Corta
la madre el cordón umbilical,
mas no
renuncia al vínculo.
Te
empuja a la otredad
pero
desesperadamente bebe en tu vida
pues
en ella
terrible
y
mutilada
su
entraña
aún
palpita.
¡Qué
deuda irreparable la del hijo!
Y sin
embargo, a veces, al pasar
la
página del libro de los días,
se
rasga, fiera, el vientre,
y te
envuelve una vez más en su carne
para
que no te pierdas,
para
que no te mueras
solo,
como
un náufrago abandonado al pánico
en el
inmenso océano.
(Clara
Janés)