domingo, 24 de octubre de 2021

 En los partos todo es túnel:
las palabras no sirven de nada
para atravesar umbrales.

Del mío puedo contar
que lo anuncié como si fuera
el concierto de un grupo punki.
Duró lo que poco antes
habría durado yo de marcha
-dos días con sus noches-.
Acompañantes y matronas
se impacientaron conmigo
porque yo olvidaba mi tarea:
ser toda cueva abierta
instigar el deseo de aire.
La bañera parecía cómoda
para parir en los documentales
pero en el agua yo no era etérea
sino pesada como un fardo de hachís.

No fui pez, sino mamífera
al dar a luz a cuatro patas.
Y aunque escupí tantas palabrotas
que parecía que expulsaba un demonio
mi hija al salir solo gimió:
cachorro molestado en su descanso.
La mayor sorpresa fue ver
que estaba acabada y pulida
como si la hubiera encargado
en una tienda de juguetes. 
Y la mayor alegría
-y el primer sacrilegio-:
que el dolor cesara.

Una colección de anécdotas
que no podrían ayudar a nadie
porque no hay parto ejemplar
en ninguna tradición.
En el parto -como en la agonía-
nosotras, las madres, estamos solas.
Padres, matronas, todos
quedan al otro lado de un cristal.
Y hasta que el llanto o el gemido 
del bebé lo rompe, en el reflejo
solo vemos nuestra cara desnuda.

Después vendrán las máscaras. 


(Ana Pérez Cañamares)

domingo, 4 de abril de 2021

La caducidad del paraíso

Llega la noche.

Descuelgo la desgana de mi vida

y marco en el teléfono la matrícula de tu coche. 
Aceptas dos segundos antes de mi propuesta.
Preparo la casa y tacho de golpe
esos renglones que dicen que te perdí.
Abro la puerta como si fuera seis de enero
y tus ojos al primer disparo pasan a limpio mi biografía,
ese lugar del que no debiste haber salido.

No quiero que acabe este abrazo,
no deberíamos aceptar la caducidad del paraíso.

Me cuentas que has vivido entre paréntesis
y que la soledad es algo parecido a la vida en diferido.
Yo te cuento que estoy hecho a tu medida
como otros están ya hechos a una enfermedad incurable
y te cuento que conocí a otras
pero que querer acostarse con una mujer
no es lo mismo que querer despertarse con ella
porque hay chicas que te alegran la piel
pero no el corazón.

Nos callamos, tú miras el vaso entre tus manos.
La ropa cae y arrastra consigo 
una tonelada de tristeza.

Luego duermes y yo pienso 
que tal vez sólo sea posible el amor
cuando no lo retienes como a un preso
porque siempre querrá escapar.
Quizá deberíamos aceptar la posibilidad
de la caducidad del paraíso,
tolerar la intermitencia de la felicidad,
no meternos más en la boca la palabra porvenir
y agradecer que estés
aquí
ahora.



(Marwan) 

jueves, 1 de abril de 2021



Todas las perras que en el mundo han sido
venimos esta noche a tu ventana. 
Sin collares, con pulgas, cicatrices
barro en las patas, sangre en pezuñas
de cada sombra una perra emerge.

Nos quitaron camadas, nos pusieron cadenas. 
Nos dejaron sin linaje ni genealogía.
Para poblar sus fincas les parimos esclavos. 
Pensaron que abandono sería igual a muerte
pero de las cunetas aprendimos memoria.

Sé fiel a los ladridos: alimenta a tu loba.
Obedece la brújula en tu hocico. 
Apunta las orejas siempre al cielo.
No disputes la caza con tu hermana.
No des a luz cómplices: enséñales colmillos.

Y así hallarás en ti lo que tienes de manada. 

(Ana Pérez Cañamares)