Todo
se escapa al final.
Hoy me
avanzo con fiebre de olvido y de derrota,
con la
imagen del humo que de mí fui tallando.
Nadie
ha dicho mi nombre desde aquella niñez
fugaz
como una sombra,
ni aún
después nadie quiso, digámoslo despacio,
deletrear
mi ser.
No,
ni yo tampoco.
Me
negué a pronunciarme
por
miedo a que mi voz se extraviase.
Ni
quise que mi nombre se pusiera
al
alcance del público,
hacerlo
mercancía.
Mi Yo
se me confunde con mi imagen de ahora
en
esta soledad que carcome el desierto.
Las
distancias juntaron mis espacios
y
me adherí a mi muerte sin saberlo.
El sol
se fue ocultando oscuramente
y se
fue haciendo tarde. Inmensamente tarde
para
inventar de nuevo la que soy.
(María
Teresa Cervantes)