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martes, 14 de agosto de 2012

En la estación

Un hombre aguarda en la estación
un tren cuyo destino desconoce.
Vuelve todos los días. Se fuma un cigarrillo
contemplando impasible
la avalancha de niños, maletas y paraguas,
el pitido que anuncia la salida,
cómo gime el acero cuando se despereza.
El hombre en la estación fuma tranquilo:
cree que el tiempo corre a su favor.
No sabe que su tren vendrá para llevarle
al silencio de un túnel
en donde los relojes
                            detienen
                                       su latido.

Mientras tanto,
calada tras calada se mira en las cenizas.
Comienza a sospechar
que ver pasar los trenes es ya un poco
deslizarse en su tren hacia ese túnel.

Eduardo García  

domingo, 1 de enero de 2012

Tierra de nadie

Y entre todos los días y sus noches,
y entre todas las vidas que aquí arrojan,
en esta habitación que no es de nadie,
sus sombras paralelas,
tu cuerpo de gacela apresurada:

Piel arriba la sangre remonta hasta tus labios,
te inundan las hogueras con su clamor de jungla,
desnúdate -me dices-, olvida las palabras,
y entre mis brazos huecos yo te siento temblar
como luna en el agua, contra mi pecho oscuro,
y me siento rozar el techo de los cielos,
tierra, fuego y ardor, cenizas que se yerguen, 
coronas mi cintura con aluvión de vértigo,
se desertiza el mundo en torno de esta cama
y mis manos se aferran a la vida en las tuyas,
una lluvia muy honda te riega noche adentro,
la carne se disuelve con su rumor de sombra
y un vasto corazón nos pertenece.

Esta escena transcurre por mi piel,
entre mis brazos huecos, contra mi pecho oscuro,
mientras tus manos vuelan muy lejos de las mías,
tumbado en esta cama,
en esta habitación que no es de nadie.

(Eduardo García)