miércoles, 29 de febrero de 2012

En el depósito de cadáveres hay un niño

Ya se marchó el ministro del Señor
-visita de cumplido-
y su hisopo lleno de rutina.
Tú creías que era una sonajero,
y quedaste muerto jugando con la lluvia.

El depósito de cadáveres es grande para ti. 
Y la negra mesa.
Y tu sombra.
Y el silencio de cemento húmedo.

Tú y yo nos entenderemos eternamente.

Llega hasta aquí una canción herida
que se cae y se levanta.
Viene del misterio de los remansos,
en el río, bajo los chopos,
donde las barcas atadas
vigilan las estrellas que quieren ahogarse.

La ciudad no sabe nada de estas cosas,
y en tu cuerpo aún ha quedado
una luz tenue que alumbra el depósito:
la muerte, que ha untado tus mejillas
de una cosa demasiado seria.
Pero en tus ojos aún existen
diminutos jardines encendidos
por los que jamás anduvieron tus pies,
tu pequeña sombra.

Estás conmigo,
con las manos cerradas, apretadas,
sin querer soltar ese trocito de silencio
que te llevas de este mundo.

(Luis Pimentel)

miércoles, 22 de febrero de 2012

Querida mía

Querida mía:

Las noches, sus bandadas
de cuervos y de sueños
aleteando negros y graznantes;
el infierno que es sordo, la locura
ocupando mi frente y la garganta;
las horas como hilos
de arena en un reloj inacabable,
y yo estoy dentro. 
Un agujero negro, la razón.
La marioneta de mi cuerpo;
el mundo inalcanzable,
tras un cristal blindado;
las palabras que surgen
como dentro del agua,
o las palabras que retumban;
el guiñapo que está 
flotando dentro de ese agua;
el aire que se vuelve
un cañonazo, sólido en el pecho;
y ese derrumbe incontrolado
que el esqueleto oculta. 
Este dolor sin sitio. 

Querida mía: 

Nunca nadie más bello y más ausente. 
Ahora sé
que durante toda mi vida
me ha acompañado el miedo
a que ya nunca más
estuvieras. 

(16 de abril de 2011)

(Inmaculada Moreno)

El dolor

¿Adónde nos levanta esta miseria?
Esta marginación ¿de qué nos salva?

Porque el dolor aísla: él defiende
los límites donde gobierna
con su desolación estéril

y ya todo es dolor,
todo es el rayo,
todo desolación y terremoto,
cuando esperas un crack
definitivo
y aún no llega.

(Inmaculada Moreno)

miércoles, 1 de febrero de 2012

El amigo

Llora cuanto quieras
sobre mi hombro,
desahógate,
cuenta conmigo
para lo que te haga falta.

Pero no te equivoques,
no soy mejor que él:

le envidio
cada una
de tus lágrimas.

(Karmelo C. Iribarren)

domingo, 1 de enero de 2012

Tierra de nadie

Y entre todos los días y sus noches,
y entre todas las vidas que aquí arrojan,
en esta habitación que no es de nadie,
sus sombras paralelas,
tu cuerpo de gacela apresurada:

Piel arriba la sangre remonta hasta tus labios,
te inundan las hogueras con su clamor de jungla,
desnúdate -me dices-, olvida las palabras,
y entre mis brazos huecos yo te siento temblar
como luna en el agua, contra mi pecho oscuro,
y me siento rozar el techo de los cielos,
tierra, fuego y ardor, cenizas que se yerguen, 
coronas mi cintura con aluvión de vértigo,
se desertiza el mundo en torno de esta cama
y mis manos se aferran a la vida en las tuyas,
una lluvia muy honda te riega noche adentro,
la carne se disuelve con su rumor de sombra
y un vasto corazón nos pertenece.

Esta escena transcurre por mi piel,
entre mis brazos huecos, contra mi pecho oscuro,
mientras tus manos vuelan muy lejos de las mías,
tumbado en esta cama,
en esta habitación que no es de nadie.

(Eduardo García)

Feliz 2012

Feliz 2012 a todos, no dejéis de ilusionaros

sábado, 31 de diciembre de 2011

Valores en alza

No sólo eres guapo,
fuerte y listo,
sino que además
de conciencia
ni una pizca.

Enhorabuena, 
amigo:
          este mundo
está hecho
a tu medida.

(Karmelo C. Iribarren)

jueves, 29 de diciembre de 2011

Lo difícil

Enamorarse es fácil.

Uno puede enamorarse 
-sin demasiado
esfuerzo-
varias veces al día, 
a nada
que se lo proponga 
y se mueva un poco por ahí,
y si es verano, 
ni te cuento.

Enamorarse no tiene
mayor mérito.
Lo realmente difícil
-no conozco
ningún caso-,
es salir entero
de una historia de amor.


(Karmelo C. Iribarren)

martes, 27 de diciembre de 2011

Tarde sobre negro

En octubre se van muriendo las tardes
arrastrando cadenas de cielo en gris.
No se columpian los zumbidos del aire.

En el patio hay avispas muertas.
Algunas agonizan, otras se mueven
obtusas, ya no saben volar.
Son frágiles cuerpecitos que otrora 
buscaron alimento, con boca voraz,
en el huerto voluptuoso de zumo y miel.

Tarde sobre negro.
A ráfagas llegan avisos de lluvia
y huyen las nubes tornasoladas.
Quietud antes del invierno.

(Nuria de la Arada)

En casa

Mi padre ha preparado esta noche mi mortaja,
la de un hombre joven con los ojos rojos,
envuelto en sábanas blancas,
el rostro y los pies al descubierto.
Mi padre, muerto, vela mi cuerpo.

(Nuria de la Arada)

lunes, 19 de diciembre de 2011

Final

Soy conducida por calles estrechas,
casas bajas de color miel.
En las azoteas veo hombres sentados,
son simios, mirándonos en silencio.

El camino de tierra se rompe tras un capitel
y dos columnas blancas.
La gente huye del autobús que derrapa
entre el vapor de humaredas.

Del maletín en mi maleta saco caramelos
que guardo en el bolsillo derecho.
El suelo quema.


Cuelgo unos zapatos a mi cuello.
No queda tiempo.
Solamente morir de pie.

(Nuria de la Arada)

domingo, 18 de diciembre de 2011

Entre los hombres

Me dignifican algunos ojos
entre los hombres.
Las bestias me ennoblecen
con sólo mirarlas.

(Nuria de la Arada)

lunes, 5 de diciembre de 2011

Huecos

Cuando estoy en su casa duermo solo.
No me he atrevido nunca a afrontar el pasillo
que velan los ronquidos frágiles de sus padres.

A veces, en la noche,
noto el hueco invisible que no ocupamos juntos.

Y entonces pienso siempre en el amor
que no hicimos en días
de intimidad pospuesta y acaso sin saberlo.

No en las húmedas noches ni en los prados borrosos
de calor ni en las playas soleadas:

en el vagón sin ella y en las tardes de clases
y en los libros leídos y olvidados
y en las peleas tontas y en esas dos semanas 
de necia calentura hasta que dijo sí.

Ah, las aguas paradas, el corazón inquieto.
Perder placer es triste y el deseo
irremplazable muere a cada instante
en un mundo de amantes silenciosos.

Pero por la mañana,
cuando se van sus padres -vermú dominical-,
ella viene a mi cama, soñolienta y desnuda.
Su ternura que es próspera llena un hueco en el mundo
y deja al corazón sin argumentos.

(José Luis Piquero)

Dos extraños

Cruzar cuatro palabras en un bar
y percibir al instante
que nada queda
de aquella vieja historia.
Que somos dos extraños, nada más.
Dos extraños
a los que la vida puso
en una esquina
el tiempo justo para engañarse un poco,
gozar también a veces,
e incluso prometerse irrealidades.
Dos extraños que esta noche se miran
con indiferencia,
o apenas si se miran.
Que tienen prisa,
ganas de despedirse,
de volver a su mundo.
Y que ya ni se molestan en fingir.

(Karmelo C. Iribarren)

viernes, 2 de diciembre de 2011

Historia de G.

"El amor es un miedo: una moneda,
un bien de cambio" -susurraba su voz
de borracho creíble, y sonriendo
añadía: "Cualquier amante es sólo
un chantajista".

Y en las noches aquellas, como extraños libertos,
dejábamos atrás mi trabajo y sus libros
para beber, beber.
                          Hicimos el amor
en calles y portales,
cuando hablábamos,
hablábamos los dos a cuchilladas.

De él sé decir que era un producto típico 
de su ciudad y de sus años: frío
y gregario. Su raza:
jóvenes ilustrados y poetas,
cansados de un dinero que no tienen
y una seguridad. Yo estaba sola,
iba de paso: una bala perdida. 
Él ya se castigaba -su costumbre-
haciendo daño a todos.

Tenía que dar con él.

Me dijo que las chicas como yo
tenemos el valor de una experiencia,
somos útiles. "Tú eres muy consciente
de estar representando el papel que te toca.
Pudiste estar con otro, ¿no es así?
Si eres lista puedes aprender algo,
pero recuerda siempre que yo te necesito".

¿Soy injusta? También me quiso un poco,
a su modo. Perdonó mis mentiras,
y no era culpa suya no saber del amor
sino lo que le habían enseñado
en su impreciso mundo de palabras a medias
y de fáciles gestos.
                                Admiraba
esa capacidad-para-encajar-los-golpes
que yo he llegado a ser,
ese estar siempre dispuesta.
Y me daba su tiempo a manos llenas.

Hoy sé perfectamente que me usó
para sembrar recelos en su grupo.
Yo le he visto humillar a alguien que le quería,
ignorarle y marcharse conmigo, y disfrutarlo.
O exhibirme como a una vaca sana
en su circo de locas, sin recato, triunfante.
                                                             Me empujó
en otros brazos, eso fue un pretexto
para nuevos reproches -"Puta, puta".

Cuando pude dejarle, 
tuvo el talento -y la complicidad de sus amigos-
para hacer de mí la única culpable.
"Nos ha engañado a todos" (y quizá
él tenía razón).

A menudo estoy sola y pienso en él,
ya sin rencor, pero escucho de nuevo
esa voz en mi oído, amable, lenta:
"Eres producto mío. Tú, ¿quién eres?
Un apellido y un trabajo triste
y unos padres lejanos. Sin talento
ni belleza, no eres inteligente...
No tienes perspectivas, bobita, saltarás
de un amante a otro amante. Como mucho
eres la novedad, tan sólo un coño. 
Yo te he querido siempre. Quédate.
Imagina que ahora te murieses:
el recuerdo romántico, tan frágil, de esos tontos
y quizá un mal poema -Aquella chica...-,
y nada más. Te quiero, no te marches,
qué voy a hacer sin ti, vuelve conmigo..."

Si alguna vez hemos sido inocentes
como mascotas, puros igual que las manzanas,
nosotros hemos visto pudrirse las manzanas.


(José Luis Piquero)


domingo, 27 de noviembre de 2011

Der, Die, Das

Tu torpe Ich komme aus salva la tarde
de un día atroz. Pronuncias 
encantadoramente 
mal todas las palabras. Te has dejado
el libro en casa y yo te lo agradezco 
sin decir nada. Llueve
tras el cristal oscuro que duplica
nuestras cabezas juntas. Soy feliz
y durante un instante son felices
la vida, los idiomas y las clases nocturnas,
la lluvia, las ventanas, los inviernos...

Mas, ¿qué será de mí mañana? Sigue
salvándome. No te marches a casa.
Durmamos en la Escuela. Yo te enseño
a pronunciar ich heiße y noch einmal.
De repente, una noche, nada importa.
Los gestos son los mismos tiernos gestos de siempre
y podemos jurarnos lo que quieras.

Pon tus ojos en mí, mira mis manos.
Repetiremos juntos un curso y luego otro.
Si es verdad que los hombres se mueren de sí mismos
yo no me moriré. Tú no te mueras.


Vamos a recorrer estos pasillos.
Nunca me dejes solo. No te vayas
a casa cuando el timbre suene y suene...

(José Luis Piquero)

sábado, 26 de noviembre de 2011

Eso era amor

Te veía
llegar, 
cruzar la puerta,
darme un besazo en el morro,
mirarme a los ojos
de esa manera única,
como sólo tú miras
a los ojos: rompiendo
el calendario.

                  Te veía
hacer esas cosas sencillas
que tú haces
para que el mundo
entre en razón;

y no sabía 
a quién
darle las gracias.

(Karmelo C. Iribarren)

viernes, 25 de noviembre de 2011

Noches a solas con los amigos de antes

Te juro que de noche vienen a verme todos
aquellos que he engañado a lo largo del tiempo.
Me miran con los ojos terribles de tristeza,
seguro que no saben que me alegro de verles.

Mis amigos y víctimas. No es tan malo en el fondo
estar aquí sentado recibiendo visitas.
Mis víctimas de cuándo y por qué. Si pudiera
yo les explicaría que no soy responsable.

Con la noche muy alta oigo lejos los trenes
y a menudo me pierdo en las luces del fondo.
Una ventana sola, con una luz muy triste,
me distrae un momento con preguntas absurdas.
Quién vela en ese cuarto y si vendrán a verle
fantasmas de los vivos que tratamos un día;
también éstos -me digo- le recordarán hechos
del pasado, secretos, graves conversaciones
de adolescentes, sombras de una tarde de sol
con adornos de fiesta y una banda tocando, 
o un café en una vieja cafetería del centro,
copas a medianoche, gente que dice cosas...

Darán otras versiones, cambiarán un detalle.

Él se esfuerza en hacerles comprender que no siempre
varios puntos de vista vienen a coincidir,
pero con un esfuerzo, de buena fe podríamos
situar el contexto y ponernos de acuerdo 
en lo más esencial.
                           Pero ellos me responden
que es demasiado tarde para pasar por alto
tantas malas jugadas como he hecho en mi vida,
las pequeñas traiciones, las infidelidades, 
y con razón me dicen que, si soy inocente,
por qué les dejo franco el paso de mi cuarto,
y preguntan si tengo la conciencia tranquila.

Y te juro que entonces ya no sé contestar
y aventuro tardías disculpas que no escuchan.
Empiezan a dar mueras para matarme poco
de esas muertes pequeñas que causan tanto daño,
y me quedo pequeño yo también y desnudo
y en mi rincón de siempre me abrazo a mis rodillas
sin encontrar tu mano para apretarla fuerte
mientras llueven los golpes, y te llamo, te llamo,
dónde estarás tú sola con tus propios fantasmas.

Algunas noches vienen a visitarme todas
las personas que he amado a lo largo del tiempo.
Ojalá que una noche me encontrasen dormido.
No querrían entonces que yo les visitase.

(José Luis Piquero)

jueves, 24 de noviembre de 2011

Género profesor (de Teoría Literaria-Lírica)

Nos enseñaba a odiar la poesía,
y estas fueron sus víctimas: tantísimos
tontos de facultad, muy licenciados
en cháchara semiótica.
   Los logros 
conseguidos (menos lectores, menos
competencia) aseguran el relevo
en la especie académica (o el pincho
de las 12 entre clase y seminario).

Suya no fue la culpa si le hicieron, 
en un rapto de olvido, indispensable.

(José Luis Piquero)

miércoles, 9 de noviembre de 2011

Para aquellos que, de vez en cuando, no pueden evitar recordar...

Como a veces
nos viene a la memoria
algo sin importancia
que dejamos
para el día siguiente
hace ya tiempo,

he recordado
viejo amor
cuánto te quise.

(Karmelo C. Iribarren)