No escuches a mis hermanos, ellos duermen,
no entienden las palabras que gritan
mientras aúllan como fieras aquiescentes
y sus almas sueñan con colmenas de abejas
y nadan por entre las semillas.
No odies a mis hermanos, ellos duermen,
se han cubierto en sueños con una piel de oso
que implacable y onerosa los mantiene con vida
en medio de un frío sin sentido
ni final.
No juzgues a mis hermanos, ellos duermen,
rara vez alguno es conminado a despertarse
y, si no regresa, es señal de que ha perecido,
de que aún es de noche y hace frío
y el sueño continúa.
No olvides a mis hermanos, ellos duermen
y en sueños se multiplican y los niños crecen
y se imaginan que la vida es sueño
e impacientes esperan despertar
en la muerte.
(Ana Blandiana)