martes, 18 de junio de 2024

Hibernar

No escuches a mis hermanos, ellos duermen,
no entienden las palabras que gritan 
mientras aúllan como fieras aquiescentes
y sus almas sueñan con colmenas de abejas
y nadan por entre las semillas.

No odies a mis hermanos, ellos duermen,
se han cubierto en sueños con una piel de oso
que implacable y onerosa los mantiene con vida
en medio de un frío sin sentido
ni final.

No juzgues a mis hermanos, ellos duermen,
rara vez alguno es conminado a despertarse
y, si no regresa, es señal de que ha perecido,
de que aún es de noche y hace frío
y el sueño continúa.

No olvides a mis hermanos, ellos duermen
y en sueños se multiplican y los niños crecen
y se imaginan que la vida es sueño
e impacientes esperan despertar
en la muerte.

(Ana Blandiana)

domingo, 27 de noviembre de 2022

De la casa grande

De la casa grande
solo recuerdo aquel armario blanco
encallado en aquel largo pasillo
como en un río encajonado y pedregoso.

Un útero vacío que no sangrase nunca
y alumbrara por dentro.

En su interior
entre sábanas perfumadas
mantelerías de hilo
y toallas de rizo americano
mamá nos escondía bajo llave
las fotos y las cartas de aquel desconocido.

Canoso y trajeado,
era un hombre elegante
de facciones sureñas
que imantaba mi cuerpo,
lo llenaba de lámparas,
con aquella sonrisa
sonora y reflectante.

Eran fotos de estudio
siempre de medio cuerpo
-su corbata ejemplar,
el chaleco de ante abotonado,
ligeramente abierto-.

Yo entraba en ellas 
como en un oleaje sin retorno.

Me imaginaba dentro
de aquella madre
rebosante y eterna
que siempre estaba huyendo.

Me encarnaba en tu piel
me infiltraba en tu sueño de tálamo escindido
de camisón secreto.

Después llegaba él
y yo lo acariciaba
con cada uno de tus dedos
que eran lentos navíos
penetrando aquel hielo.

Él sigue allí
a veces puedo verlo apostado en mi infancia
-cada vez más ajeno-,
mirando hacia el balcón de nuestra casa
mientras un limpiabotas
le lustra los zapatos.


(Rosana Acquaroni)


sábado, 25 de junio de 2022

Cura 14

Tenía la rebeldía de un lazo de papel bailando en un ventilador
Y la misma fragilidad
Una boca trazada a ciegas de color violáceo acabada en pico
por la que cualquier paralítico emocional se hubiese vuelto alpinista

Hubiese jurado que sería capaz de detonar una ciudad
tan sólo con chascar los dedos
Y es que sin haberlo visto puedo decirte que sé
Que cada vez que levanta la mano para parar un taxi
Corta el tráfico

No importaba la estación del año
porque yo siempre pensaba en Atocha
y sé que algunos días las noches son más largas
como sé que a veces tiene que llover
cuando decide quedarse en casa a acariciarse
cierra la boca para que no entremos las moscas
y nos manda a todas a la mierda

Después sale tranquila a comprar flores
y el sol vuelve a ponerse hasta arriba

Se tapaba la boca al reírse
Yo nunca le dije que vi abrirse una grieta
en la pared tras su nuca
Mientras ella soltaba una carcajada
Y fue entonces cuando supe que si las paredes hablaran
le sonreirían antes de pedirle matrimonio

Bueno, 
Tal vez esto lo supe
Cuando la vi desnuda apoyada de espaldas en una
y aparecieron manchas rojizas en la habitación
Como si se estuviese sonrojando
o poniéndose cachonda

Si os la cruzáis rompiendo las aceras
con esa cara de libertad que desea ser pájaro a salvo
con ese ansia de ser amada como ella se ha amado
con esa falda de flores que se arrancó con mis propias manos

Paradla, va armada
Esos dientes son putas balas
O sonríe o dispara.

(Irene X)

viernes, 4 de febrero de 2022

Sus ojos

 


Sus ojos tenían
una melancolía preciosa.

Preciosa para mí,
claro está.

No creo que a ella
le hiciera ninguna gracia
el pasado que le decoró
de esa forma
la mirada. 

(Marwan)

domingo, 24 de octubre de 2021

 En los partos todo es túnel:
las palabras no sirven de nada
para atravesar umbrales.

Del mío puedo contar
que lo anuncié como si fuera
el concierto de un grupo punki.
Duró lo que poco antes
habría durado yo de marcha
-dos días con sus noches-.
Acompañantes y matronas
se impacientaron conmigo
porque yo olvidaba mi tarea:
ser toda cueva abierta
instigar el deseo de aire.
La bañera parecía cómoda
para parir en los documentales
pero en el agua yo no era etérea
sino pesada como un fardo de hachís.

No fui pez, sino mamífera
al dar a luz a cuatro patas.
Y aunque escupí tantas palabrotas
que parecía que expulsaba un demonio
mi hija al salir solo gimió:
cachorro molestado en su descanso.
La mayor sorpresa fue ver
que estaba acabada y pulida
como si la hubiera encargado
en una tienda de juguetes. 
Y la mayor alegría
-y el primer sacrilegio-:
que el dolor cesara.

Una colección de anécdotas
que no podrían ayudar a nadie
porque no hay parto ejemplar
en ninguna tradición.
En el parto -como en la agonía-
nosotras, las madres, estamos solas.
Padres, matronas, todos
quedan al otro lado de un cristal.
Y hasta que el llanto o el gemido 
del bebé lo rompe, en el reflejo
solo vemos nuestra cara desnuda.

Después vendrán las máscaras. 


(Ana Pérez Cañamares)

domingo, 4 de abril de 2021

La caducidad del paraíso

Llega la noche.

Descuelgo la desgana de mi vida

y marco en el teléfono la matrícula de tu coche. 
Aceptas dos segundos antes de mi propuesta.
Preparo la casa y tacho de golpe
esos renglones que dicen que te perdí.
Abro la puerta como si fuera seis de enero
y tus ojos al primer disparo pasan a limpio mi biografía,
ese lugar del que no debiste haber salido.

No quiero que acabe este abrazo,
no deberíamos aceptar la caducidad del paraíso.

Me cuentas que has vivido entre paréntesis
y que la soledad es algo parecido a la vida en diferido.
Yo te cuento que estoy hecho a tu medida
como otros están ya hechos a una enfermedad incurable
y te cuento que conocí a otras
pero que querer acostarse con una mujer
no es lo mismo que querer despertarse con ella
porque hay chicas que te alegran la piel
pero no el corazón.

Nos callamos, tú miras el vaso entre tus manos.
La ropa cae y arrastra consigo 
una tonelada de tristeza.

Luego duermes y yo pienso 
que tal vez sólo sea posible el amor
cuando no lo retienes como a un preso
porque siempre querrá escapar.
Quizá deberíamos aceptar la posibilidad
de la caducidad del paraíso,
tolerar la intermitencia de la felicidad,
no meternos más en la boca la palabra porvenir
y agradecer que estés
aquí
ahora.



(Marwan) 

jueves, 1 de abril de 2021



Todas las perras que en el mundo han sido
venimos esta noche a tu ventana. 
Sin collares, con pulgas, cicatrices
barro en las patas, sangre en pezuñas
de cada sombra una perra emerge.

Nos quitaron camadas, nos pusieron cadenas. 
Nos dejaron sin linaje ni genealogía.
Para poblar sus fincas les parimos esclavos. 
Pensaron que abandono sería igual a muerte
pero de las cunetas aprendimos memoria.

Sé fiel a los ladridos: alimenta a tu loba.
Obedece la brújula en tu hocico. 
Apunta las orejas siempre al cielo.
No disputes la caza con tu hermana.
No des a luz cómplices: enséñales colmillos.

Y así hallarás en ti lo que tienes de manada. 

(Ana Pérez Cañamares)