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martes, 9 de septiembre de 2014
Puerta que al abrirse muestra una playa
No te he abandonado.
Mis cosas no te hablarán del nunca,
pero es que había en ese silencio mucho ruido,
y las avispas que te daban miedo
parecía que habían hecho nido en mis ojos,
estaba muy deshilachado ya para sostenerte.
Ahora silente, cautivo adrede en otro orden,
como en una casa donde he prohibido tu perfume,
donde no voy llenando los rincones de promesas,
estoy buscándome de nuevo en otro azul,
estoy sin estar, sé que es algo raro
y tú no lo sabes, pero a veces te cobijo,
te pienso, y el día acaba
pareciéndose a ti.
No te he abandonado,
tal vez volverán los momentos del vino,
de películas turcas
y boleros donde entonces tú no protagonices el estribillo,
de colocar de nuevo las ventanas,
pero tenía despeinada la vida,
busqué la sed que calma el agua,
algo semejante a los dedos protectores tras el raso
y estas palabras de fogueo, corroboran, hablan,
mienten sólo en la mitad de su imagen
cuando te dicen,
que sigo estando.
Borra mis huellas anteriores,
bórralas, menos el deseo a todo lo tuyo,
imagíname intacto y desconocido
como el destino deseado
que sólo conoces por postales.
Me fui porque te parecía triste la música si yo la cantaba,
estas alegrías sonaban por quebrantos,
me fui porque tus brazos compartían el vuelo
con las aves que huyen de las estaciones del frío.
Me fui porque iba tanto a buscarte que me cruzaba
conmigo de vuelta siempre sin noticias,
y se me iban enredando las ganas en el desconsuelo.
Me fui porque estas manos ya querían saberte de memoria.
No te he abandonado,
sólo me he ido leve, un poco,
el tiempo de un contraluz,
un ensayo, un desvelo,
lo que tarda en derretirse el alma de una vela.
Me fui porque esta esperanza
era tu asiento vacío
en un carruaje de plomo
con un caballo de piedra,
sobre un puente de cerillas.
No te he abandonado,
y créeme si te digo que estoy cerca
justo en la distancia de los pasos
que me protejan de intentar quererte de nuevo...
Y créeme si te digo que estoy lejos
pero justo en la distancia de los pasos
que me permitan volver a tu lado
si te hiere la vida.
(Rubén Tejerina)
martes, 27 de mayo de 2014
Así en el tiempo como en tu boca
Soy una casa abandonada.
Pero una vez hubo muebles, y cartas en sus cajones,
copas en las vitrinas... La belleza iba y venía
por el pasillo con una jarra de limonada.
Afuera se oye el frío y dentro, una hoguera
donde arden mis libros calienta esta nada,
ennegrece las paredes, y el humo espera denso
que abra la boca para asfixiarme.
Una casa abandonada en el barrio de los ausentes,
donde nadie se queda a pasar la noche,
como un lugar equivocado donde un lenguaje único,
sin eco y amarillo, para las despedidas, rebota en las paredes.
Un patio muerto donde se disputan mi desvelo
las ratas en su desvarío, habitaciones llenas de cicatrices,
ventanas que no saben llorar
porque si supieran, lo harían.
Donde colgaban cuadros, ahora hay preguntas,
la bañera está repleta de palabras sin paladar
y latas que envejecen, y nuestra cama está llena ya
de enredaderas, desde que tú y yo allí
no nos enredamos.
No provoca al timbre el afilador de cuchillos,
ni vendedores de esperanza,
ni el que se equivoca a media siesta,
las visitas han encontrado otro refugio
para las tardes de domingo.
Y es que soy una casa abandonada,
se me oxidó con esta última lluvia tuya,
el corazón, el ánimo,
por eso no abren las cerraduras
para que entre nadie.
(Rubén Tejerina)
viernes, 23 de mayo de 2014
Fotografía última
Todo parece en calma.
Tú y yo sentados, mirando al objetivo algo incómodos,
como sorprendidos en medio de una guerra, allí,
cuando volviste a Ibiza y yo te esperaba. Es Vedrà al fondo,
y arriba a la derecha un pájaro
que imagino es una gaviota.
Apareció, escondida, desde otro tiempo,
oculta ya en mi mapa de lo que no regresa,
tímida primero y luego, un latigazo, un escalofrío.
Nada habría que resaltar de esa instantánea,
es obvio que el que la hizo desconocía
el diafragma y las velocidades,
una foto errada como tantas otras, el cielo aquí, falso, oscuro,
nada tiene que ver con lo que aquella tarde quería ser,
y tú sales movida.
Pero si uno mira bien
ya se adivina en tus ojos cansados de aquel día
que esa sería nuestra última fotografía juntos,
sales movida, intencionadamente borrosa,
desdibujada, deshaciéndote, como con las palabras ya en otra parte,
como yéndote, como viajando en otra compañía,
como no queriendo fijar tu imagen
a nada, que pudiera ser
mío para siempre.
(Rubén Tejerina)
Tú y yo sentados, mirando al objetivo algo incómodos,
como sorprendidos en medio de una guerra, allí,
cuando volviste a Ibiza y yo te esperaba. Es Vedrà al fondo,
y arriba a la derecha un pájaro
que imagino es una gaviota.
Apareció, escondida, desde otro tiempo,
oculta ya en mi mapa de lo que no regresa,
tímida primero y luego, un latigazo, un escalofrío.
Nada habría que resaltar de esa instantánea,
es obvio que el que la hizo desconocía
el diafragma y las velocidades,
una foto errada como tantas otras, el cielo aquí, falso, oscuro,
nada tiene que ver con lo que aquella tarde quería ser,
y tú sales movida.
Pero si uno mira bien
ya se adivina en tus ojos cansados de aquel día
que esa sería nuestra última fotografía juntos,
sales movida, intencionadamente borrosa,
desdibujada, deshaciéndote, como con las palabras ya en otra parte,
como yéndote, como viajando en otra compañía,
como no queriendo fijar tu imagen
a nada, que pudiera ser
mío para siempre.
(Rubén Tejerina)
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