Al fin y al cabo
¿Qué es un pájaro?
Alguien podría beberle todo el aire,
y entonces, ¿qué?
Al fin y al cabo, ¿qué somos tú y yo
para pasarnos la noche en un abrazo?
Cualquier ruido podría separarnos.
(José Antonio Llamas)
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miércoles, 25 de diciembre de 2013
martes, 10 de mayo de 2011
Algo ha pasado en mí
Algo ha pasado en mí
que se parte la voz
y no alcanzo a llamar a Dios en la distancia.
Si el junco se dobló
y después de tanto sol no está partido
si me pesan las manos
algo ha pasado en mí.
Estoy herido de lanza en el costado.
Pero
que siga la rueda dando vueltas
a ver si sin harina hacemos pan.
Pues algo hay que comer.
¿Qué voy a dar al hijo cuando venga hasta mí?
¡Ojalá que cantase algún búho en el árbol!
Pipa calada,
tierra ruin es la esperanza que me cubre,
lista aún para la siembra...
Se ríe la razón. No tengo semilla. No conozco ninguna
que pueda florecer siquiera medio palmo.
Sin embargo, tierra soy,
soledad.
Pueden venir vecinos de la niñez lejana
a examinar la antigua primavera.
Pueden pasar muchachas por el puente,
bañarse, hacer castillos en la arena,
sonreír.
Todo le da lo mismo a mi canción.
Todo es igual.
Todo
tiene la mancha.
Solamente si muere una muchacha me levantaré
para llamarla.
Y pediré a mi madre las tijeras.
Y entonces,
si alguien pregunta
decidle que no estoy para nadie.
Ya me conocen. Decidles
que me he hecho como todos.
Soñé
hasta desollar las nubes.
Lo podéis ver:
algo ha pasado en mí.
Creía que la muerte era otra cosa.
Tenía la esperanza en la noche y la niebla,
pero hay luz. No merece abrir los ojos.
Algo ha pasado en mí. Sigo siendo yo mismo
y otro yo que no conozco.
Pero prometo que gritaré cuando tú duermas
hombre común, odiado, terco,
sinvergüenza de todos los días,
migaja de pan,
gabardina,
hombre,
yo,
a quien ahora odio.
(José Antonio Llamas)
domingo, 1 de mayo de 2011
Mi Palabra
Mi palabra no tiene sitio
en tu eterno firmamento de estrellas.
Por eso, la llevo siempre conmigo
y cuando paso delante de tu puerta
me quedo pensando,
me quedo diciendo entre los dientes:
¡Si la dejara, aquí, en el suelo!
¡Si tú la vieras desde lo alto de tu cielo!
Y cuando el viento sopla
cuando pasa delante de mis ojos
como un caballo ardiendo, pienso:
¡Si la echara a volar, como una hoja!
Pero al estar tú tan lejos
seguramente no te llegaría
el eco de mi voz.
Seguramente hay otra forma de amor
que no sea la palabra, y, entonces...
¡Cómo me vas a amar si no me ves!
¡Cómo vas a saber que yo te amo
si mi palabra no tiene forma
en tu cielo de estrellas!
Tal vez la culpa es de mi voz
que no sabe más que palabras pequeñitas.
(José Antonio Llamas)
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