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viernes, 6 de mayo de 2011

Dormidos en la mina

Nos despierta la mañana
cuando aún no sabe mirar
su piel de plomo. Y abrimos
nuestros ojos negros soñando
en esta inquieta galería.

Hemos dormido toda una
noche de tierra, al calor
de estas entrañas mudas.

Respiramos su pesada bruma
de carbón reluciente, su aroma
tosco desenterrado a nuestra luz
tan pobre.

¡Qué sueño tan profundo
alumbrado al cariño de los
candiles pálidos! Extraño sueño
donde las sombras son de tierra
y aplastan los pulmones abrasados.

Al despertar vuela un zumbido
en nuestra frente, la llamada que
lejos nos reclama suyos.

Y no sabemos si aún dura la
noche entre los nuestros. O si
la tierra nos tiene aquí plantados
a madurar el fruto que recogen...

(Luis Mateo Díez)

martes, 3 de mayo de 2011

Andadura

Ya ni fuerzas te quedan,
ni el tesón que antes traías
te levanta.

Algo muere aquí
dentro.

Tanto camino has absorbido
con tus pasos, tantas palabras
preguntan al silencio, responden
al silencio bien caídas.

Se sufre el polvo supurado
en la andadura. Los perros muerden
estas llagas nuevas.

Quema el cansancio
sin dolor, atropellando las razones
que antes izaban el mástil
a lo alto...

Y ya sin fuerzas,
turbados de un amor insuficiente,
¿qué hacemos caminante,
a estas alturas...?

Alguien dice: seguir
con la renuncia a cuestas.

Y aún nos mantenemos.

(Luis Mateo Díez)

sábado, 10 de febrero de 2007

10 febrero de 2007

Hay un camino anónimo, trivial, en las mañanas laborales, y de esa rutina se llenan las huellas que nos rescatan del sueño, como si en las primeras horas de cada día fuese más imposible que nunca el desvío que pudiera trastocar nuestra existencia, por mucho que en ese camino se acumulen las primeras fantasías o se sienta con mayor intensidad el vacío que promueven las secretas frustaciones.

Alguien dijo que es a esa primera hora cuando viajamos de la nada a la pobreza de lo que de veras somos, cuando se emprende el esfuerzo de salir a flote en la más extrema soledad.

Un camino tan anodino como crucial, que es el que nos recobra para que poco a poco podamos adueñarnos de nosotros mismos...

(Luis Mateo Díez)

10 febrero de 2007

Dejó el portafolio, se quitó la corbata, refrescó la cara y todavía en la imagen del espejo, la nariz más afilada y la oscuridad de la barba que adelgazaba el rostro como si en el crecimiento se lo contrajera, observó lo que es un mirada socavaba la angustia: la arandela de los ojos cansados y el contraste del brillo diminuto de una lágrima que no había brotado, una esquirla de cristal en el iris.

(Luis Mateo Díez)