
...Cuando volvía,
los versos se estrellaron contra el suelo,
y la sangre brotó de cada letra;
me llamaste asesino,¿cómo no serlo?
Los poetas, decía mi sabio Amigo,
no servimos para enamorarnos.
Y sin embargo nadie es poeta sin haberlo estado alguna vez.(Enar Marie Fianna)