Rebuscas en los libros
con un extraño afán de jardinera.
Delicada y ansiosa, de perfil me pareces
distinta cuando curvas las rodillas
y se tensan tus muslos
debajo del vaquero. Muerte lenta
contemplar, sin tocarlo,
el pequeño tatuaje en tu cintura.
Será mejor sufrir que describir los pechos;
¿quién se atreve a cruzar los toboganes
que unen la palabra con su tema?
Así que huyo
y finjo distracción.
Si volvieras la vista a quien te escribe
desaparecerías, y es demasiado pronto.
Sigue leyendo, Claudia.
Haces bien en amarte.
(Andrés Neuman)
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jueves, 10 de octubre de 2013
domingo, 6 de octubre de 2013
Primeros números
Hubo dos que empezaron a construir mis noches
entre sábanas nuevas como páginas
y el antiguo argumento de la pasión recíproca.
Aquel modesto incendio trajo un número impar:
mis padres aprendieron el oficio
de no dormir por culpa del hijo de sus sueños.
Desvelado y redondo, a mí se me trepaban
estas muecas de miedo que mi sonrisa oculta.
Se mantuvo el triángulo hasta el día
que el recuerdo del dos creó un espejo:
mi cuarto -nuestro cuarto- se volvió
una juguetería después del cataclismo,
un campo de batalla con dos supervivientes.
Y detrás de una puerta mal cerrada
un hombre, una mujer
desconcertadamente jóvenes aún
se preguntaban qué tocaba ahora.
El resto fue cuestión de despejar incógnitas,
improvisar una igualdad, el riesgo
de algunas divisiones. Cuando ambos
devolvamos al dos lo que tenía,
simétricos él, ella
se harán viejos el uno con el uno,
opuestos y queriéndose.
Pero -primera vez, y toda vez es única-
sucederá la resta. Reducida,
una cifra mirando fijo al suelo,
sé que quizá mi madre
preferirá dejar también la casa
y correr a apagarse junto al mar.
No olvidaré jamás el gesto de mi hermano.
Ahora somos dos, murmuraré.
Él no contestará, si bien sus ojos
parecerán decirme: siempre seremos cuatro.
Y abrazándonos
como se estrechan unos parecidos,
lloraremos debajo de la tarde.
Y por primera vez -y toda vez es única-
tendremos la más simple certidumbre,
el asombro del cero boquiabierto
que no se recupera de no ser.
(Andrés Neuman)
entre sábanas nuevas como páginas
y el antiguo argumento de la pasión recíproca.
Aquel modesto incendio trajo un número impar:
mis padres aprendieron el oficio
de no dormir por culpa del hijo de sus sueños.
Desvelado y redondo, a mí se me trepaban
estas muecas de miedo que mi sonrisa oculta.
Se mantuvo el triángulo hasta el día
que el recuerdo del dos creó un espejo:
mi cuarto -nuestro cuarto- se volvió
una juguetería después del cataclismo,
un campo de batalla con dos supervivientes.
Y detrás de una puerta mal cerrada
un hombre, una mujer
desconcertadamente jóvenes aún
se preguntaban qué tocaba ahora.
El resto fue cuestión de despejar incógnitas,
improvisar una igualdad, el riesgo
de algunas divisiones. Cuando ambos
devolvamos al dos lo que tenía,
simétricos él, ella
se harán viejos el uno con el uno,
opuestos y queriéndose.
Pero -primera vez, y toda vez es única-
sucederá la resta. Reducida,
una cifra mirando fijo al suelo,
sé que quizá mi madre
preferirá dejar también la casa
y correr a apagarse junto al mar.
No olvidaré jamás el gesto de mi hermano.
Ahora somos dos, murmuraré.
Él no contestará, si bien sus ojos
parecerán decirme: siempre seremos cuatro.
Y abrazándonos
como se estrechan unos parecidos,
lloraremos debajo de la tarde.
Y por primera vez -y toda vez es única-
tendremos la más simple certidumbre,
el asombro del cero boquiabierto
que no se recupera de no ser.
(Andrés Neuman)
miércoles, 2 de octubre de 2013
Noche Indefensa
Entregar los dos ojos
a la oscura amenaza, a la caricia
pálida de una sábana.
Pactar con la quietud
mientras los mercenarios de la noche
nos asaltan.
Amanecer más débil,
confuso por el golpe de las luces,
engañarse creyendo
que no nos roban nada.
(Andrés Neuman)
a la oscura amenaza, a la caricia
pálida de una sábana.
Pactar con la quietud
mientras los mercenarios de la noche
nos asaltan.
Amanecer más débil,
confuso por el golpe de las luces,
engañarse creyendo
que no nos roban nada.
(Andrés Neuman)
Ropajes
Decirte que te amo es una historia
de mustias obviedades.
Sería preferible que leyeses
amores novedosos,
canciones que mitiguen por las noches
tus raptos de inocencia.
Mis trajes de soldado no son más
que miedo a la batalla.
Y peores mis trajes de turista,
como si la aventura de las calles
pudiera seducirme.
Por si no lo sabías nunca logré emigrar,
sigo habitando en sábanas, las mismas
que humedecí de niño
cuando aún no te amaba y todavía
no había mojado tus sábanas.
Mi única destreza es protegerme.
Decirte que me ames es un pleito
de lenguajes más hábiles que el mío.
No sé nada de espejos,
no entiendo una sonata,
callar es la virtud que no merezco.
Ojalá te bastasen las delicias
de los mundos y las tardes
que no me pertenecen.
Decir te amo suele ser asunto
de obvias melancolías.
(Andrés Neuman)
de mustias obviedades.
Sería preferible que leyeses
amores novedosos,
canciones que mitiguen por las noches
tus raptos de inocencia.
Mis trajes de soldado no son más
que miedo a la batalla.
Y peores mis trajes de turista,
como si la aventura de las calles
pudiera seducirme.
Por si no lo sabías nunca logré emigrar,
sigo habitando en sábanas, las mismas
que humedecí de niño
cuando aún no te amaba y todavía
no había mojado tus sábanas.
Mi única destreza es protegerme.
Decirte que me ames es un pleito
de lenguajes más hábiles que el mío.
No sé nada de espejos,
no entiendo una sonata,
callar es la virtud que no merezco.
Ojalá te bastasen las delicias
de los mundos y las tardes
que no me pertenecen.
Decir te amo suele ser asunto
de obvias melancolías.
(Andrés Neuman)
martes, 1 de octubre de 2013
Injuria al sol
El sol es carne de verano.
No sabe perfilar
el lomo de un tejado ni envolver
el dolor general en la penumbra.
El sol se ha chamuscado en un gran plato,
reniega porque sí del fugitivo,
chirriante su canción de luz y fuego.
Los insomnes son patriotas de lo oscuro
que fusilan con sus párpados la curva de la aurora.
Muérase el sol, a quién le importa.
Ni a mí ni a los murciélagos,
ni a ciegos ni a convictos.
El sol es carne,
podrida carne de un infierno conocido.
(Andrés Neuman)
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