un lado
reprendiendo al otro lado
(aunque también lo entiendes): 
me tengo para siempre, te repites. 

Pero
decir distimia no la suprime,
decir océano no lo suprime.

Como muchos labios-huracanes de este mundo,
vas en bicicleta
con qué sé yo qué fosforitas esperanzas. 
Como la mayoría de los Tribunales Constitucionales
de Europa
eres reactiva: calibras
los conjuntos y subconjuntos de los colores ajenos;
incluyes los deseos ajenos 
en tus pulcras ecuaciones interiores
(son hipótesis):
caminas
(por no morirte)
alegremente: brontofóbica y frágil, sin embargo
musical 
y espartana
(por no morirte; entiende esto: por no morirte).

Pero ¿frágil?
¿Dices frágil?
Nunca paras, nunca paras.
Rompes cosas, moderadamente
te sientes mal un tiempo; si te despiezan
los labios,
los brazos-adminículos-topográficos-que-se 
enganchan
en los labios del otro que siempre es un incrédulo

simplemente 
lloriqueas
cinco minutos y te limpias.  

Pero
decir distimia no la suprime,
decir océano no lo suprime.

(Berta García Faet) 

jueves, 13 de septiembre de 2012

Exposición itinerante

                                                                                          Do I terrify?
                                                                                          Sylvia Plath

Lo único que puedo decir con cierta certeza de mí
por si os interesa
es que me gusta el pan con aceite de oliva,
y que soy un ser vivo sensible
a la luz y al tono de las voces;
y que, una vez, en una cama pequeña,
llegué al límite de mi cuerpo,
y que en 2004, no sé si en noviembre o junio,
un hombre me besó en los ojos
y mi corazón retráctil
le arañó los ojos.

Yo, que una vez fui bacteroides fragilis,
ahora albergo bacteroides fragilis y esperanza;
he visto cómo los rostros se descomponen por la música,
y me gusta el pan con aceite de oliva.

Poco más puedo decir de mí.
Lo demás, son especulaciones.
Lo demás, no puede demostrarse.

Pero yo, de un modo u otro,
imprecisamente,
lo recuerdo.


(Berta García Faet)