No pude abrir los ojos.
Sentí el ligero roce de una mano sobre mi brazo derecho, y una voz que me susurraba:
¿Quieres ver el trigo ardiendo
mientras la voz de la tarde derriba las montañas?
Abrí la boca para negarme, me agité en el suelo,
todo fue inútil: Había decidido por mí.
2 comentarios:
Hola Drenched:
qué bien que hayas vuelto a escribir, se te echaba de menos.
Un abrazo
Quién decide el destino del azar.
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