viernes, 2 de diciembre de 2016

Inicios del invierno


Ya debe de estar cerca, 
por la facha destartalada 
de estos días
con más hambre de luz que de reposo
tiene un perseguido. Ha de verse
a lo lejos en montón, en manada que baja
a derrocharse a la ciudad,
la ciudad donde se escucha otro latido
que no es aquella bronca, 
aquel vértigo de aves que ni huyen
ni acaban de matarse con las tardes
de julio.
Ahora trae un fragor la madrugada
de ramas escocidas
por el viento en las que no nos conforta
ni la saliva ahorcada del rocío,
temblando entre sus nudos.

Y mira sin embargo con qué gozo
me incluyo en este manto lechal, en esta
limpia camisa luminosa. No cejo ya,
no cejo hasta que aprenda
que esta neblina es honda
sepultura, ciego
pozo del todo donde arrojar la vida, 
depositar los meses, 
vivir quieto
sin otro combate que respirar
una nieve que turba más que suena.
Parece que durmieran las pasiones
y que bajo las piedras
no se escondiese nada levantisco. Las aves,
las alimañas pardas han cruzado
a saber de otros modos más tibios de vivir
que esta pureza: les esperan
helados escondites, 
escondites de piedras olorosas, lejanas
oquedades en lo oscuro, perdidas
arquitecturas templadas donde el silencio
es música veloz, ardiente compostura
que sólo el paso de la lluvia calla, 
mientras aquí de nuevo
se previenen con prisa las miradas,
los cachorros,
los quicios crecen lentos a una voz
no sabida en los seres (más bien cosa de sombras
que de súbito abren en resplandor
lo que antes fueron cenizas volcadas),
los patios suenan mucho a agua que llega
y enfunda las paredes
de borrones helados como íntimas heridas
que en la noche rezuman;
y los niños, cuitados,
se alborozan del todo: "¡El invierno!
¡El invierno!",
y no saben que va a caer esta blancura 
encima de sus cuerpos,
como una blanca venda
que descubre un desgarro.

(Tomás Sánchez Santiago)

domingo, 13 de noviembre de 2016

Tu recuerdo,
empecinado pájaro que me despierta en la noche. 
Culebra que desova sobre el azúcar y el llanto.

No hay manzanas en el sacrificio
Ni joyeros de nácar girando en la ignorancia.

Sólo el regurgitar de la memoria, 
el acopio de años, 
tu madeja infinita, 
itinerante,
alrededor del corazón.

Qué se esconde al otro lado
de esa mujer que era mi madre
y enloquecía más con cada internamiento.

Tu ojo se entreabre con la insolencia de lo insomne,
de la vigilia ciega y la esperanza.

Tu ojo, madre,
eternamente abierto
como una gran pregunta.

Tu ojo centinela iluminándome, 
tus palabras formando un avispero
en mitad de la infancia. 

(Rosana Acquaroni)

jueves, 10 de noviembre de 2016

La muerte al otro lado de la cámara



Acodada en la barra o la terraza
me miro desde lejos como dicen
que se miran los que han estado muertos:
un fulgor en el vaso
me resume lo helado de los años.
Vértigo de un rodaje discontinuo,
fotogramas vacíos que huyen.
                           Eso sí,
gastó el maquillador tiempo y pericia.
Desde esta muerte actriz y fingidora,
la vida es un depósito en penumbra
de máscaras usadas hacia dentro.


(Aurora Luque)

domingo, 3 de julio de 2016

Una virgen llora en algún rincón del recuerdo;
se lleva de mi cuerpo los gorriones muertos
que mecía en las clavículas.

Al dejar atrás los campos de girasoles,
crece un cadáver azul en mis entrañas;
suicidas y amantes, lo nombramos tristeza.

(Silvia Abad Montoliú)

viernes, 1 de julio de 2016

Ruptura

Dije que la amaría siempre.
Ella me contestó:
¿Y ahora?

Un segundo de duda.
Y luego el estupor 
de quedarme mirando

la sombra de los árboles
quebrada ante sus pasos
que lentos me alejaban.

(Antonio Manilla)

domingo, 19 de junio de 2016

Final del cuento



Te transformé en un príncipe. Ni tú
te lo creías. Asombrado mirabas 
tu rostro en el espejo,
tus cabellos de seda, 
la mandíbula fuerte,
la elegancia del cuello.
Feliz y satisfecha, coloqué 
la varita en su caja.
Y fuimos muy felices. Bien es cierto
que seguiste croando
al pasar por las charcas. 

(Irene Sánchez Carrón)

jueves, 16 de junio de 2016

Como una inundación

       




                                                                 Hoy buscarás en vano... 
                                                                                  (Antonio Machado)

Hoy buscarás en vano
a tu dolor consuelo.

(De pronto has recordado
aquellos magos versos
y adviertes que han venido como llega un desastre;
excavando en el pecho,
excavando en el alma
para acostarse sobre el agujero.)

Hoy buscarás en vano
a tu dolor consuelo.

(Palabras que se acercan a tus calamidades
y con piedad sombría las cubren de silencio;
palabras que te cantan una nana muy quieta, 
palabras que te suben el embozo hasta el cuello;
palabras que te invitan a dormir las dos sienes
y mamar, como un niño, de la teta del sueño.)

Hoy buscarás en vano
a tu dolor consuelo.

(Te ha rodeado la vida,
o la muerte, o el tiempo
como una inundación o como un terremoto,
como una asfixia vasta o como un vasto ejército,
como una oscura cárcel,
como un oscuro invierno;
y estás inerme, estás perdido, estás sumado;
encanecido; viejo.)

Hoy buscarás en vano
a tu dolor consuelo.

(Te queda la vergüenza de saber que te quieren,
que algunos seres raros, fraternales y tercos
miran tu calavera con ilusión y alarma;
las cuencas de tus ojos, con paciencia y con miedo.
Miran a tu vivir como mira un disparo.
-Te hiere ya el amor como te hiere el tiempo-.

Pero estás rodeado de anochecer y nieve,
todos tus poros sorben el frío del universo,
ya el labio inferior tienes sumergido en la nada,
ya el olvido se acerca descomunal y lento
como una densa niebla
o un megaterio ciego.)

Hoy buscarás en vano
a tu dolor consuelo.

(Nada les das a quienes te miran sin pedirte,
nada les puedes dar más que vejez y sueño.
Hoy buscarás en vano consuelo a tu dolor
y a tu vergüenza. Hoy tienes cerrado ya el silencio,
con una suave angustia deambulando por fuera, 
con una angustia horrible deambulando por dentro.)

(Félix Grande)

lunes, 13 de junio de 2016

Los insectos son los besos del sol

Yo, que arriesgando mi propia vida
salvé insectos diminutos de morir ahogados

capaz de escuchar el temblor de sus antenas
bajo mi seco aliento

capaz de insuflar vida
capaz de detener la lluvia
con sólo desearlo

capaz de hacer girar el sol
alrededor de tu boca
porque tu boca
siempre será el centro del universo

yo, que tenía superpoderes
que era inmortal y lo sabía
ahora no sé nada

ha llegado junio
y no sé nada

(Isabel Bono)

miércoles, 18 de noviembre de 2015

La jaula

Afuera hay sol.
No es más que un sol
pero los hombres lo miran
y después cantan.

Yo no sé del sol.
Yo sé la melodía del ángel
y el sermón caliente
del último viento.
Sé gritar hasta el alba
cuando la muerte se posa desnuda
en mi sombra.

Yo lloro debajo de mi nombre.
Yo agito pañuelos en la noche
y barcos sedientos de realidad
bailan conmigo.
Yo oculto clavos
para escarnecer a mis sueños enfermos.

Afuera hay sol.
Yo me visto de cenizas.

(Alejandra Pizarnik)

viernes, 13 de noviembre de 2015

señor, ¿qué jaula?

Señor, la jaula se ha vuelto pájaro. Qué haré con el miedo.
Alejandra Pizarnik                               

       Tengo una habitación con vistas a la misma habitación. Cada vez que la desordeno encuentro algo. Todas las cosas que aparecen siempre habían estado allí.

¿Cuántos años de mala suerte trae un espejo que ya estaba roto cuando llegué?

Cada vez que la desordeno tiro todo lo que creo no saber cuál es su lugar.
Cuando quiero guardar algo y no encuentro espacio, duermo todas las horas que hagan falta para estirarme lo suficiente por la mañana; pero nunca es suficiente. Y siempre despierto estirándome y rodeada de cosas sin guardar.
Estoy llena y los mortales presumen de vacío.

Estaba escribiendo "saturación existencial" en un cuaderno cuando dejó de sonar el teléfono.
Siempre cojo los números ocultos porque nada me parece más inteligente que esconder una cifra. Sé que eres tú.
El silencio es tan absoluto...

Te he dicho sí tantas veces...
-¿Sí?
-¿Sí?
-¿Sí...?

Al tercero siempre me cuelgas. Por eso también he tirado todas las banquetas.
No quiero morir observada, pero nunca se rompe del todo el espejo.
Allí, un montón de yos apuñalan a la enferma confundiendo a ésta con la enfermedad; mientras la enferma, cada vez más pequeña, desaparece. Y un montón de yos se apuñalan.

Por la ventana de mi habitación veo mi habitación. Los mismos cuadros para evitar el círculo, los mismos libros. Sólo quise leer cien años que no fueran de soledad.
El poema número veinte se escribió mucho después que los versos más tristes y eso que todavía están por escribir.
Alguien está haciendo una canción feliz, desesperada. Los muertos están donde tengo que estar y si es orden no puede ser correcto.

Soy un 60% hielo,
el resto de mi cuerpo: un barco.

Alejandra, la jaula siempre fue un pájaro que enterraste vivo.

Yo me quedaré con el miedo.

(Irene X)

                                    

jueves, 21 de mayo de 2015

Pausa

Este blog permanecerá en "Stand-by" por preparación de oposiciones. 
Un saludo

lunes, 20 de abril de 2015

Día de limpieza

De qué sirve que limpie el polvo
de las estanterías.
De qué sirve recoger las pelusas
de los rincones.
Para qué sacudir las sábanas
barrer bajo la cama
pasar la aspiradora.

Hay un polvo que viene de afuera
que la ciudad expulsa con sus toses.
Y hay otro desprendiéndose de mí
que cae como terrones de barro
cada vez que abro el puño
y suelto una certeza.

(Ana Pérez Cañamares)

lunes, 23 de febrero de 2015

Cuarto de la costura 42

-Casi primavera-

Así, sin tapujos, dime: ¿cuánto tiempo de vida me quedas?
¿tú quién te has mentido que eres para creerme a mí?
He pasado la noche comiendo pipas por si mañana apareces
para decirme que me saben los labios a arrecife desde el desierto.

Me invade una curiosidad en serie
y de tu pelo nacen gatos cazando mariposas
quiero ser el cuervo que te bese los párpados antes de dormir
mientras no finges tranquilidad.

Sólo Dios sabe, pero yo intuyo
que en otra vida fui dos mujeres
y tuve que matar a esa parte de mí
a la que le dijiste te quiero
antes de volver a decírmelo.

No soy celosa, soy empática.

Y así,
empática perdida,
pienso en quién necesita un motivo
cuando se tienen dos hoyuelos,
el cuarto de costura de las heridas,
la innecesidad de saber qué vomitan hoy en la tele
y el mando de los estados de ánimo esperándome en el sofá.

Tú ganas
vas en contra del resto,
pero juegas conmigo.

Hazme daño,
"la poesía no será televisada"

(Irene X)

martes, 10 de febrero de 2015

Madre

Corta la madre el cordón umbilical,
mas no renuncia al vínculo.
Te empuja a la otredad
pero desesperadamente bebe en tu vida
pues en ella
terrible
y mutilada
su entraña
aún palpita.
¡Qué deuda irreparable la del hijo!

Y sin embargo, a veces, al pasar
la página del libro de los días,
se rasga, fiera, el vientre,
y te envuelve una vez más en su carne
para que no te pierdas,
para que no te mueras
solo,
como un náufrago abandonado al pánico
en el inmenso océano.


(Clara Janés)

viernes, 6 de febrero de 2015

tres mil latidos y doscientos litros de sangre

Si pudiera multiplicarme
pasearía contigo
dándote las dos manos.

Quiero decir,
si pudiera ser dos yo,
yo dos veces
-entiéndeme-
un alma repetida
como el rizo que se enreda entre dos dedos
y pareciera un meñique
o los labios
que abrieran paso a una lengua
que precediera a un beso
que se duplicara buscando la eternidad,
colonizaría tu hoy y tu mañana,
te esperaría donde estarías
y donde querrías estar,
te extrañaría
viendo cómo tus besos crean goteras en mis pestañas
y al mismo tiempo te dibujaría labios
llenos de saliva
en el centro de tu dedo corazón.

Si pudiera redoblarme
nos observaría desde fuera
como quien mira a los ojos de la muerte
con envidia.

Si pudiera estar aquí y allí
estaría en ti y en ti,
prendería fuego a Troya
mientras te regalo París,
te miraría dormir
y al mismo tiempo soñaría contigo.

Ya sabes a lo que me refiero,
si pudiera engañar a las coordenadas
crearía un mapa donde solo cupieran
tus dedos de los pies
y esta necesidad mía de seguirte a todas partes.

Si pudiera ser la misma en dos mitades,
amor,
te vestiría con el mismo nerviosismo
con el que me dejas desnudarte,
limaría mis errores
para que el tropiezo fuera suave
y sería a la vez precipicio e impulso
de todos tus miedos.

Si pudiera,
mi amor,
convertiría todo lo que ahora es singular
en plural.

Pero no puedo,
así que has de conformarte
con lo único que puedo hacer:
quererte
-no el doble, ni por dos, ni al cuadrado,
sino con la fuerza de un ejército 
de tres mil latidos y doscientos litros de sangre
que queriéndote dar más de lo que tiene
te da todo lo que es-.

(Elvira Sastre)

jueves, 5 de febrero de 2015

-Casi nieve-


Ojalá eso aquí.
Aquí casinieva.
Y las terrazas bonitas parecen neveras cubiertas de escarcha
repletas de mí
Mi medio limón está podrido y solo.
No me envidia.
Ella lo llama "Laponias ficticias"
pero el frío es tan cierto
que no podría tocarla con los dedos.

Es bonito ese lugar.
Ojalá estuviese aquí otro.
Aquí casiduele
Aquí casi todo son limpialágrimas en los cristales
Tu nombre en las lunas de los coches rojos parece mi sangre
Y en el cielo ninguna se atreve a quedarse esta noche
Aquí casi nunca se preludian unicornios o
se proclaman ganadores,
Aquí casi siempre desafina victoria
y ni paz
ni Gloria
ni yo
usamos nuestros verdaderos nombres.

Aquí las estaciones
son bolas de helado en mis manos quemadas
que pegajosas,
dejan soñar a los insectos que sobrevivieron al fuego.
Aquí casi 24 horas
jugando con hielo
metiéndome en el saco,
de aquel hombre sucio
que asusta a las niñas buenas que no pueden dormir.

Aquí casi desaparezco
en una fotografía en blanco y blanco.
Muestro una sonrisa humillada,
tan desconocida de mis conocidos
que parezco casifeliz
aquí casi triste.

Aquí casi siempre
El tesoro te señala a ti en el mapa
Las monedas salen de la fuente a pedirte un deseo
Y yo me quedo con las ganas.

Ojalá un sólo aleteo de tus pestañas allí
provoque un huracán a este lado del mundo
y no te dé tiempo a darme la vuelta en ochenta noches.

Ojalá eso aquí
aquí casinieva,
aquí casi nada.


(Irene X)


domingo, 1 de febrero de 2015

Impuntualidad

Habíamos quedado a las dos
de todos los días del año
en el que no apareciste.

Tú siempre tan puntual
en algún lugar del mundo
en el que yo ya no te espero 

(Irene X)

miércoles, 14 de enero de 2015

Sobre la competencia

Cuanto más alto llegas
mayor es la presión.

Quienes consiguen
soportarla
aprenden
que la distancia
entre la
cumbre y el
fondo
es
obscenamente 
grande.

Y quienes
triunfan
conocen
el secreto:
que no hay
ninguno.

(Charles Bukowski)

lunes, 12 de enero de 2015

La capa de todos los superhéroes

Hagamos un trato:
tú levántate de la cama
como si quisieras salir antes que el sol
y yo haré como que no miro
mientras decides
qué color combina hoy más con tu sonrisa.

Despéinate,
mientras yo me froto el sueño de los ojos
solo para ver si sigues ahí
o te has quedado en mi insomnio,
y déjame decirte
que eres la chica más guapa que he visto hoy
-sí, el día acaba de empezar
y ya sé que serás la más bonita-.

Levántate
cinco minutos antes
solo para tumbarte conmigo diez minutos más,
murmura que llegas tarde a trabajar
sin soltar mi mano,
bésame
como si acabaras de verme
y déjame besarte
como si fueras mi desayuno,
que algo tengo que hacer
con este hambre de sueños
y de ti
con el que me levanto
cuando duermo contigo.

Haz la cama conmigo dentro
y vuélveme a decir eso
de que durmiendo conmigo
aprendiste a soñar.

Déjame
darte los buenos días
metiéndote mano antes de irte
para que lluevas
y pueda salir el arcoíris
-por si no te lo había dicho nunca:
los días son preciosos
cuando los pintan tus piernas-.

Escríbeme 
nada más irte,
échame de menos
y llena la carretera de suspiros, 
déjame un mensaje
en el espejo del baño
y dime que vas a volver
porque tienes que terminar
todos los besos a medias
que se han quedado en mi boca.

Y por favor,
sonrójate,
nunca dejes de hacerlo,
que tus mejillas dan color al precipicio gris que nos espera
al borde de la cama,
y vienes siendo necesaria
para sobrevivir:
ya lo sabes,
debajo de tu uniforme del trabajo,
en algún lugar entre el tacto de tu camisa
y la piel que te envuelve,
escondes la capa
de todos los superhéroes

(Elvira Sastre)

A la espalda

Sigues teniendo la misma mirada
que tienen
los que lloran a escondidas
y a gritos.

Tu rostro es
un trozo de pena arrancado
de algún domingo, 
un cúmulo de ruidos
que sólo son silencio,
una senda de cicatrices
que empiezan en tus manos
y se agrandan en tus aristas,
que son tantas como bemoles
colman tu vida.

Sé que te sigues acordando de mí
las tardes de otoño,
que se te empequeñece el corazón 
cuando llueve
porque has olvidado 
cómo te ardió el pecho
cuando te cogí con mis dos manos
y te hiciste un ovillo herido,
que miras al suelo
cuando caminas
porque ahora prefieres pisar el presente
y dejar de vislumbrar futuros.

También sé
que sigues guardando secretos
para quien venga
-guárdate bien,
sigues siendo el mejor que tengo-.
Que tu felicidad consiste en el descanso
y que sólo bailas cuando estás despeinada.
Que encuentras placer
al lamerte las heridas,
que te cuesta decir adiós para siempre
porque en tu espalda está toda tu historia.

Claro que lo sé, 
amor.

Me bastó mirarte una vez
a través de todos tus cortes, 
de tus excusas y de tus huidas,
de la velocidad de tu acento,
de tus palabras puestas porque sí,
de las frases escritas a media voz,
de los mensajes a destiempo,
de tus ojos rearmados hasta los dientes.

Me bastó mirarte una vez,
la primera,
para llevarme toda tu tristeza a mis ojos
y no poder mirarte de otro modo,
y no poder ser de otra manera,
y que no pudieras ser de otra forma.

Pero yo te quise así
y tú quisiste que te quisiera así.

Eres mi tristeza más pesada,
una losa de pena a la espalda.

Pero en ocasiones, 
amor, 
a veces,
me recuerdo feliz a tu lado,
te rememoro feliz a mi lado.

Y entonces lo entiendo todo.


(Elvira Sastre)