Así pues ¡desgarramiento!
Y nada de mitades.
Carlos Edmundo De Ory
Lo sé: eres brontofóbica y frágil,
una conquistadora neta pero, en el fondo,
brontofóbica y frágil, un ser de deseo.
Tienes la costumbre estúpida e insana
de, cuando no crees en el amor (siempre en verano),
burlarte cruelmente de esa ex-creencia;
de, cuando crees en el amor, compadecerte
de los días del sí: dices tú fuera, placebo emético:
tú fuera
de mi cuerpo: fuera
a tu valle de carótidas y ojitos de chantaje psicológico.
Así -lo sé muy bien- pasas la vida
desde un lado
reprendiendo al otro lado
(aunque también lo entiendes):
me tengo para siempre, te repites.
Pero
decir distimia no la suprime,
decir océano no lo suprime.
Como muchos labios-huracanes de este mundo,
vas en bicicleta
con qué sé yo qué fosforitas esperanzas.
Como la mayoría de los Tribunales Constitucionales
de Europa
eres reactiva: calibras
los conjuntos y subconjuntos de los colores ajenos;
incluyes los deseos ajenos
en tus pulcras ecuaciones interiores
(son hipótesis):
caminas
(por no morirte)
alegremente: brontofóbica y frágil, sin embargo
musical
y espartana
(por no morirte; entiende esto: por no morirte).
Pero ¿frágil?
¿Dices frágil?
Nunca paras, nunca paras.
Rompes cosas, moderadamente
te sientes mal un tiempo; si te despiezan
los labios,
los brazos-adminículos-topográficos-que-se
enganchan
en los labios del otro que siempre es un incrédulo
simplemente
lloriqueas
cinco minutos y te limpias.
Pero
decir distimia no la suprime,
decir océano no lo suprime.
(Berta García Faet)
No hay comentarios:
Publicar un comentario